El capitán del FS VivoCuenca es un hombre atípico en este mundo que nos toca vivir. Huye de redes sociales, sin tatuajes, sin estridencias. Un tipo tranquilo, educado y comprensivo, de esos que no levantan la voz salvo cuando es necesario y que cuando habla todo el mundo escucha. Es fácil verle en las mudanzas -trabaja en la empresa familiar Mudanzas Valero- y lo hace de igual forma que sobre la cancha: callado, pero sin parar.
Sobre el 40×20 traslada su personalidad por el bien del equipo. El jugador, forjado en el fútbol 11, siempre destacó por su desplazamiento de balón, su visión de juego y su juego combinativo. En el fútbol sala se ha ido adaptando, y a pesar de que es de los más pequeños del equipo, se engrandece sobre la pista. De hecho, uno de los aspectos donde más destaca es en su defensa, siempre atento para leer las jugadas unos segundos antes y con capacidad para entender las habilidades del rival de un solo vistazo.
«La hemos liado bien gorda», reconocía al finalizar el partido ante la UD Alchoyano, tras consumarse el ascenso. «No tenemos palabra sobre lo que se ha vivido en El Sargal», arrancaba su discurso en referencia a la afición, la cual se volcó «desde el minuto cero». Valero aseguraba que «hemos notado el empuje en todo momento. Ya en la primera parte nos han llevado en volandas y hemos salido enchufados desde el inicio». En la segunda, tal vez el resultado, el cansancio o verlo tan cerca, les hizo bajar un poco la intensidad y los gaditanos, un muy buen equipo dicho sea de paso, se metió en el partido. Aun así, el 5-2 era insuficiente para los visitantes y los conquenses celebraban un ascenso histórico.
«Cuenca se vuelca en estas situaciones», aseguraba el capitán. No obstante, en la Copa del Rey de la pasada temporada ya se llenó El Sargal y, en este partido por el ascenso, también. «Cuenca quiere fútbol sala», sentenciaba Valero, quien desea que la próxima campaña en Segunda B le gustaría «ver lleno El Sargal o, por lo menos, que nos acompañen todos los partidos».
La vida siempre da una segunda oportunidad
Pocos saben que Carlos Valero estuvo retirado, por prescripción médica, de la práctica deportiva. El jugador, entonces en el San José Obrero, tuvo que decir un adiós prematuro al fútbol en 2009 y en principio no iba a poder regresar. Cuidarse, sí, pero sin excesos. La atención médica y, por supuesto, su propio cuidado, le hicieron recuperarse, olvidar el mal trago y volver a jugar en la Liga Local de Fútbol Sala años después. De ahí la llamada del VivoCuenca. Y seis años después, a Segunda B.
«Hace seis años empezó mi segunda oportunidad», recuerda emocionado. No lo ha tenido fácil, pero se lo ha ganado a pulso. «Son premios al trabajo de muchos años», resumía al borde de las lágrimas.
Son muchos los jugadores, directivos y cuerpo técnico que merecían este premio, pero en el caso de Carlos Valero, era la vida quien le debía esta alegría. De ahí sus lágrimas de felicidad. Y, por eso, la sonrisa de todos los que le conocemos. Enhorabuena por el ascenso.


































































