¡Viva la música, manque pierda! El corazón de Marco Antonio de la Ossa late al ritmo de su gran pasión: la música; pero se tiñe del color de su equipo devoto: el Real Betis Balompié, que comparte los pigmentos de la bandera de su pueblo: Huélamo. “Quizás venga de ahí, que lo asocié de niño”, bromea el director de Estival Cuenca al no recordar cuándo se enamoró del club sevillano dada su temprana edad. El himno del equipo se ha convertido en la banda sonora que escucha una y otra vez este socio y accionista minoritario verdiblanco, fundador además junto a otros conquenses de la Peña Bética Ciudad Encantada, en proceso de inscripción en la actualidad.
Aunque la batuta la sigue llevando la música, el Betis es su segunda canción favorita y solo se pierde sus partidos cuando hay concierto. Pero al igual que la música, el fútbol, mejor sentirlo en vivo, “manque pierda”. No falla a su cita anual con el Benito Villamarín e incluso intenta escaparse a la capital o a otros puntos de la geografía española de vez en cuando. “He vivido desde partidos horrorosos en Salamanca en 2.ª y también otros bellísimos, como fue la final de la Copa del Rey de abril en La Cartuja”, contra el Valencia.

La épica bética le permitió disfrutar de una jornada futbolera de principio a fin: desde los ensayos previos antes del pitido inicial, hasta los más de 120 minutos de actuación y también la celebración postpartido tras el cierre de telón. “Quizás, nos lo merecíamos por justicia poética”, confiesa el gestor musical, que utiliza el verso para mimetizar al Betis con la vida, la misma que nos enseña a saber perder y pocas veces a ganar. “Es muy relevante saber reconocer el mérito al otro equipo y no dejar nunca al tuyo, “aunque último estuviera siempre te ven campeón”, dice nuestro himno”. Así le ha sucedido este año, cuando fue a verlos a Getafe: “partido para olvidar, un señor tostón, qué le vamos a hacer”, comenta el docente de música, tras empatar a cero.
Solo corría la banda cuando era niño y nunca se puso los pantalones del Betis como futbolista, pero sí ahora, cada vez que practica atletismo, disciplina con la que ya disfrutaba cuando todavía iba al colegio. Ahora, es el deporte que realiza con mayor frecuencia: “Siempre corro con pantalones béticos”. El outfit lo completaba con la camiseta del Betis cuando participaba en carreras populares con el BetisTeamCuenca en Cuenca (como la de del Pavo en plena Navidad) en Cádiz o en Málaga, recibiendo también el aliento de los béticos durante el recorrido.

Ahora, ha cambiado de escudo, pero no de colores, al llevar la del Club Deportivo Huélamo, organismo que aglutina en su repertorio ciclismo, mountain bike, atletismo, senderismo y “trote gorrinero”, modalidad de atletismo que “practica” Marco Antonio en Huélamo mientras admira los récords de la campeona y atleta olímpica del municipio y presidenta honoraria del club: María Vicente. Desde el mismo apoyan y animan a su paisana e incluso este verano los vecinos quedaban para enviar fuerzas a María en su participación en los Juegos Olímpicos: “Esperamos que, cuando pueda, siga viendo Huélamo como su refugio en el que descansar, disfrutar de los amigos y la familia como siempre, como una más”.
Huélamo es uno de los escenarios favoritos de Marco Antonio para poner en marcha su “trote gorrinero”, “que es lo que decimos en mi pueblo”. Enamorado de este municipio serrano que lo vio crecer, ahora intenta no dejarlo morir poniendo en valor la tradición deportiva del pueblo y promocionando nuevas competiciones, como la trail a Peñarrubia del próximo mes de septiembre, con línea de salida y de llegada en Huélamo.
Más allá de las rutas de senderismo, atletismo y ciclismo y las comidas que organizan desde el club, los “huelamerers” participan en los eventos deportivos autóctonos. Destacan la carrera popular Juan Merchante del 15 de agosto (por la ruta de la leyenda del hombre de la capa negra) y “la Encamisá” (bajo la luna veraniega, cruzando el río y con ropajes blancos, tal como sorprendía al oponente el militar huelamero Julián Romero). No se olvida de “la Joya”, celebrada durante los festejos de septiembre, cuando Marco Antonio se enfunda el uniforme oficial de cada año: los calzoncillos del Betis. Se acuerda así de sus antepasados, que también corrían en paños menores esperando la llegada del otoño.

El conquense e investigador de música disfruta de sus salidas a galope con unas vistas inmejorables entre las sendas del municipio, bajo la brisa en la costa malagueña o al amparo de la Hoz del Júcar en la capital conquense. El colmo para un huelamero y atleta de pro es que se le resistan las cuestas, aunque en llano no deja de mejorar sus marcas siempre que las lesiones se lo permiten. Acaba de atravesar un abrupto bache por culpa de una de ellas, quizás la más difícil, pues recuperar el ritmo le ha costado más de un ensayo. Aunque la vuelta a los escenarios ha sido más que gratificante tras participar en la carrera 091 celebrada en Cuenca. Este fin de semana también ha participado en Acristalia de Mijas Costa, en Málaga.
SU PASO POR EL CLUB RUGBY “A PALOS”
Siguiendo la corazonada del color verde, apostó por el rugby y estuvo tres temporadas en el “A Palos”. Entró por la invitación de su hermano, entrenador de rugby, y disfrutó del ambiente, el compañerismo, el respeto hacia los rivales y el tercer tiempo, insignia de este deporte. Pero la música volvía a blocar el paso de nuevas aventuras y reconoce que entrenaba y jugaba con cierto miedo a las lesiones para no tener que eludir compromisos profesionales. Sin embargo, no pudo evitar una torcedura de tobillo que lo apartó del césped (también verde).

Aun así, disfrutó de alguna que otra titularidad antes de aquel fatídico mes de junio en el que las muletas le acompañaron a sus citas musicales: “Tenía un festival preparado con el cole muy potente. No me di de baja y fui al cole con las muletas unos días, no me hubiera perdonado dejar a los peques tirados. Luego mi fisio hizo magia y, al menos, pude andar despacio y cumplir los compromisos”.
Rugby, atletismo (o «trote gorrinero») y fútbol son la base melódica de su banda sonora. Los tres deportes quedan atravesados por el “quejío” del alma verde de este huelamero bético, que siempre preferirá la música al deporte, pero que ha encontrado la manera de armonizar las dos notas en la misma canción.




























































