La doble tirolina urbana de Cuenca ya es una realidad. Este viernes 27 de enero estará abierta al público, después de varios años en los que su impulsor Cristian Fernández, ha peleado para que se pudiera instalar. Una actividad diferente para soltar toda la adrenalina del cuerpo con toda la seguridad del mundo.
La primera vez que se habló de esta tirolina parecía irreal, tanto por sus datos (445 metros en los que unir el Barrio del Castillo con el camino de la Zarza, salvando la hoz del Huécar) como por su posibilidad (¿una tirolina cruzando una de las estampas más fotografiadas e icónicas de la ciudad?). Después se pudo ver en FITUR una simulación, pero seguía pareciendo algo lejano, un proyecto más de los tantos que se anuncian que terminan por no llevarse a buen puerto. Pero el tesón de Cristian Fernández y los suyos está hecho de otra pasta y, por fin, ese sueño que se inició tras subirse a una tirolina en los Pirineos se ha podido realizar en Cuenca.

La primera intención era montar la tirolina en las lagunas de Cañada del Hoyo (atravesar la Laguna de Tejo, concretamente), además de una pequeña vía ferrata (una especie de parque temático). Sin embargo, al tratarse de una zona restringida por ser parque natural y rechazar la idea desde Medio Ambiente. Lejos de desilusionarse, entonces surgió la posibilidad de hacerlo en pleno Casco Antiguo. Todos los estudios previos que hicieron para esa tirolina en Cañada del Hoyo sirvieron para adquirir experiencia y saber qué pasos y requerimientos necesitaban para montar esta instalación en Cuenca. Y aquí está. Unos 30 segundos en los que llegamos a estar a 120 metros de altura y con una velocidad aproximada de unos 70 kilómetros por hora.
Eldeporteconquense.es ya la ha probado
Un día antes de su apertura, este jueves 26 de enero, miembros de los medios de comunicación (incluyendo dos redactores de Eldeporteconquense.es) han podido disfrutar del salto y comprobar in situ su funcionamiento. Esta tirolina ha creado nueve puestos de trabajo (se distribuyen entre la furgoneta que hace las labores de oficina, los que informan de cómo es la actividad, colocan los arneses, los que terminan de ultimar los detalles en la plataforma de salida, más los que esperan en la plataforma de llegada).

La experiencia solo se puede calificar de manera muy positiva. Puede que haya personas que utilicen el vértigo como excusa para no probarla, pero quien suscribe este artículo (y no, no es un artículo patrocinado) también padece del mismo y en ningún momento he sentido ese mareo tan característico. Simplemente, es una actividad en la que hay que dejarse llevar, nunca mejor dicho, tanto por la amabilidad y cercanía de los trabajadores (quienes fueron los primeros conejillos de indias para probarla) como al soltarse por la tirolina. Un consejo, no miren hacia abajo, disfruten del vuelo y no teman a la llegada, puesto que un sistema de frenado ABS detiene a los viajeros a tiempo.
La frecuencia de saltos, en principio, será cada cinco minutos, lo que supone una media de doce saltos dobles (24 personas) a la hora.




































































