Cuando vi por primera vez un fragmento de gameplay de Mortal Sin flipé con su propuesta: un roguelike de fantasía oscura en el que todo está cubierto en tinieblas negras y grises excepto por un par de colores primarios que contrastan. Pero también me entró un poco de miedo. Hay ocasiones en las que un título, especialmente en el mundo indie, se gana nuestro corazón a primera vista porque su aspecto es muy llamativo, único o innovador. No han sido pocas las veces que me he tirado de cabeza a por un juego solo porque en su tráiler se veía una dirección de arte espectacular o unos gráficos super bonitos. Normalmente la jugada me sale bien, me llevo un libro por la portada, pero acaba siendo, como mínimo, una buena obra. Sin embargo, algunas veces me acabo jugando un juego que no tenía nada más para ofrecerme que eso, un aspecto bonito. Ni los gráficos más pepinos ni el mejor arte puede salvar un juego que simplemente no funciona en todo lo demás. Seguro que se te vienen a la cabeza algunos ejemplos de juegos que, detrás de una carátula prometedora, escondían una caja vacía sin sustancia. Una decepción solo comparable al momento en el que esperas la edición física de un videojuego y al final descubres que solo vas a recibir un embalaje plástico con un código digital impreso en un papelito cutre.
Por suerte, Mortal Sin no solo es una pasada a nivel estético. También es un roguelike redondo, adictivo y con ideas muy interesantes que van más allá de su aspecto curioso. Pasemos pues, a comentar por qué Mortal Sin me ha encantado y por qué deberías lanzarte de cabeza a esta piscina llena de trampas, bichos muy chungos y la incertidumbre de no saber que te espera en la oscuridad.
Antes de entrar en lo que es el gameplay y la estructura nos quitaremos de encima lo obvio: Mortal Sin cuenta con un apartado gráfico único y experimental que genera una ambientación que le sienta de miedo. Es un universo que ha sucumbido a las sombras en el que casi todo el escenario es rojo, negro o gris. Luce un poco como un álbum de heavy metal por momentos y respira fantasía oscura por todos los poros. En una primera toma de contacto puede parecer hasta confuso lo que sucede en pantalla por la abrumadora oscuridad, pero al poco tiempo te acostumbras gracias a un uso inteligente de los colores que proporciona la información necesaria para que no te pierdas y te desenvuelvas con soltura en sus mazmorras. Azul para los enemigos, los cadáveres y nuestro personaje, rojo para las trampas y la sangre y amarillo para los golpes cargados y el oro. Con cada elemento claramente diferenciado, las partidas se ven beneficiadas del apartado artístico y de la atmósfera que este consigue junto a otros elementos como la música o los efectos de sonido que también cumplen la función de guiar al jugador a través de la partida. La melodía de una guitarra melancólica inicial, el sonido de las pisadas de los monstruos en las tinieblas o el crujir de tu armadura a punto de romperse son detalles medidos, bien pensados y efectivos. Sirven para que todo encaje a la perfección y el ambiente opresivo y tenso que intenta conseguir sea un éxito rotundo. No es un título de terror, pero su atmósfera es tétrica y los monstruos te van a dar más de un susto si te pillan desprevenido.

Entrando ya en el terreno jugable, Mortal Sin es un roguelike en el que deberemos completar del tirón tres áreas distintas (mazmorras, cuevas y bosque) para enfrentarnos al desafío final del juego. Al comienzo tocará aprender las bases del juego en las primeras incursiones con una clase inicial muy básica y sin ventajas de ningún tipo, pero a medida que subamos de nivel tras cada run iremos desbloqueando nuevas habilidades, mejoras para la plaza principal y otras clases, cada una con sus características propias que te obligan a jugar de formas muy distintas (mago, vampiro, monje, berserker…). No esperes tutoriales largos y detallados, aquí solo aprenderás los controles básicos a través de notas en el suelo de la zona principal que une las áreas (que es una plaza creepy). Eso y un monigote en la entrada para que practiques distintos combos con las armas de cada clase serán lo poco que tendrás para empezar a hacerte una idea de lo que se viene encima. Viene bien detenerse en este muñeco de prácticas porque combar con cada clase y arma es diferente. Hay bastones mágicos, espadas, lanzas, hoces y katanas, entre otros. Usar sabiamente nuestra arma junto a las patadas y los empujones (que también son esquivas) será crucial para sobrevivir.
Y no creo que extrañe si digo que Mortal Sin es un juego difícil. La propia estructura del juego ya es un reto en sí misma. Completar del tirón las tres rutas posibles es una tarea ardua que solo será posible si dominas a la perfección las mecánicas del título. Mecánicas consistentes en descender una serie de pisos generados de forma aleatoria mientras looteamos, matamos enemigos y esquivamos tropecientas trampas. Cada vez que entremos a un piso, habrá que buscar y pisar un número concreto de baldosas para que se abra una trampilla que nos permita descender hasta la siguiente sección. El problema es que el lugar tendrá obstáculos como suelos con pinchos, lanzas en las paredes, péndulos con hachas y más cosas por el estilo. También existe la posibilidad de que al pisar una de las baldosas se active un símbolo en el suelo que, a menos que huyamos a tiempo, nos quitará salud, durabilidad y nos pegará un buen susto gracias a un jumpscare poco agradable. O también puede que nos encierre en una habitación y nos tiren 12 monstruos a la cara que tendremos que matar para poder salir. Nunca se sabe lo que puede pasar.
