La temporada 24/25 ha sido muy convulsa para uno de los históricos del fútbol español: el Lleida CF. Con pasado en Primera División y después de una 23/24 donde jugaron la fase de ascenso para subir a Primera RFEF, sus jugadores estuvieron más de medio año sin cobrar. En un alarde de profesionalidad, salvaron al club en el campo, no así en los despachos. Porque ya han sufrido un descenso administrativo -su plaza en Segunda RFEF está a la venta por más de 288.000 euros- y su continuidad parece imposible.
Uno de los jugadores que formaba parte de esta plantilla era Fernando Cortijo (Sisante, 1999), quien recaló en la 23/24 y se hizo dueño del lateral izquierdo. 62 partidos en dos temporada, cuatro goles, y muy querido por la afición gracias a su desparpajo y esfuerzo físico, el sisanteño terminó oficialmente su contrato con los ilerdenses el pasado 30 de junio.
«Al principio de año pintaba muy bien el proyecto», señala Cortijo a este medio, aunque pronto se torcieron las cosas. «Al comenzar la temporada las gestiones que se hicieron en muchos aspectos no fueron buenas. Tras el año que vivimos, con la ilusión de la fase de ascenso que vivimos, la temporada de este año la empezamos diferente», indica. Así, una vez arrancada la pretemporada, ve que puede ser diferente al año tan bonito del que venía. «Siendo las mismas personas, hubo cambios donde la plantilla no está muy a favor», resalta.
Con todo, hubo que esperar a enero para comenzar los impagos. «Ese mes ya hubo retrasos de pagos, pero lo acabamos cobrando metiendo presión al presidente. A partir de ahí, la situación se descontroló, empezaron a debernos dos meses y ya el presidente, Luis Pereira, bajó al vestuario y dijo que no pagaría más, que no quería pagar aún teniendo todo el dinero que tiene». Es en ese momento cuando la plantilla, que luchaba por meterse en los playoffs de ascenso, sufre un golpe anímico enorme puesto que, por mucho que sea categoría semiprofesional, la gran mayoría de ellos viven fuera de su casa y no tienen otro sustento económico.
«Decidió dejarnos tirados, tanto a la plantilla como al cuerpo técnico, personal de oficinas, entrenadores de la base… Todo el club», rememora de manera amarga. Hubo cambio de entrenador por esta situación y la plantilla se sentó a hablar: «Dijimos que nosotros, como futbolistas profesionales sabiendo que no nos iban a pagar, teníamos que salvar la categoría y dejar al Lleida en la categoría donde se merece». Incluso otros directivos o personal de oficina bajaban al vestuario para pedirles la permanencia y hacer ese esfuerzo por la ciudad. Lo consiguieron, pero el ambiente en el día a día era insostenible. «Eran varios meses sin cobrar, había que pagar alquileres, comidas, los gastos de cada uno, futbolistas con familia e hijos…», recuerda. Lógicamente, esta situación tuvo un impacto directo en el ánimo general y los resultados se resintieron, por lo que la afición -entonces desconocedora de la situación- les pitaba y mostraron alguna falta de respeto, pero cuando la crítica situación económica vio la luz la afición «nos apoyó y entendió en todo momento. Muchas personas cuando nos veían por la calle, nos decían que si necesitábamos algo que se lo dijéramos sin problema. Nos querían ayudar».
Siempre positivo, Fer Cortijo resalta que «todo esto es un aprendizaje. Y es que hay muchas cosas externas que no dependen de ti, que no puedes controlar, pero todo esto no lo sabes hasta que lo vives». Y por mal que lo haya pasado, sí cree que finalmente esta situación le ha aportado personalmente, porque «gracias a esto, maduras como persona, como futbolista, y te enseña a manejar muchas más cosas que antes ni pensabas».
Aquel Fer Cortijo que recaló, hace dos veranos -ya sin ser sub 23- en Lleida, era muy distinto al actual. Cuando llegó, coincidió en un vestuario «con mucha gente que venía de haber jugado en buenos equipos y categorías», y él creció junto a ellos. «Me sentía futbolista de verdad, había una seriedad increíble en todos los aspectos y jugar en el Camp D’esport es brutal». Ahora, 64 partidos y dos años después, Fer Cortijo se considera «mejor futbolista y mejor persona», ya que salir lejos de casa y de tu zona de confort «te hace madurar y saber lo que tienes entre manos».
En busca de su nuevo hogar
La vida de un futbolista es relativamente corta y, en ocasiones, no hay casi tiempo a asimilar lo que sucede. Pero tras esta mala experiencia, Fer Cortijo debe encontrar un nuevo equipo donde reencontrarse con el fútbol -o, por lo menos, olvidarse de los factores externos del fútbol-. Cuenta con ofertas, pero ahora es momento de valorarlas -tanto lo deportivo como lo profesional- para elegir la mejor opción posible. Así, su prioridad pasa por encontrar «un proyecto ganador, serio, donde luche por cosas bonitas, donde de verdad sienta que voy a estar bien, feliz y motivado, que al final eso es muy importante también».

































































