El Minglanilla volvió a competir con la identidad de siempre, pero esta vez la recompensa no llegó. En su visita al Sporting de Alcázar, el conjunto minglanillero cayó por 2-1 en un partido intenso y de muchos duelos, condicionado por dos acciones desafortunadas antes del descanso y por un tramo final en el que, aun con superioridad numérica, faltó la pausa necesaria para completar la remontada.
La primera parte fue tan igualada como táctica: dos buenos equipos, cada uno con sus armas. El Minglanilla buscó hacer daño a través de transiciones rápidas y, especialmente, por la banda derecha, con varias salidas que terminaron en centros que no encontraron rematador con verdadero peligro. Enfrente, el Sporting de Alcázar quiso construir desde atrás, pero alternó con juego directo, explotando el balón largo hacia Óscar, su punta, para que descargara y diera continuidad a las jugadas.
En ese escenario de equilibrio llegó el golpe para los visitantes. Una acción dentro del área del Minglanilla, un plantillazo que no fue señalado, desembocó en el 1-0 tras el disparo posterior de Emir Alejandro en el minuto 35. Y el segundo tanto llegó poco después, en otra jugada desgraciada: en una salida del guardameta, el balón se le escapó de las manos al ir al suelo, quedando a merced del propio Emir Alejandro, que no perdonó. Con el 2-0 al descanso, la sensación era clara en el bando minglanillero: más demérito propio que mérito del rival.
Tras el paso por vestuarios, el Minglanilla dio un paso al frente. Salió con mucha energía, ganó más duelos y empujó el partido hacia campo contrario. La ocasión más clara del segundo tiempo nació de un balón aéreo que ganó Pedro; el rechace le cayó a Antonio dentro del área y, solo ante el portero, su volea se estrelló contra el cuerpo del guardameta. Fue un momento clave: no entró, pero reforzó la convicción del equipo.
El encuentro tomó otro rumbo con la expulsión de un jugador de Banbe por doble amarilla. A partir de ahí, el Sporting se protegió todavía más y el Minglanilla arriesgó: línea de tres atrás, más gente en ataque y presión sostenida. El premio llegó con un pase de Rachid que encontró la profundidad; Sergio atacó el espacio y, ante la salida del portero, definió para el 2-1 cuando todavía quedaba mucho por delante, ya que era el minuto 83.
Sin embargo, el tramo final se jugó a lo que quiso el conjunto local: orden, ayudas y resistir. Al Minglanilla le faltó tranquilidad con balón para convertir la superioridad en ocasiones realmente claras. Empujó, generó incomodidad y metió al Alcázar en apuros, pero el gol del empate no apareció.
Se queda con 26 puntos y en la undécima plaza el equipo de Jesús Prieto.


































