Según la ruta habrá de distintos tipos de enemigos, pero prácticamente todos te pondrán de los nervios y siempre serán una amenaza letal a poco que te descuides. Por lo general habrá que golpearlos y desmembrarlos con armas cuerpo a cuerpo hasta que no quede nada, pero dependiendo de nuestra clase también es posible que tengamos que adoptar otras estrategias distintas. Mientras exploremos las zonas podremos ir equipándonos con armas y piezas de armaduras que vayamos encontrando en cofres, cadáveres o abriendo cajas especiales por una cantidad de dinero que pueden salir rentables o no. Los objetos que no utilicemos podremos venderlos sobre la marcha y ahorrar oro de forma permanente para más adelante o incluso la siguiente partida, aunque muramos en la actual. Este oro será valioso a la hora de volver a la plaza antes de pasar a la siguiente ruta, pues podremos comprar recursos, armas o mejoras de estadísticas temporales (si hemos desbloqueado dichas tiendas con anterioridad).
El oro también podrá conseguirse explorando y rompiendo elementos de las salas que suelten orbes amarillos. De la misma forma podremos encontrar orbes rojos que rellenarán pociones para recuperar salud y orbes azules que rellenen pociones que restauren la durabilidad de nuestras armas y equipo. Porque si, aquí las armas se gastan, igual que nuestro casco, guantes, botas, etc. Habrá que estar muy atentos a las barras de durabilidad de cada pieza y gestionar sabiamente las pociones que llevemos encima, porque son escasas y muy necesarias. Hay que mencionar que a medida que nos fortalezcamos, los enemigos también lo harán. Para ayudar un poco habrá segmentos en los que se nos dará a elegir entre tres mejoras posibles para la run actual, como mayor daño, mayor velocidad o más salud. Son mejoras que durarán hasta que nos maten y que también se podrán conseguir si tenemos suerte y encontramos unas estatuas especiales o cuando matemos a enemigos únicos que las suelten al morir.
Pero por muchas mejoras que consigamos, completar Mortal Sin es un desafío realmente complicado. Cada intento es una partida distinta y según tu clase deberás jugar según unas reglas u otras. Por ejemplo, si eres monje tendrás que golpear cuerpo a cuerpo y dominar los combos sin armas. Si juegas como segador la velocidad de los enemigos se duplica y el ritmo de los combates será extremadamente frenético. Y si juegas como berserker tendrás que gestionar los ataques cargados y vigilar tu defensa con cuidado. Tienes que adaptarte a las necesidades de cada clase y cada escenario. No se pueden cometer errores porque Mortal Sin no perdona a nadie. Cualquier paso en falso puede tirar a la basura todo el camino que hayas recorrido. Esto desemboca en una tensión que va en aumento con cada piso que descendemos, cada baldosa que pisemos que pueda activar una trampa o al girar cada esquina en la oscuridad sin saber de dónde provienen los pasos que escuchamos.

Es una obra con una dificultad adictiva que siempre pide una partida más para intentar hacerlo aún mejor. El combate es satisfactorio y desmembrar a los enemigos siempre divierte, sobre todo si le sumas ese punto estratégico consistente en decidir que partes conviene romper antes según la situación. La banda sonora acompaña genial a la acción y a la calma y los efectos de sonido son tan sencillos como efectivos. También me han fascinado elementos como sus entornos. Que sí, se repiten bastante, pero siguen teniendo un aspecto fantástico debido a su remarcado tono de fantasía oscura pura y dura. Como decía al principio del análisis, es un juego redondo. No abarca mucho más de lo necesario ni rompe los moldes, pero si que contiene una esencia muy característica y una base pulida que funciona de maravilla.
En definitiva, Mortal Sin es un roguelike que no reinventa la rueda dentro del género, pero que consigue crear una excelente experiencia con mucha personalidad propia. Una personalidad que nace a raíz de una dirección de arte soberbia que no solo sirve a lo estético sino también a todo lo demás. Es una joya oculta que entra por los ojos por su aspecto y engancha a los mandos por su desafiante y divertida jugabilidad.
Una anotación antes de cerrar el análisis: aunque el juego puede completarse de principio a fin, Mortal Sin se encuentra en estos momentos en early access. El desarrollador del título está realizado actualizaciones, correcciones de bugs y añadiendo contenido constantemente, por lo que el juego va sumando contenido de forma casi semanal. Así que a todo lo dicho más arriba añadidle que en el futuro habrá aún más modos, clases y demás.






























































