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Muerte prematura

Petrovic
Petrovic

Nueva entrega del jugador de Globalcaja C.B. Cuenca, Miguel Ortega

¿Quien, maldita sea, no recuerda a Drazen Petrovic? ¿Quién? Cibona, Madrid, Trail Blazers y New Jersey Nets. Primo Segundo de Dejan Bodiroga. Bueno, perdón. Dejan Bodiroga, primo segundo de Drazen Petrovic. Y su carrera deportiva, que acabó antes de tiempo por un accidente de tráfico en las carreteras de Baviera, con la niebla como bandera de todos sus caminos… Varios amantes del baloncesto reconocidos a nivel internacional declararon en aquella época que, de haber vivido lo que debía de vivir, habría sido el mejor jugador de la historia de baloncesto. Entre ellos, Michael Jordan y Clyde Drexler. Hoy, 22 de octubre, debería cumplir 50 años.

Y nosotros, de no haber bajado los brazos antes de tiempo, de haber luchado hasta el último segundo, de habérnoslo creído, tampoco habríamos firmado una historia harto decepcionante para Cuenca… Quizá no habríamos ganado, pero podríamos haberlo intentado y sellar otro resultado infinitamente menos abultado.

No obstante, entiendo que perdiendo por 3 a falta de dos minutos y medio del tercer cuarto, se te quiten las ganas de seguir cuando, terminado el cuarto, pierdes de doce porque te han cosido a triples. Ahí está la respuesta, en dos minutos y medio.

El partido empezó mal –para variar en nosotros- con un 10-0 que obligaba a Mosto a pedir un tiempo muerto; y qué bueno, pues el 12-10 fue fantástico. No recuerdo cómo acabó el cuarto, pero no perderíamos por más de 6. E igual en el segundo cuarto. Ellos estaban muy crecidos, entre otras cosas porque jugaban en casa, pero no se despegaron en todo el partido de una forma muy abundante. Desde la grada no pareció en ningún momento que el partido estuviese decantado del lado rodense. Hasta que llegaron los dos minutos y medio de final del tercer cuarto. Hasta luego, Lucas.

El último cuarto fue un correcalles donde nosotros perdíamos balones fruto de la desconcentración, y La Roda se hinchaba a canastas aprovechándose de nuestras horas bajas. Se instauró el miedo en nuestras miradas y no pudimos convencernos de que sí, que era posible. Así que el número 13 de la Roda (Blasco, si no me equivoco, aunque no pongo la mano en el fuego y pongo mejor su dorsal) nos hizo un traje a base de triples, y el resto de verdones no paraban de correr contraataques hasta que, definitivamente, parecía –y era- imposible.

Una pena… Albert lesionado y nosotros cerca en el marcador. Parecía cercano. Si no hubiéramos muerto tan pronto… quizá no seríamos, posiblemente el mejor equipo de baloncesto de la historia, como se pretendía de manera individual con Petrovic. Pero sí que habría sido otro el resultado. Al menos uno más vistoso a nuestros ojos. Al menos un duelo constante entre el 3 croata y el 23 norteamericano. Al menos.

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