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Las claves de la derrota del Conquense ante el Cacereño

Once Inicial de la UB Conquense ante del Cacereño

El ying y el yang, la cara y la cruz, o el día y la noche. Cualquiera de estos elementos serviría para definir a la perfección la derrota del Conquense en Cáceres, que, tras una enorme primera mitad en la que se puso por delante, desperdició la ventaja con un segundo tiempo del que se pueden extraer pocos aspectos positivos. Si en los primeros cuarenta y cinco minutos el equipo de Rober Gutiérrez llevó la batuta del encuentro e incluso dominó al Cacereño en algunas fases, en la segunda mitad sucumbieron, y con creces, ante un equipo que les arrebató el sueño de disputar la Copa del Rey.

De la firmeza al espejismo

El inicio no pudo ser mejor. Con Raúl Caballero entrando en el once en lugar de Pablo Olivares -lo que permitió a los blanquinegros formar un 4-4-2 en ataque- el equipo supo crecer desde la posesión del balón, temperando y moviendo el esférico (que tuvo que ser cambiado en varias ocasiones debido a una supuesta baja presión del aire) de un lado al otro. El equipo mostró personalidad en un Príncipe Felipe que solo había visto perder a su equipo en casa en dos ocasiones de las 14 disputadas, y que por un momento estuvo cerca de ver la tercera. Sobre todo cuando Yuya, tras un saque de esquina botado por Sergio Rodríguez desde la derecha y tocado por Antonio Fernández en el primer palo, aprovechó para meter la bota en boca de gol y adelantar a los conquenses en el 18′. A raíz del tanto, los blanquinegros no quisieron sentenciar el encuentro y decidieron ‘cantarle una nana’ al Cacereño para dormir el partido, y aunque sí que sufrieron algún susto tonto, consiguieron mantener el resultado hasta el descanso. Pero todo cambió.

Otra película

Veinte minutos. Ese es el tiempo que duró la alegría del conjunto de Gutiérrez —y del Deportivo Guadalajara, que estaba pendiente del choque para ser matemáticamente equipo de Primera RFEF— en la segunda parte. Los ajustes tácticos y la entrada de Adri Pérez y Boudaoud en el entretiempo sirvieron a los locales para cambiar la tónica del encuentro, y, sumado a la fragilidad defensiva conquense, les dieron la oportunidad de darle la vuelta al marcador. El primer golpe, obra de Pau Palacín, vino precedido de un centro lateral que, tras una serie de semidespejes que se convirtieron en errores a la hora de ganar las segundas jugadas, acabó con el ‘9’ revolviéndose bien en el área para empatar el duelo en el 49′. La primera en la frente.

Liam durante el encuentro ante el Cacereño | Imagen original: UB Conquense

Una fragilidad atípica

Y si en el primer gol el Conquense no mostró la solidez defensiva que había exhibido en jornadas anteriores, los siguientes dos tantos locales confirmaron que ese no era su día. Después de otro balón rechazado en la frontal, Jaime Sancho aprovechó la oportunidad para sellar la remontada, dejando a los de Gutiérrez sin capacidad de reacción. Y es que a pesar de la entrada de Olivares, quien intentó aportar esa garra y mordiente que tanto caracterizó al equipo blanquinegro anteriormente, otro error infantil propio sentenció el encuentro. En un saque de banda a favor, ya fuera por falta de precisión en el bote o por un error de comunicación entre compañeros, el conjunto de Julio Cobos aprovechó para robar el esférico y realizar una rápida transición que acabó en los pies de Sancho, quien no perdonó y finiquitó el encuentro. Una remontada y golpe de realidad en cuestión de minutos.

Liam y Kain, lo único positivo

Tras completar la hazaña, el Cacereño se replegó en su campo, dejando a los visitantes -que necesitaban el gol para meterse en el partido- tomar el control del juego. Pocas ocasiones de peligro reales generaron los conquenses, aunque, si hay algo positivo que extraer de esos cuarenta y cinco minutos, fue el debut de Liam tras su incorporación en el mercado de invierno y la reincorporación de Kain, quien tras seis meses de inactividad por su lesión en la rodilla, volvió a vestirse de corto. Ambos aprovecharon para sumar minutos y ritmo de cara al final de temporada, que se perfila aparentemente tranquilo para los de Rober Gutiérrez. Tras este resultado, los blanquinegros ocupan la novena posición con 42 puntos, ocho por encima del Moscardó, equipo que marca los puestos de descenso cuando solamente restan cuatro jornadas para que finalice el curso.

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