Inicio Noticias Natación De hacer historia en el waterpolo británico a Cuenca: la historia de...

De hacer historia en el waterpolo británico a Cuenca: la historia de Matt Madden

Matt Madden durante un partido. Foto cedida

Para los conquenses es motivo de orgullo el apreciar cuando alguna figura internacional decide practicar su deporte o visitar su tierra, hablando de las grandes posibilidades que ofrece. Son recientes y conocidos los casos de los escaladores internacionales, Iker y Eneko Pou, sobre el espectacular y desafiante paraje que ofrecen las escarpadas hoces del Júcar para su disciplina; o también aquella defensa contra la despoblación que dejaron los ciclistas profesionales Thomas de Gendt y Tim Wellens, participando en la iniciativa de Ernesto Pastor que los llevó por Zafrilla o Beamud.

La historia de nuestro protagonista quizás no tenga tal magnitud de relevancia, pese a que ha atravesado fronteras en su deporte, pero si termina con Cuenca como un punto y a parte en su trayectoria.

“Es algo que tampoco me gusta alardear”, admite Matt Madden. Su vida ahora en Cuenca poco tiene que ver con la que llevaba hace poco más de un par de años en su Solihull natal, un pueblo cercano a Birminghan (Inglaterra). Este inglés de 1,92 metros es actualmente asistente de profesor de inglés en el Instituto San José y da clases particulares de inglés y francés. Pero lo que pocos de sus alumnos y compañeros pueden imaginar es que comparten día a día con el mejor jugador de Waterpolo de Reino Unido del año 2018, además de jugador internacional con su país y campeón de liga y copa con su club natal de Solihull.

Matt con el trofeo de campeón de la EU Nations Cup con Inglaterra sub-21

Matt comienza su idilio con el deporte de agua desde que tenía memoria: “Comencé a nadar con 3 o 4 años debido a que mi madre formaba parte del club de natación de Solihull y empecé  jugar a waterpolo a los 10. Varios años después, se realizó un llamamiento de jugadores para formar un equipo, tendría unos 13 o 14 años cuando comencé a competir con el Solihull waterpolo, a partir de ahí no paramos de crecer”. Y es que el ascenso de Matt se va de la mano con el club de su ciudad natal: en el equipo consiguió cinco ascensos en cinco años de forma consecutiva hasta llegar a la división élite del waterpolo de Reino Unido, y en su primer año en la categoría reina (2018) lograron el título de campeones de liga y copa. “La clave es que éramos un grupo de amigos que llevábamos toda la vida jugando juntos, con algunos jugadores de Birminghan y otro jugador de Hungría que llegó a Solihull para vivir”.

Ese año fue cuando nuestro protagonista tocó techo. Al éxito con su club había que añadir las sucesivas llamadas con la selección nacional, culminadas con la consecución de la capitanía del equipo nacional sub-19 y una clasificación histórica del combinado nacional para el campeonato de Europa después de 15 años de “sequía”, y el reconocimiento como el mejor jugador de waterpolo del año: “Es algo fantástico, todo el trabajo y los entrenamientos de estos años ha dado sus frutos, también todo el apoyo de mi familia, amigos, entrenador, compañeros de equipo han sido importantes para mí y me han ayudado a ganar este título”, explicaba el waterpolista en una entrevista después de recibir este galardón individual.

LA DURA REALIDAD

Sin embargo, tras títulos, victorias, logros y metales ocurría un duro día a día al que ese unió la difícil situación del waterpolo en su país de origen. Matt compaginaba sus estudios en francés y español con una rutina de trabajo y exigentes entrenamientos con la ilusión de que tanto el éxito a nivel de club como nacional se tradujera en un futuro como deportista de élite.

