La historia del Incarlopsa Cuenca se está llenando de capítulos exitosos en los últimos años, en los que clasificarse para Europa o quedarse cerca de la misma está siendo la tónica habitual, llegando a jugarse partidos donde las emociones están a flor de piel.
Esas emociones se vivieron durante todo el domingo y acabaron en algunos casos a altas horas de la madrugada, porque todo sufrimiento había merecido la pena en un año donde el equipo ha ido de menos a más hasta llegar a la quinta plaza y ser el tercero mejor de la segunda vuelta, a solo dos puntos del Fraikin Granollers.
Porque si el Real Madrid ha sido en el fútbol el equipo de las remontadas en la Champions League, en el balonmano la remontada más destacada ha corrido por cuenta del Incarlopsa Cuenca, con todos mis respetos a los no futboleros y a los no madridistas, entiéndase el símil.
Y es que el domingo fue otra final por Europa y Cuenca no falló, se llenó ‘El Sargal’ de aficionados a este equipo, algunos seguro que se preguntaron porqué no habían ido antes a ver a ese equipo que viste de rojo, con las que se montan en ese pabellón.
«Y es que siempre hay que creer», que es lo que dicen en este caso los del Atlético de Madrid, porque los que no creyeron han tenido una nueva oportunidad para saber que bajarse del barco no tiene sentido con este equipo, que cuenta con una afición sobresaliente y quien no se lo crea, solo había que ver el día fantástico de ayer.
La Furia Conquense ambientó otra final desde por la mañana con una comida en la que se empezaban a calentar las gargantas con los primeros cánticos en unas voces que siguen siendo las de siempre con muchas nuevas, aquí también hay cantera, para después pasar a recibir al equipo de una forma en cuando te miras el brazo, ves que el bello está de punta sin saber muy bien el porqué, pero este deporte, este equipo y esta afición tiene estas cosas.
La segunda vez que el bello se volvió a erizar fue con la despedida a Doldán, Hugo, Samuel, Thiago y Bulzamini, así como con el premio de la Furia a Nacho Moya. Tras ello, los 60 minutos más cortos y más largos del año. Cortos cuando ibas ganando y querías que terminara ya, largos cuando querías que esos momentos buenos no se terminaran y poder seguir disfrutando.
Pero tras el bocinazo final llegaban las lágrimas. En muchos casos era de liberación, en otros de emoción de volver a Europa, en otros de lamentación por no haber creído en esta gente antes, pero todas esas lágrimas se unieron en un solo sentimiento llamado Incarlopsa Cuenca.
Llegaron varias celebraciones, entre ellas ver a un Thiago desatacado haciendo de ‘Moisés’ para abrir las aguas, o un Nazaré que se cantaba a él mismo lo de ‘Kilian Mbappé’. La timidez de jóvenes como él pasaron a ser locura, porque todo el mundo termina por empaparse con el ambiente de ‘El Sargal’, es como un truco de magia donde llegan jugadores tímidos para pasar en muy poco tiempo a ser totalmente todo lo contrario.
La Furia también acompañó al equipo al vestuario, interrumpió de manera cariñosa la rueda de prensa de Lidio Jiménez y pusieron el colofón en la Plaza España en otro día inolvidable.
Así se vivió esta fiesta desde esta parte del barco, y de recordarlo, aún se me pone la piel de gallina por el maldito Incarlopsa Cuenca.




































































