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Cuenca te habla, Pablo Olivares

Este sábado juegas en casa, o en la que ahora es tu casa, pero antes de que empiece el partido, antes de que ruede el balón… hay algo que tienes que escuchar.

Porque hay ciudades que no hablan. Y luego está Cuenca. Y Cuenca, hoy, te habla a ti.

Han pasado ocho meses. Ocho meses desde que te fuiste. Y quizá desde fuera todo parezca igual: el campo, el escudo, el nombre. Pero no lo es. Nada es igual.

La Fuensanta ya no es la misma. Donde antes había silencio… hoy hay ruido. Donde había dudas… hoy hay gente. Donde costaba mirar al futuro… hoy la grada casi se llena.

La gente ha vuelto. Ha vuelto a creer, a sentir, a empujar. Y eso, Pablo, no se construye solo con resultados. Se construye con algo mucho más difícil: devolverle a una ciudad la ilusión que había perdido.

Porque Cuenca llevaba tiempo en silencio. Demasiado tiempo mirando hacia abajo. Demasiado tiempo acostumbrándose a no esperar nada. Y eso ha cambiado.

El club ha cambiado. Hay nuevas infraestructuras, nuevas ideas, nueva ambición. Pero, sobre todo, hay algo que no se ve en los números ni en las obras: ha cambiado la mentalidad.

Hoy Cuenca ya no es una ciudad resignada. Es una ciudad que vuelve a creer en lo suyo, que vuelve a mirar al campo con orgullo, que vuelve a sentir que esto es de verdad.

Y en el campo, lo mismo. Hoy el Conquense es un equipo que compite, que no concede, que sabe lo que es. Un equipo que ha entendido que aquí no se viene a esperar… se viene a pelear cada balón.

Tú formaste parte de otro momento. De una etapa que obligó a tomar decisiones, de un punto de inflexión.

Hoy no te enfrentas al Conquense que conociste. Hoy te enfrentas a un club que ha crecido, a una ciudad que ha despertado, a una grada que ha vuelto.

Y hay algo más que queremos que sepas. Este sábado, una parte de Cuenca estará allí, en tu nuevo estadio. Más de los que imaginas, más ruidosos de lo que escuchaste en La Fuensanta el año pasado.

Pero esta vez, el ruido será en tu casa.

Si te lo hubiéramos dicho cuando te fuiste, no nos habrías creído. Nosotros tampoco. Pero nos han hecho creer.

Cuenca ha cambiado. Y siempre eres y serás uno de los más queridos en este club y ciudad.

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