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Nace la Superliga Europea, muere la esencia deportiva

Ya solo con el titular se entiende cuál es la postura que servidor tiene acerca del anuncio que ha puesto ‘patas arriba’ el fútbol europeo. Se llevaba barruntando varios meses, incluso años, acerca de la creación de esta Superliga Europea que pretende reunir a «los mejores clubes, los mejores jugadores. Cada semana», eslogan que han utilizado finalmente una vez que ha salido a la luz un comunicado firmado por los doce equipos fundadores. Puede que ver un PSG-Real Madrid, un FC Barcelona-Manchester United o un Juventus-Atlético de Madrid suene muy atractivo, pero cuando se convierte en rutina deja de ser llamativo para convertirse en aburrido.

Al margen de que, a título personal, ni siquiera están los mejores equipos o más representativos (¿solo existen equipos importantes en España, Italia, Francia e Inglaterra?), el nacimiento de esta Superliga Europea tiene una consecuencia muy clara: muere la esencia deportiva. ¿Por qué? Básicamente, porque se ha transformado este deporte en un negocio y los clubes firmantes, como empresas privadas que buscan lucrarse lo máximo posible, han optado por crear una competición en la que se aseguran su trozo del pastel y se garantizan participar año tras año en ella, sin importar méritos deportivos. Esos, los méritos deportivos, se los dejan para los clubes invitados.

Tal vez visto desde la prisma de un directivo de los clubes fundadores tenga mucho sentido, porque, ¿cuál es el motivo para que el 18º clasificado en liga tenga que llevarse una parte del reparto televisivo cuando son estos equipos fundadores los más importantes, según ellos? Pero claro, esa postura disfrazada de intereses personales (que, incluso, los fundadores la clasifican como solidaridad) no esconde el tremendo egoísmo que supone y el golpe tan duro que le dan al deporte.

Ahora los jugadores se ven en una tesitura complicada. ¿Se imaginan que FIFA y UEFA decidan que no puedan participar estos clubes en las ligas domésticas y que sus jugadores tampoco lo hagan ni en mundiales o eurocopas? Tendrán que decidir si participar en un sitio u otro, anteponiendo qué les compensa más, que, seguramente, acabe siendo el interés económico (y si la Superliga Europea va a repartir más dinero entre los clubes fundadores, lo lógico es que también puedan permitirse tener contratos más altos). Pero ya no solo en cuanto a los jugadores de los que ya forman parte, sino de aquellos futbolistas que formen parte de equipos que no pertenezcan a los participantes en la Superliga Europea. Los que más destaquen, lo normal es que llamen la atención de estos clubes y reciban una oferta imposible de igualar por el resto. Ya ha salido el Borussia Dortmund rechazando la propuesta de la Superliga Europea, así que, ¿se imaginan a Haaland otro año en el conjunto amarillo la próxima temporada? Parece complicado. En definitiva, se abre una brecha más grande entre los grandes y el resto de clubes.

En cuanto a la parcela deportiva, lo bonito de cada enfrentamiento entre estos clubes era por lo raro que suponía que jugaran. Verse en unas semifinales de la Champions League le daba ese aura de partidazo, pero si lo convertimos en tradición también le restamos emoción. ¿Se acuerdan de ese rally de cuatro clásicos entre Real Madrid y FC Barcelona de 2011 en tan solo 18 días? Fue agotador, también por las consecuencias de aquellos encuentros. Ahora se convierte en rutina. Y a los clubes que no pertenezcan a la Superliga Europea les han mandado un mensaje muy claro: no sois de nuestra liga. Si algo bonito tenía la competición internacional es que un Granada, Alavés o Getafe, si hacían un año bueno, podían viajar por Europa y disfrutar de su buen hacer. Con esta creación, salvo que haya invitación mediante, se pueden olvidar de enfrentarse a un Liverpool, Milán o Chelsea…

Por último, y lo más importante, los aficionados. Los clubes, en su visión global de que tienen aficionados por todo el mundo, han perdido la vista de aquellos que están día tras día llenando sus estadios (cuando se podía), acudiendo a sus entrenamientos y comprando en sus tiendas oficiales. Han perdido la visión del sentimiento por venderse a la de los euros, dólares, libras o ‘petrodólares’, a convertir el fútbol en un negocio sin pensar que ese negocio depende mucho de los aficionados. No todo vale.

Lo mejor que tiene esta decisión (para mí, lo único) es demostrar que las federaciones y organismos tienen que servir a los clubes, y no al revés. Esta Superliga Europea demuestra que la sartén la tienen cogida por el mango los clubes.

Queda mucho por conocer, desvelar y saber. Cuál será la reacción de la FIFA y UEFA, quiénes serán todos los integrantes de la Superliga Europea, si sus clubes podrán jugar resto de competiciones… pero ya ha quedado claro que nace la Superliga Europea, pero muere la esencia deportiva.

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