El fútbol conquense ha perdido a uno de sus baluartes, quizá más desconocido en los últimos años para las nuevas generaciones, pero una figura indispensable en una etapa de expansión de este deporte. Porque Pedro Bonilla Urango -Pedro Boni, como se le conocía cariñosamente- ha sido un gran conocedor de las hornadas de futbolistas conquenses.
El Pedro Boni entrenador era de los de la antigua usanza: entrenamientos relativamente básicos (de la época) para recalcar los conceptos básicos, él como máximo responsable de todas las áreas (un preparador físico, por aquel entonces, ni existía) y sobre todo un gran gestor de vestuarios. En tiempos actuales, al entrenador se le ve más como una figura de autoridad; entonces, ser el entrenador de una plantilla era lo más parecido a ser un padre. Y en esa faceta, Boni destacaba y mucho.
Cuando hablamos de él, es importante resaltar su lado humano. Porque más allá de los éxitos deportivos, que los tuvo, fue una figura entrañable dentro del fútbol conquense. Era habitual que llevara pasteles a los entrenamientos, que sus jugadores viajaran con él en su furgoneta, que hablara con todos los componentes de las plantillas para hacerles ver que siempre llegaría una oportunidad… Como decimos, más que un entrenador, un padre. Capaz de alentar a sus jugadores mediante cánticos de guerra tan estrambóticos como «1, 2, 3, que levante la mano quien se quiera salvar» (en un amistoso en Mota con el filial del Conquense, para tratar de quitar tensión al debut de varios jugadores) o de avisar a sus jugadores con que un «2-0 a favor es el resultado más engañoso del mundo».
Extenso currículo deportivo
Debido a que la ingente cantidad de información que pulula por Internet llega en una época posterior a la suya, puede que por ello se pueda caer en el error de olvidar la importancia que tuvo en el fútbol de Cuenca. Los más viejos del lugar recordarán que Pedro Boni fue durante muchos, muchísimos años, entrenador en categorías inferiores del Conquense. Algunos con muy buena memoria sabrán que él fue secretario técnico del primer equipo, «Después de los dos años y medio que hemos sufrido todos, pienso que hay que tener los pies en el suelo y empezar a llevar la ilusión a La Fuensanta», fueron sus primeras declaraciones como secretario técnico (¿a qué no suenan tan diferentes a las que dijeron desde el grupo inversor al aterrizar este verano?). Y lo consiguió, porque con el también conquense Paco Perales al frente como entrenador, en la 90-91, esta dupla consiguió un hito histórico: alcanzar la primera promoción de ascenso a Segunda B. Ya para el sobresaliente, habrá quien recuerde que Boni incluso bajó al barro y llegó a ejercer entrenador del Conquense ese año, tras la suspensión en la antepenúltima jornada de Perales. Boni ejerció de responsable balompédico en Tarancón, en un partido fundamental para alcanzar la fase de ascenso, y en el que se ganó 0-5 (Boni puede presumir de tener una efectividad del 100% de victorias como entrenador del primer equipo).
Un año después, 91-92, todavía mejoraron los registros y el Conquense acabó subcampeón de liga, e incluso en la fase de ascenso se soñó por momentos con subir. Y en la 92-93, que empezó con mucho miedo de desaparición (el presidente Juan Ramírez reculó sobre su intención inicial de desvincularse para completar tres años muy interesantes en la historia del Conquense… este año además fichó a Caparrós como entrenador), Boni fue uno de los sancionados en uno de los episodios más controvertidos de la historia del Conquense: el anexo del árbitro Desiderio Suárez en el partido de Copa del Rey Realejos-Conquense. A él le cayeron cinco semanas de sanción.
Boni fue el culpable de que aterrizarán en Cuenca jugadores como Canorea o Pancorbo, que el mítico Ramón hiciera un último año antes de retirarse, que Marce y Cardo debutarán con el primer equipo…
Etapa en el Conquense B
Pedro Boni volvió a la primera plana del Conquense, concretamente de su filial, en la campaña 02/03. Y el resultado no pudo ser mejor: ascenso a Tercera División. El filial, en la entonces llamada Primera Autonómica (años después se creó la actual Preferente), cuajó una gran campaña y terminó en segunda posición, no sin polémica que tuvo que lidiar el entrenador. Debido a que el presidente Ángel Pérez quiso apostar fuerte por el ascenso, y con el primer equipo ya salvado, se decidió aprovechar una norma por la que los sub 23 del primer equipo podían reforzar al filial. En la última jornada de liga peligró el subcampeonato, a pesar de la presencia de jugadores del primer equipo, y salvaron un 2-2 en el campo de tierra del Esquivias (llegaron a ir 2-0 perdiendo), un punto que le valió luchar por el ascenso contra el otro subcampeón: el CF La Solana. Esta eliminatoria no tuvo color: los Ibrahim, Salas, Alfonso, Lozano, López Garay, Gaby y Barber (todos ellos del primer equipo) sí demostraron su diferencia de categoría, lo que unido a un plantel muy fuerte de canteranos sirvió para apabullar a los solaneros. 0-4 en la ida y 3-0 en la vuelta, este último jugado en el actual Joaquín Caparrós y con mensaje reivindicativo de Lucas (en fechas recientes, entrenador del Conquense Juvenil) al anotar el tercero y último. El propio Boni también fue muy claro: «El ascenso se lo dedico a los jugadores que se han quedado en la grada en esta eliminatoria».

Homenaje del Conquense como ex futbolista
Pedro Boni tuvo su papel como futbolista del Conquense en la complicada 69-70, en Segunda Regional y con alto protagonismo de jugadores de la casa. Por ello, el 27 de abril de 2001 fue uno de los 103 exfutbolistas homenajeados en La Fuensanta en los prolegómenos de un encuentro ante el Talavera de la Reina.
Tarancón, Minglanilla y San José Obrero
El ascenso no le valió para seguir como entrenador del filial y fue sustituido por Arguisuelas. Pero él se marchó a Tarancón, donde estuvo otro año. También estuvo posteriormente en el Minglanilla y, a mediados de la primera década del siglo XXI, recaló en un San José Obrero del que fue jugador y al que entrenó varias temporadas.
Esa fue su retirada como entrenador, pero no del ámbito deportivo, porque era habitual verle en las gradas del Obispo Laplana y La Fuensanta hasta fechas recientes. En los últimos meses, su salud había decaído con el triste desenlace.
Descanse en paz, don Pedro Bonilla Urango.




































































