El Club Deportivo San José Obrero pierde tras la conclusión de la temporada 2025/26 a una de esas figuras cada vez menos habituales en el fútbol modesto. De esos jugadores que representan mucho más que minutos sobre el césped. Carlos Rufo pondrá fin a su etapa en Cuenca para regresar a su Talavera natal tras más de una década ligada al fútbol conquense, dejando atrás una trayectoria marcada por la entrega, el sacrificio y una identificación absoluta con el escudo rojillo y con el barrio de Las Quinientas.
El futbolista talaverano cierra una etapa de prácticamente diez años vinculados al San José Obrero, con un breve paréntesis esta temporada en el Fútbol Sala VivoCuenca de Segunda División B, una aventura que, reconoce, afrontó con ilusión pese a las dificultades de adaptación a una modalidad completamente diferente: “Empecé intentando adaptarme a una categoría y a una modalidad nueva. Creo que sí llegué a adaptarme, pero mi sensación era que no aportaba al equipo todo lo que necesitaba”, explica Rufo sobre su experiencia en el conjunto azulón.
Aquella sensación personal, unida al delicado momento que atravesaba el San José Obrero en liga, terminó provocando su regreso al fútbol once para ayudar al club de su vida en uno de los momentos más complicados de la temporada: “Se juntó todo. El San José estaba en una mala racha y decidí volver para recuperar mis sensaciones como futbolista y también para ayudar al equipo”, señala.
Su vuelta coincidió con la reacción del conjunto rojillo, que logró asegurar la permanencia con menos sufrimiento que la pasada campaña, aunque nuevamente peleando hasta las últimas jornadas por la salvación: “Nos juntamos más, hicimos más piña y miramos todos hacia el mismo objetivo, que era salvarnos”, resume.

Un jugador convertido en símbolo del San José Obrero
Más allá de números o categorías, la figura de Carlos Rufo ha terminado convirtiéndose en sinónimo de identidad para el San José Obrero. Un futbolista de barrio, querido por la afición rojilla y respetado dentro del vestuario por su compromiso innegociable. “No podía haber caído en mejor club”, afirma con rotundidad al hablar de su etapa en Cuenca. “Yo siempre doy todo lo que tengo. Aunque haya momentos en los que parece que no puedes más, se sacan fuerzas de donde sea. Nunca me doy por vencido”.
Cuando le preguntamos por el mejor recuerdo con el Obrero, Rufo no duda en recordar la salvación agónica lograda hace varias temporadas bajo la dirección de Fran García, en un curso marcado por la incertidumbre, la juventud del vestuario y una situación límite en la clasificación.
El defensa recuerda especialmente aquella temporada en la que el equipo enlazó nueve victorias consecutivas cuando parecía condenado al descenso: “Nadie daba un duro por nosotros. Teníamos que ganar prácticamente todos los partidos que quedaban y lo conseguimos”, rememora. El desenlace llegó en Cebolla, ante el Torpedo 66, en un desplazamiento convertido ya en recuerdo imborrable para el entorno rojillo. “El campo estaba lleno, vino un autobús de gente de Cuenca para apoyarnos y conseguimos la salvación. Fue un milagro”.

“Una parte de mí se queda en Cuenca”
A sus 29 años, Rufo pone punto final a una etapa que reconoce como la más importante de su vida personal y deportiva. “Una parte de mí se queda aquí, en Cuenca, en el San José y en el barrio de Las Quinientas”, expresa emocionado.
El talaverano llegó siendo apenas un adolescente y abandona la ciudad convertido en uno de los rostros más reconocibles del fútbol modesto conquense. “Vine con 18 años, casi como un niño, y me voy ahora con 29. Creo que me voy medio hombre”, confiesa.
Aunque su futuro deportivo todavía no está completamente decidido, Rufo reconoce que necesita tiempo antes de decidir si continuará jugando al fútbol la próxima temporada. “Ahora mismo diría que no, pero me conozco y sé que me va a picar. Voy a dejar pasar el verano y ya veremos”, concluye.
A su inolvidable huella futbolística, no hay que dejar de lado su dedicación al San José, siendo parte de la directiva y ayudando siempre al equipo cuando lo ha necesitado, llegando a saltar al campo «casi cojo» pero imponiendo esa autoridad que solo los que lo han tenido enfrente conocen.
Lo cierto es que se cierra un capítulo importante para Rufo y para el San José Obrero. El dorsal ‘3’ volverá a quedar libre en el equipo que dirige Adrián Algarra, con un tremendo peso para su futuro portador, pero queda claro que la historia de este talaverano seguirá por un tiempo en el cuadro rojillo y en el emblemático barrio de Las Quinientas.


































































