La gesta del Manchego Provencio resonará de aquí a unos años cuando cualquiera de los más de 800 aficionados o la veintena de jugadores y cuerpo técnico que fueron protagonistas en la misma echen la vista atrás.
Quien lo va a recordar con especial cariño, y no es menos, es Francisco José Gimena, entrenador del conjunto aurinegro. Él resumen este ascenso como una victoria de «David contra Goliath», pues considera que no sólo hay que destacar la gesta de remontar un 2-0 en contra y lograr el objetivo en una agónica tanda de penaltis, «también es el rival, Daimiel tiene un equipazo y fuimos capaces de lograr un ascenso contra todo pronóstico».
El entrenador señala que el partido «fue un sinvivir», ya que después de una primera parte con poco a destacar (el choque iba 0-0 y con un Daimiel manejando plácidamente la eliminatoria por su victoria en el primer partido por 2-0), el Manchego salió a «pecho descubierto» en el segundo tiempo. «Les dije a los chicos que todavía quedaba mucho y estábamos en el partido, que necesitábamos solo un gol para hacer que les entraran las dudas». Dicho y hecho.
El Manchego Provencio asedió al Daimiel nada más salir de vuestarios y en solo dos minutos, un balón botado desde el córner fue rematado por Diego de cabeza para poner la primera e importante piedra en el camino de la remontada. «Comenzaron a cometer errores y nosotros no paramos de generar», explica Gimena que asegura que un Municipal arrebatado -y «lleno de la bandera» con más de 800 aficionados, 100 de ellos llegados desde Daimiel- estalló cuando Nete marcó un espectacular gol desde falta directa muy lejana.
Empatada la eliminatoria, quizás llegó lo más difícil. Y es que el sobreesfuerzo de la remontada pasó factura a los locales, con cierta pesadez en las piernas y con un Daimiel «herido» que comenzó a asediar la portería local una jugada tras otra. «Aquí es donde nuestro portero, Calero, hace tres paradas de mucho nivel y consigue mantenernos para llevar al partido a la prórroga», explica el entrenador. Aún habría tiempo para mas cuando a pocos minutos de alcanzar el final del segundo tiempo de la prórroga Calero evitó un gol cantando del Daimiel para forzar los penaltis. «Fue un salvador, paró dos penaltis y cuando en el definitivo estrellaron el balón en el larguero, se desató la locura en El Provencio».
La afición, que actuó como un jugador más en la eliminatoria, llenó el campo para abrazar a sus héroes locales, que se vivieron una de las emociones más bonitas de este deporte enfrascada bajo el aura del fútbol modesto. Un ascenso de un pequeño pueblo que vuelve a la Preferente trece años después.

NO MOLESTEN, SEGUIMOS SOÑANDO
Lo primero que hizo el técnico del Manchego Provencio una vez su equipo consiguió el ascenso a Preferente fue acordarse de los suyos. «Abracé a mi hijo, a mi mujer, mis padres… la familia siempre es la que nos sufre y nos aguanta cuando no siempre salen las cosas, por todos esos malos momentos eran a los que más tenía que agradecer», añade.
¿Y ahora qué? «Pues ahora de momento vamos a descansar unos días, a cenar todos para celebrar el ascenso y ya se verá el futuro», admite el técnico, que reconoce que «la Preferente es una categoría muy competitiva, donde vamos a encontrarnos equipos a la altura de Daimiel como mínimo y de ahí para arriba».
El entrenador reconoce que tiene ilusión por continuar en el equipo en este salto a la nueva categoría, pero es prudente y señala que «hay que ir con pies de plomo y no volverse loco», pues define la Preferente como una división «difícil por el salto económico y futbolístico».
Lo que queda claro es que Gimena puede sonreír de oreja a oreja después de conseguir su cuarto ascenso al frente de un banquillo tras lograr promocionar con el Villarrobledo a Liga Nacional Juvenil, con San Clemente a Preferente también y con el Villarrobledo B logrando el ascenso de Segunda a Primera Autonómica en la campaña 2021/22.


































































