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La Catedral de Cuenca Sienta Cátedra

Carmen Pérez García, Vicepresidenta de ICOMOS España

Desde sus orígenes las Catedrales han servido para impartir cátedra sobre teología, Evangelios y doctrina cristiana, tanto a los fieles, cómo a los Canónigos y sacerdotes que componen el Cabildo catedralicio.

En este orden de cosas, la Catedral de Cuenca es muy especial, tanto en su concepción como en su funcionamiento a través de los siglos. Sus orígenes son remotos, y en ellos se implican Alfonso VIII y su mujer Isabel Plantagenet, así como sus primeros obispos entre los que destaca San Julián, y a lo largo de su dilatada historia han trabajado para ella, los artistas más importantes de cada periodo histórico.

Como muestra inequívoca de esta aseveración, podemos hablar de cómo el renacimiento llega a nuestra Catedral de la forma más novedosa y transgresora del primer y mejor renacimiento con el Arco de Jamete, que marca un hito en la irrupción renacentista en nuestro país. Pero Cuenca es por una parte valiente y pionera, pero también discreta y no ha hecho demasiada fuerza en difundir sus logros.

Lo mismo pasa con las obras que pinta en Cuenca Yañez de la Almedina, que sin duda pueden competir con las que este autor realiza para la Catedral de Valencia. O la obras que pinta Matarana en la capilla del Espíritu Santo que pueden competir en calidad con las del Colegio del Patriarca en Valencia o con las de Santa María de Huerta.

Y tantas y tantas obras de arte impresionantes y únicas que adornan esta singular Catedral.
También singulares y de algún modo transgresoras son sus vitrales. Cuando ya con la perspectiva que dan los años transcurridos recordamos que fue Monseñor Guerra Campos que no se le tenía como aperturista precisamente, pero que supo comprender que Cuenca y su Catedral eran diferentes, autorizó que en vez de realizar falsos históricos los cartones los realizarán autores tan relevantes del museo de arte abstracto como Gustavo Torner y Bonifacio entre otros y que las materializara el maestro vidriero Henri Déchanet.

Esto nos hace comprender que la Catedral de Cuenca y sus dirigentes han sido vanguardistas porque en otra catedral y en otra ciudad esto hubiera sido impensable, pero en Cuenca fue posible.

Igual que dos pintores de la talla de Fernando Zobel y Gustavo Torner fueron capaces de entusiasmar a un alcalde inteligente en plena dictadura para cederles las Casas Colgadas como sede del Museo de Arte Abstracto, que en su momento constituyó un hito en nuestro país y por el que Cuenca se posicionó en el mundo entero como vanguardia artística.

Y hoy en el siglo XXI la Catedral y Cuenca otra vez se convierte en pionera y defensora de la libre expresión de los artistas a través de una magnífica exposición de Ai Weiwei, que lucha por la libre expresión como valor esencial de los artistas. Tema que le ha valido una detención, con la amargura de su cautiverio El artista nos dice «Debo respetar mi vida y para ello la libertad de expresión que forma parte de mi mundo y es imposible silenciar».

La exposición es un canto a la libertad que sin duda se consigue a través de mostrar la opresión salvaje a que sometieron al artista, en esa cárcel oculta de un país que otrora fue muy culto y cuna de grandes artistas y de logros tan importantes como el papel, la seda entre otros, pero que hoy es capaz de aberraciones como encarcelar y torturar a los artistas que denuncian corrupción a través de sus obras de arte.

Nos encontramos en una muestra que es sobrecogedora, opresiva en momentos, pero con una forma libre y muy personal de contarnos una parte de su existencia en la que los políticos intentan quitarle su libertad y que el manipula su cautiverio para mostrarnos que por mucha cárcel y celdas de vigilancia a que le someten aún en los momentos más íntimos del ser humano, él se siente libre de pensamiento y de crear sus obras de arte, y nos lo trasmite de forma descarnada para que seamos conscientes que en el siglo de las comunicaciones, de los viajes espaciales de navegar en las ondas hay creadores que al igual que a Jamete lo denunciaron y se vio inmerso en un proceso de la Inquisición.

Otra forma inquisitorial ha querido sin conseguirlo cegar la libre creación y la denuncia de Ai Weiwei.
Por otra parte es de agradecer el cuidado y el respeto con que se ha tratado al continente de la exposición, ósea a la catedral, que luce esplendorosa y me atrevería a decir orgullosa de ser el contenedor de esta muestra. Nada se ve afectado, ni un solo muro ha sido dañado, es más, con este montaje, se pueden descubrir rincones inéditos de la Catedral, podemos descubrir los secretos de los Ángeles del triforio porque por primera vez estamos cerca de ellos podemos contemplar la nave central a vuelo de pájaro todo realizado de forma respetuosa.

Nadie de los que se sientan motivados por el arte y por la libertad debería perderse esta muestra.
Quisiera agradecer a Ai Weiwei como artista, a Fernando Galindo y Carlos Aranzo como comisarios, Miguel Ángel Albares como director de la Catedral, a los artistas informalistas del Museo Abstracto de Cuenca y a la LISSON GALLERY de Londres que hayan hecho posible esta magna exposición y por supuesto al Deán y al Cabildo por apoyarla, así como al Obispo de Cuenca.

Carmen Pérez García
Vicepresidenta de ICOMOS España

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