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La superliga y el fútbol conquense

La nonata superliga de Florentino se ha esfumado, de momento, pero deja en el aire la sensación de que tarde o temprano, los ricos del balompié volverán a la carga con un proyecto de reforma de la Champions, que sin duda tendrá consecuencias en el fútbol modesto.

A día de hoy la aristocracia del fútbol queda lejana ante los ojos de los aficionados de La Fuensanta, Tarancón o Quintanar, que se limitan a admirarla a través de las pantallas como si de una realidad ajena se tratara. Pero lo cierto es que, hasta hoy, el fútbol modesto y la elite se encuentran unidos por una línea competitiva que resulta posible transitar. Sí, una cosa es posible y otra probable, estamos de acuerdo. Plantear ese tipo de situaciones precisamente en esta temporada puede resultar osado e incluso inoportuno. No lo discuto. Pero es innegable que esa línea, ese itinerario, existe.

No son muchos los equipos que han podido completar este tipo de saltos mortales, pero en ocasiones, como decía Prince, nieva en abril. Brian Clough lo consiguió con dos equipos diferentes, llevando al Derby County y al Nottingham Forest del sótano de la segunda división inglesa a disputar (e incluso a ganar, con el segundo) la Copa de Europa.

Más allá de la nostalgia de aquel pasado que ya no volverá (por mucho que nos enfundemos camisetas de “Odio el fútbol moderno”), siempre es bueno tener este tipo de referencias cuando se plantean proyectos como el de la superliga. Digamos que si un proyecto similar a este llega a triunfar, y ojo, que como decía por arriba antes o después volverán a la carga, se oficializará la secesión entre el fútbol de la tele y el de los simples mortales. Si esto ocurre las diferencias entre ricos y pobres pasarán de ser una zanja casi insalvable a convertirse a convertirse en dos universos totalmente diferentes. Como si nos planteáramos jugar en Marte, vaya.

Porque, no nos olvidemos, lo que mueve a los impulsores de este tipo de iniciativas no es “salvar el fútbol”, sino “salvar su fútbol”, o lo que es lo mismo, sus “inversiones”, que es como entienden en esas esferas el deporte, por mucho que algunos de estos equipos sean clubes y no sociedades anónimas. Y claro, eso a la vista del fútbol que pisa barro cada domingo y que sufre para llegar a fin de mes es como si le hablaran en griego clásico.

Y no me vengan con el modelo americano. Las grandes ligas de Estados Unidos ya nacieron cerradas de serie y, a su estilo, son mucho más igualitarias que el fútbol europeo. Incluso más justas. ¿O es que estaría Florentino dispuesto a aceptar un modelo de acceso de jugadores a los equipos de la superliga por medio de un draft que premiara a los peor clasificados? No, ¿verdad? Pues entonces que no hagan trampas al
solitario.

El Conquense, el Tarancón, el Quintanar, el Pedroñeras pertenecen a ese fútbol heroico que hace malabares para cuadrar las cuentas, pero también representa la base de esta enorme pirámide. Y no olvidemos que sobre esta base se sostiene la cúspide. Cualquier reforma que se haga para mejorar el espectáculo de la Champions debería mirar de reojo al subsuelo y no pensar que las estrellas nacen de la nada. De lo contrario estarán ahondando en las diferencias, que ya son suficientemente groseras, entre ricos y pobres. Y cuidado, que la gallina de los huevos de oro se ha salvado esta vez, pero que yo sepa no es inmortal.

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