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Hombres lobo

Soy un hombre. No sé si por suerte o por desgracia. No sé si tengo que pedir perdón a todas las mujeres, pero sí sé que tengo que pedirles permiso. Sé que puedo salir a correr por gusto y no por miedo. Sé que puedo llevar los pantalones a la altura de la rodilla y que nadie piense que voy pidiendo guerra. Por eso puedo vivir en paz. Por eso puedo vivir.

Sé lo que es el respeto, sé lo que es la educación. Pero otros no saben. Otros, apenas un poco más evolucionados que las bestias solo por el hecho de andar erguidos sobre las dos patas traseras, creen poder disponer a su antojo del cuerpo y la vida de otras personas. Se escudan en sus instintos primarios para justificar el papel secundario de sus cerebros en el proceso cognitivo. No es cosa de hombres, ni de mujeres, ni siquiera de humanos. Es una cuestión de psicopatía endémica de una sociedad todavía con tintes misóginos que está llevando a que muchos y muchas caigan en la misantropía.

La guerra total entre géneros que provoca aversión entre hombres y mujeres. Unos atacan, otros defienden. Todos perdemos. Perdemos mujeres asesinadas por hombres. Perdemos integridad, seguridad, igualdad, justicia… Perdemos a Laura Luelmo y a Laura del Hoyo y a Marina Okarynska y a tantas y tantas más.

Soy un hombre y no me ofendo. No me doy por aludido cuando se grita contra los monstruos. Porque creo que todos somos partícipes involuntarios de su creación al no trabajarse sobre las causas y solo lamentándonos cuando ya no hay solución al problema. No se educa para erradicar la monstruosidad sino para defenderse de ella. No se enseña a los lobos a no correr detrás de Caperucita sino a esta a huir cuando huele el peligro. Esto extiende la creencia implícita de que ha de haber cazadores vigilantes y dos especies diferentes, una acechante y otra indefensa. Supone una presunción de desigualdad manifiesta en la que las mujeres han de estar prevenidas y los hombres tan tranquilos.

Soy un hombre avergonzado por la barbarie humana. Por la licantropía programada en una sociedad de lobos. Y no. No es cuestión de plantearse medidas a posteriori como cadenas perpetuas o penas de muerte, sino de actuar sobre la base. Educación, concienciación y valores. Ni más, ni menos. Ni más mujeres asesinadas, ni menos mujeres saliendo tranquilas por las calles. Menos lobos. Que no se repita el cuento de siempre.

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