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El FS VivoCuenca se queda a un minuto de la gloria

El FS VivoCuenca estuvo cerca, muy cerca, de celebrar lo que hubiera sido un ascenso histórico. Los de Manolo Moya rozaron la Segunda B e, incluso, hubo momentos de alegría en el San Fernando cuando terminaron su encuentro ante el Azuqueca (10-5) al conocerse el empate a 3 en los últimos minutos del Socuéllamos ante el Sierra San Vicente. Y por unos minutos, los azulones fueron equipo de la división de bronce.

Todavía en la pista y pendientes de lo que ocurría a más de 150 kilómetros, el mazazo llegó cuando tan solo quedaba un minuto. Pavel marcaba para los de Talavera de la Reina y con su gol, el 3-4 definitivo, conseguía trasladar la alegría a los aficionados del Sierra San Vicente y sumió en la tristeza a las del Socuéllamos -descendido- y VivoCuenca -segundo, a las puertas de subir-.

A pesar de que durante buena parte de la campaña el equipo de Cuenca lideró el grupo (incluso con siete puntos de diferencia), la temporada no fructificó con el premio que deseaban. Más allá de la desilusión de la última jornada, el tiempo suele ser un gran aliado para ver las cosas en perspectiva. Y el VivoCuenca tiene mimbres para terminar consiguiendo lo que esta 22/23 le renegó: el ascenso. Porque más allá de resultados deportivos, el joven equipo de fútbol sala ha sido capaz de crear una estructura que incluyen categorías inferiores y equipo femenino, tiene masa social que lo acompañan tanto dentro como fuera y tiene en el talento conquense su denominador común al contar con jugadores que son y/o viven en Cuenca.

Solo hay que ver que en los dos últimos partidos en casa que jugó, llegó a aglutinar casi mil personas en El Sargal y unas 400 en el San Fernando. En las gradas, era una constante el color azul de la camiseta del equipo. Entre esos aficionados, incluso hay comunión por parte de equipos inferiores o del femenino -incluyendo su involucración para darle vida a la mascota del club-. Esos detalles son los que hacen a un equipo grande. Y el VivoCuenca ha nacido para quedarse.

Todavía en caliente, con los recuerdos de lo que pudo ser y no fue, quizá no sea balsámico. Pero según pasen los días, se recordará esta temporada como aquella en la que el VivoCuenca fue capaz de ilusionar a toda la ciudad con el fútbol sala.

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Alberto Val