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Santi Cabeza, el mago de Las Pedroñeras, cuelga las botas y coge la pizarra

Quien recuerda sus primeras patadas a un balón, los primeros goles en el patio del colegio y esa ilusión que despierta la pasión por un deporte, siempre acude al apelativo de la magia por esa efímera e intangible sensación que provoca el subidón de disfrutar del juego. También quienes lo viven en tercera persona, al observar grandes proezas, regates o golpeos imposibles que, ¡chas!, se hacen realidad como el mejor de los trucos de ilusionismo.

Hoy el fútbol conquense y el castellano-manchego es un poco menos magia. Santi Cabeza, el mago de Las Pedroñeras, cuelga las botas tras una vida dedicada al balompié, siempre con la sonrisa en el rostro y el coraje en el corazón. “Gracias, fútbol. Gracias, vida”, titulaba en la carta de su retirada, en la que dice adiós “a una etapa que ha marcado mi vida”. No obstante, el propio ya exfutbolista matiza: “no con tristeza, sino con el corazón lleno de gratitud”.

“Desde que era un niño y pateé el primer balón, supe que el fútbol no era solo un deporte para mí: era mi pasión, mi refugio, mi escuela de vida. He vivido momentos inolvidables, he compartido vestuarios con personas increíbles y espero yo haber sido una de ellas para vosotros”, escribía en el texto.

El mago señala que “no ha sido un camino fácil”, pero se queda con los “buenos momentos y con las personas que conocí por este deporte”, continuando con un sinfín de agradecimientos, en especial a su familia.

“Hoy dejo de ser jugador, pero el fútbol seguirá siendo parte de mí. Porque uno no deja de ser futbolista cuando termina un partido, sino cuando se apaga esa pasión… y en mí, sigue viva. Nos vemos pronto, porque hay Santi para rato”, finalizaba el escrito.

Uno podría aludir fácilmente, habiendo tenido la suerte de haberlo conocido en persona y mucho más como compañero de vestuario, a esa frase de Gabriel García Márquez que hasta el propio Luka Modric citó: “No llores porque terminó, sonríe porque pasó”.

Santi Cabeza comenzó en el Pedroñeras, pasando también por San Clemente y la academia del Albacete, llegando a División de Honor Juvenil, también con el Conquense, intercalando varias convocatorias con la selección de fútbol regional. Después pasó por Quintanar, Pedroñeras y dio el salto al Yugo Socuéllamos, con una temporada mágica de 14 goles en 13 partidos y logrando el ascenso a Segunda División B, en la que jugó 23 partidos y marcó dos goles.

Posteriormente jugó en Manchego y Villarrubia, antes de volver al Pedroñeras, al Atlético Tomelloso y retornar nuevamente al equipo ajero en la 2019/20, donde permanecería cuatro temporadas más, hasta devolver al conjunto rojiblanco a la Tercera División. No sin antes volver a enfundarse la camiseta de la selección regional de Castilla-La Mancha para representar al combinado en el campeonato nacional de fútbol playa.

Esta última campaña 2024/25, Cabeza jugó con el recién ascendido Manchego Provencio en Preferente, antes de decir adiós y colgar las botas.

El fútbol es magia, es pasión e ilusión por un deporte que va mucho más allá de pegarle patadas a una pelota. Es sonrisa, actitud y compañerismo, valores que transmitía en cada acción, dentro y fuera del campo, el propio Santi Cabeza.

Pero no termina aquí su camino en el fútbol, ya que horas después de este post, el Mota lo anunciaba como su nuevo entrenador para la próxima temporada, donde el objetivo que tienen es «volver a Preferente», tal y como anunciaba el club por redes sociales.

Santi Cabeza, nuevo entrenador del Mota

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