“Eran días muy duros”, recuerda Madden, “me despertaba a las 5 y media, cogía la bicicleta y hacía unos dos kilómetros hasta la casa del que era mi jefe, y también mi entrenador, para irnos a trabajar a una carpintería que regentaba. Después o entre los turnos siempre hacía un total de tres horas de entrenamiento: una de piscina, otra de gimnasio y otra más de waterpolo”. A esto se unían los intensos fines de semana de competición, en los que se jugaban varias jornadas en una sede para así ahorrar costes a los equipos de la liga, o las concentraciones nacionales. “Yo podía cubrir parte de los gastos porque contaba con becas deportivas, pero no todo. La mayoría de los jugadores trabajábamos para poder permitirnos viajes y equipamiento, incluso cuando entrenábamos en la selección sub-19 se destinaba dinero a pagar las horas de piscina”, explica Matt.

Matt Madden (fila superior, primero derecha) como campeón de copa con el Solihull

Horas y horas de sacrificio con la ilusión de que el buen hacer de los resultados trajera un futuro mejor. “Todos los jugadores de la selección teníamos la esperanza de que con lo que estábamos consiguiendo hubiera un apoyo importante al waterpolo en Reino Unido, como el que se logró cuando Londres fue sede de los JJOO en 2012, apostando por el talento y becando a deportistas para que se pudieran dedicar en cuerpo y alma al deporte”, señala el británico que lamenta que después de lograr una clasificación histórica de su selección a un Campeonato de Europa y lograr uno de los momentos más bonitos que él recuerda de su carrera como el anotar un gol contra Grecia (una de las potencias mundiales) en el clasificatorio.  “No hicimos el mejor campeonato, ¡pero habíamos conseguido algo histórico para nuestro país! Al volver poco cambió. Faltaba apoyo económico, estructura y una apuesta de verdad por el waterpolo”.

Matt llegó a debutar con la selección nacional absoluta y disputar además unos juegos universitarios mundiales en Nápoles, representando a Reino Unido formando parte de la Universidad de Nottingham, pero ante las dificultades decidió cerrar una etapa que ahora recuerda con orgullo: “Hubo una época en el que renegaba de ello porque fue frustrante, pero ahora con la perspectiva del tiempo me alegro de lo que conseguí”.

¿Pero cómo llega el mejor jugador británico de waterpolo del año a Cuenca? Poco después de cerrar su etapa en las piscinas, intentó trabajar de su otra gran pasión, el esquí. “En un año de intercambio universitario llegué a ser instructor en Suiza, porque me encanta el esquí, pero debido a dificultades con el Brexit no fue posible, así que me apunté al British Council (lo que en España sería el Instituto Cervantes) y apareció el destino de Cuenca. Nunca había oído nada de esta ciudad y lo primer que hice fue buscar información en Google, pero me alegro de haber venido aquí, me encanta la ciudad, su gente me ha acogido muy bien y he pedido volver a estar aquí el próximo curso”.

¿Y el waterpolo? Pues Matt reconoce que alguna vez ha tenido la intención de volver a jugar, “aunque estoy muy lejos del nivel de hace unos años”, reconoce entre risas. Quizás no sea descabellado poder verlo algún día por la piscina del Luis Ocaña peloteando entre los pocos seguidores que cuenta la capital de esta disciplina, así podrán decir que han compartido piscina con todo un internacional por Reino Unido.

ARTÍCULO TRADUCIDO AL INGLÉS:

From Making History in Water Polo to Cuenca: The Story of Matt Madden.

For the people of Cuenca, it’s a source of pride to see when an international figure decides to practice their sport or visit their land, speaking of the great opportunities it offers. Recent and well-known cases include international climbers, Iker and Eneko Pou, who explored the spectacular and challenging landscape offered by the rugged cliffs of the Júcar for their discipline; or the defense against depopulation left by professional cyclists Thomas de Gendt and Tim Wellens, participating in Ernesto Pastor’s initiative that took them through Zafrilla or Beamud. The story of our protagonist may not have such magnitude of relevance, even though he has crossed borders in his sport, but it ends with Cuenca as a turning point in his career.

