Con apenas 16 años, Sara Silvestre decidió salir de casa para perseguir un sueño: seguir creciendo en el balonmano al máximo nivel posible. La joven jugadora conquense emprendió el pasado curso una nueva etapa deportiva y académica en las filas del Imperial Toledo Balonmano, un paso valiente que, tras un inicio complicado por una lesión, hoy comienza a dar sus frutos.
La deportista llegó al conjunto toledano en la temporada 2024/2025 después de completar una destacada campaña en Cuenca, donde consiguió el ascenso a liga regional. La oportunidad de trasladarse a Toledo le permitía compaginar estudios y deporte dentro de un proyecto ambicioso y competitivo, algo que, según reconoce, echaba en falta.

“Me llegó la oportunidad de venirme a Toledo para compaginar deporte y estudios y formar parte de un proyecto que me gustaba mucho, que además me daba la oportunidad de competir como no ocurría en Cuenca”, explica la jugadora a El Deporte Conquense.
Una lesión que frenó su primer año
Sin embargo, su primera temporada lejos de casa no fue sencilla. La ilusión de una jugadora adolescente que llegaba “a comerse el mundo” se vio frenada por una lesión que la apartó de las pistas durante cerca de cinco meses.
“La temporada pasada fue difícil. Llegas con 16 años a un sitio nuevo, con un equipo reforzado, y lo último que esperas es una lesión”, recuerda Sara, que además reconoce que los objetivos deportivos marcados al inicio del curso tampoco pudieron cumplirse.

Pese a ello, aquella experiencia terminó reforzando su carácter competitivo y su madurez tanto dentro como fuera de la pista.
Un año para recordar
La presente campaña ha supuesto un giro radical para la jugadora conquense. Ya recuperada físicamente, Sara ha podido competir con regularidad tanto en categoría juvenil como en el senior territorial, firmando el mejor final de temporada de toda su trayectoria deportiva.
Los éxitos colectivos también han acompañado al equipo. Durante el mes de abril, el Imperial Toledo Balonmano se proclamó campeón de Castilla-La Mancha en categoría juvenil femenina y senior territorial, además de lograr un meritorio tercer puesto en el Grupo F del Sector Nacional Juvenil Femenino.
Para Sara, una de las claves del éxito ha sido la unión del grupo.
“Lo que nos ha llevado a conseguir nuestros objetivos es haber formado un equipo dentro y fuera de la pista. Ese buen ambiente se transmite también en las familias y en los padres del equipo, que siempre nos comparten su energía positiva”, señala.

El deseo de ver crecer el balonmano femenino en Cuenca
Pese a su nueva vida en Toledo, Sara no olvida sus raíces deportivas y mantiene un fuerte vínculo emocional con el Balonmano Ciudad Encantada, club al que considera “su casa”.
La jugadora sueña con que en el futuro la entidad conquense cuente también con una sección femenina consolidada.
“Ojalá exista una sección femenina dentro del club. Sería algo muy bonito para muchas niñas y jugadoras que sueñan con seguir creciendo en el balonmano y sentirse representadas”, afirma.
En este sentido, considera fundamental que el deporte femenino siga ganando espacio y visibilidad en la provincia.
Disciplina dentro y fuera de la pista
Además del esfuerzo deportivo, Sara compagina diariamente los entrenamientos con sus estudios en Toledo, donde reside en una residencia estudiantil vinculada a su instituto.
Su rutina refleja el sacrificio que exige el deporte de competición a edades tempranas: clases por la mañana, horas de estudio, entrenamientos diarios y tiempo para mantener el contacto con su familia antes de descansar.

“Cuando vuelvo de entrenar, ceno, me ducho, llamo a mi madre, estudio un poco más y me voy a dormir. Descansar el cuerpo y la mente es muy importante para rendir en las dos cosas”, explica.
Con humildad y ambición, la joven conquense tiene claro cuál es su objetivo inmediato: seguir creciendo como jugadora y disfrutar del balonmano.
“El tiempo dirá hasta dónde puedo llegar”, concluye.


































































