El balonmano de Cuenca está de luto tras conocerse el fallecimiento de Pablo Zabala a los 80 años, una de las figuras más queridas e históricas del REBI Cuenca y el único utillero que ha tenido el club desde su llegada a la élite.
Zabala dedicó más de veinte años de su vida al equipo conquense, convirtiéndose en mucho más que un trabajador imprescindible en el día a día del vestuario. Su cercanía, compromiso y cariño por el club le hicieron ganarse el respeto y el afecto de jugadores, técnicos, directivos y aficionados durante varias generaciones.
Además de su labor como utillero, también llegó a formar parte de la directiva del club en la etapa de Javier Garrote, viviendo desde dentro algunos de los momentos más importantes de la historia reciente del balonmano conquense. También estuvo con Evaristo Cañas e Isidoro Gómez Cavero.
Hacía una gran dupla con el también fallecido Julián Martínez Mateo ‘Chabo’, quien falleció hace unos años y era otro de los colaboradores más antiguos del club.
A lo largo de su trayectoria compartió vestuario y viajes con entrenadores históricos como Goran Dzokic, Zupo Equisoain o Lidio Jiménez, con quien mantenía una relación especialmente cercana y de profunda amistad. De hecho, según personas próximas al club, los hijos de Zabala avisaron personalmente al técnico conquense nada más producirse el fallecimiento.
Aunque hace algunos años tuvo que abandonar sus funciones diarias por motivos de salud, Pablo Zabala nunca se desvinculó emocionalmente del equipo. Seguía siendo una presencia habitual en las gradas de El Sargal, acompañando al REBI Cuenca prácticamente hasta los últimos encuentros disputados esta temporada.
Fuentes cercanas señalan que una caída sufrida recientemente agravó su estado de salud hasta provocar finalmente su fallecimiento.
La noticia ha causado una enorme conmoción en el entorno del balonmano conquense, donde Pablo Zabala era considerado una figura entrañable, discreta y fundamental en la historia del club. Su figura representaba la dedicación silenciosa de quienes sostienen el deporte desde el trabajo diario y alejado de los focos.
Con su pérdida desaparece una parte importante de la memoria sentimental del REBI Cuenca y del pabellón de El Sargal, donde durante décadas fue una de las caras más reconocibles y queridas por la afición.




































