«It’s not something I like to boast about either,» admits Matt Madden. His life in Cuenca now has little to do with what it was just over two years ago in his native Solihull, a town near Birmingham (England). This 1.92-meter-tall Englishman is currently an assistant English teacher at San José Institute and gives private English and French lessons. But what few of his students and colleagues can imagine is that they share their daily lives with the best Water Polo player in the United Kingdom in 2018, as well as an international player with his country and a league and cup champion with his hometown club in Solihull.

Matt began his affair with water sports at a very young age: «I started swimming at the age of 3 or 4 because my mother was part of the Solihull swimming club, and I started playing water polo at 10. Several years later, there was a call for players to form a team; I was about 13 or 14 when I started competing with Solihull water polo, and from there we never stopped growing.» Matt’s rise goes hand in hand with the club of his hometown: with the team, he achieved five promotions in five consecutive years until reaching the elite division of water polo in the UK, and in his first year in the top category (2018), they won the league and cup titles. «The key was that we were a group of friends who had been playing together all our lives, with some players from Birmingham and another player from Hungary who came to Solihull to live.»

That year was when our protagonist reached his peak. In addition to success with his club, there were successive calls with the national team, culminating in the captaincy of the under-19 national team and a historic qualification for the European championship after 15 years of «drought,» along with recognition as the best water polo player of the year. «It’s fantastic, all the work and training over these years have paid off, also all the support from my family, friends, coach, teammates have been important to me and have helped me win this title,» the water polo player explained in an interview after receiving this individual award.

THE HARSH REALITY

However, behind titles, victories, achievements, and medals, there was a tough day-to-day reality compounded by the difficult situation of water polo in his home country. Matt juggled his studies in French and Spanish with a routine of work and demanding training with the hope that both club and national success would translate into a future as an elite athlete.

«They were very tough days,» recalls Madden. «I would wake up at 5:30, grab my bike, and ride about two kilometers to the house of what was my boss, and also my coach, to go to work at a carpentry he ran. After or between shifts, I always did a total of three hours of training: one in the pool, another in the gym, and one more in water polo.» This was compounded by intense competition weekends, where several matchdays were played at one venue to save costs for league teams, or national team gatherings. «I could cover some of the expenses because I had sports scholarships, but not all of them. Most players worked to afford trips and equipment, even when we trained with the under-19 team, money was allocated to pay for pool hours,» explains Matt.

Hours and hours of sacrifice with the hope that good results would bring a better future. «All the players on the national team hoped that with what we were achieving, there would be significant support for water polo in the UK, like what was achieved when London hosted the Olympics in 2012, investing in talent and awarding scholarships to athletes so they could dedicate themselves fully to sports,» says the British player who regrets that after achieving a historic qualification for his country’s team to a European Championship and achieving one of the most beautiful moments he remembers in his career by scoring a goal against Greece (one of the world powers) in the qualifiers. «We didn’t have the best championship, but we had achieved something historic for our country! Upon returning, little changed. Economic support, structure, and a real commitment to water polo were lacking.»

Matt even made his debut with the senior national team and also played in World University Games in Naples, representing the United Kingdom as part of the University of Nottingham, but faced with difficulties, he decided to close a chapter that he now recalls with pride: «There was a time when I rejected it because it was frustrating, but now with the perspective of time, I’m glad for what I achieved.»

But how does the best British water polo player of the year end up in Cuenca? Shortly after closing his chapter in the pools, he tried to work in his other great passion, skiing. «During a year of university exchange, I became an instructor in Switzerland because I love skiing, but due to difficulties with Brexit, it wasn’t possible, so I signed up with the British Council (which in Spain would be the Cervantes Institute) and Cuenca appeared as a destination. I had never heard of this city, and the first thing I did was search for information on Google, but I’m glad I came here; I love the city, its people have welcomed me very well, and I have requested to be here again next year.»

And water polo? Well, Matt admits that he has sometimes intended to play again, «although I’m far from the level of a few years ago,» he admits with a laugh. Perhaps it’s not far-fetched to see him someday at the Luis Ocaña pool among the few fans that the capital of this discipline has, so they can say they shared a pool with a UK international.

Comentarios