El surf puede ser más que un deporte

El surf puede ser más que un deporte

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En el año 2016, en España había 30.555 licencias federadas de surf, según el Anuario de Estadísticas Deportivas 2017. En Castilla-La Mancha había 43, superando a Castilla-León con 2, a Extremadura con 4 y a Aragón con 6, y muy lejos de Canarias que lidera con 7.446 licencias. Está claro que es más fácil llegar a ser surfista si tienes el mar a 2 kilómetros que si lo tienes a 3 horas en coche.

Si pensamos en surf, probablemente las primeras imágenes que nos vengan a la cabeza sean, hombres rubios con cuerpos esculturales que buscan las mejores olas en lugares remotos del mundo. Sin embargo, también a mujeres y hombres morenos, con cuerpos ágiles, y que su pasión es lanzarse al mar para disfrutar de él e intentar respetarlo al máximo porque saben lo importante de este ecosistema.

Este primer fin de semana de agosto he estado en el Festival de Salinas Surf, Music & Friends en Asturias. Y he tenido la oportunidad de conocer otras experiencias del surf que ignoraba. Este encuentro que se celebra por séptima vez consecutiva es “un punto de encuentro de personas que buscan disfrutar del buen ambiente, el deporte, la cultura surf y el respeto de los océanos”, como presenta su web. Pero yo me voy a quedar en los dos últimos puntos, que hasta ahora desconocía. En una de las actividades, el Aula del mar, he podido conocer un proyecto que me han impactado: SurfNatureAlliance.org . Y me ha impactado por el compromiso de sostenibilidad que los surfistas desprenden y por las cosmovisiones que se pueden llegar a abrir desde la cultura del surf.

Esta organización trabaja para frenar la degradación de los mares, que es un patrimonio natural y un recurso local que está amenazado, y en muchas comunidades supone un elemento de identidad cultural y económica. Tienen un documento, traducido a varios idiomas: “Manifiesto para la Protección de las Olas”, que surge como respuesta a la extinción o amenaza constante de olas épicas a lo largo de los últimos años. Y donde se recogen valores, principios e ideas para proteger la biodiversidad y este patrimonio.

La ola que más nos puede sonar en España es la de Mundaka. Esta ola está considerada como una de las mejores izquierdas del mundo, con una longitud que puede alcanzar los 400 metros de largo y 4 metros de altura, que se forma con vientos del sur-suoreste en otoño. De hecho entre el año 1999 y el 2008 fue prueba puntuable para el ASP World Tour (Campeonato Mundial de Surf). Sin embargo, la extracción de arena de la ría de Hugo provocó en el año 2003 el cambio en la morfología de la costa que modificó la ola, y acabó alejando la prueba mundial de allí. A pesar de ello, los procesos naturales han rehabilitado la ola, y en la actualidad, la protección de Mundaka dentro de la Reserva de la Biosfera de Urdabai, le confiere un estatus de protección que permite preservar este patrimonio natural.

No solo la urbanización descontrolada de rompeolas, diques o instalaciones de energías marinas sino también la contaminación y los residuos que llegan al agua están cambiando el mar, y es por esta razón por la que es necesario conservar las olas como patrimonio natural y recurso deportivo, socioeconómico y cultural. También he descubierto que hay profesores en la universidad que investigan sobre la cultura del surf: las Blue Humanities (Humanidades Azules) o los Surf Studies, donde se exploran los discursos del mar y los océanos en la literatura, el cine o el arte, mucho más allá de los estudios ecológicos o medioambientalistas.

Y todo esto ha sido una parte de las muchas actividades (yoga, películas, talleres, comidas, conciertos, debates, exposiciones, proyectos solidarios y las competiciones deportivas), que se han desarrollado en estos cuatro días de intenso sol, junto al mar y en un ambiente lúdico festivo de tablas de surf y surfistas. Estas actividades demuestran como la cultura y el deporte van de la mano, y que el surf puede ser más que un deporte.

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