Diecisiete años han pasado desde que el Minglanilla jugara por última vez en Preferente, un periplo muy largo donde mayoritariamente estuvieron en Primera Autonómica, pero también con paso por Segunda Autonómica. El pueblo, muy futbolero, llevaba los últimos años luchando por regresar a Preferente y lo consiguieron por todo lo alto en la 24/25, de la que salieron campeones en un último partido de infarto ante su máximo rival por el primer puesto, un Atlético Ibañés que llegó a adelantarse pero que el goleador local Antonio González se encargó de devolver las tablas dos minutos después. Un empate que a 1 final que sirvió para que Minglanilla, pueblo y equipo, celebraran el ansiado hito.
Uno de los máximos culpables es José Mari Navarro (Motilla del Palancar, 1985), entrenador del club durante este curso en el que era su primera experiencia como míster de un primer equipo. Si bien el entrenador motillano no seguirá al frente del club en la próxima campaña, hemos hablado con él para valorar cómo ha sido este año que terminó en un ascenso tan buscado como merecido. Y José Mari tiene claro el por qué se ha conseguido: «El compromiso de los jugadores ha sido de diez».
Eso sí, solo tenía palabras de elogio para todos los involucrados, porque al margen de la plantilla, también se ha volcado «la afición, la directiva y el club en general. Toos hemos sido uno, hemos estado todos en el mismo barco», sentenciaba. Por eso, José Mari se mostraba «satisfecho con el trabajo realizado».
La cercanía entre Motilla del Palancar y Minglanilla, además de que conocía a la plantilla por haberse enfrentado a varios de sus componentes en su etapa de futbolista, le convencieron para tomar las riendas del Minglanilla. «Era un proyecto ambicioso, con muy buen equipo para probar y divertirse», recuerda José Mari, quien recalca la palabra divertirse, ya que «yo les decía que esto es un hobby y lo que quería es que se divirtieran entrenando y jugando».
Del partido decisivo recuerda que «el Atlético Ibañés nos marcó en su único tiro dentro del área». A pesar de que se puso cuesta arriba, no se puso nervioso, porque durante la semana «trabajamos mucho la mentalidad, porque sabíamos que ese escenario podía ocurrir». Cierto es que el tanto de Antonio González llegó solo dos minutos después, como también es verdad que después del varapalo el Minglanilla se rehízo queriendo jugar ipso facto porque «queríamos ganar el partido».
Ahora, José Mari Navarro espera acontecimientos. Seguirá vinculado a los banquillos y en los próximos días se conocerá de manera oficial cuál será su nuevo destino.

































































