Se echa el telón en el Municipal de Casas de Benítez. Un polideportivo que, a simple vista, puede que no parezca tener nada demasiado distinto a cualquier otro, salvo por el hecho de que se llena cada quince días en época de competición para insuflar un ambiente único a su equipo, el Benitense Fútbol Sala.
Los rojillos han completado otra campaña ilusionante en la que se quedaron a las puertas de meterse en la fase de ascenso a 3ª División, teniendo que luchar por la permanencia, la cual lograron completando esta fase como líderes de grupo.
Dicho así, puede que suene baladí, pero tiene realmente importancia cuando hablamos de Casas de Benítez y el Benitense, un municipio que no llega a los 800 habitantes, pero de los que más de la mitad son socios del club, lo que obliga a que la instalación cuente con gradas supletorias en sus esquinas. «Para este pueblo es todo un reto estar en Preferente», nos cuenta su entrenador, Alberto Hortelano. «Se vuelca todo el mundo, desde comercios, pequeñas empresas, socios… cada partido se llena no solo con gente de Casas de Benítez, sino también con gente de otros pueblos de la comarca como Quintanar del Rey, Casasimarro, Sisante… es todo un orgullo para nosotros», explica el técnico.
El técnico señala que ha sido un año «con mucha incertidumbre» y que «pese a contar con jugadores referentes y que yo considero de categorías superiores, como Iván Cabrero (33 goles) o nuestro portero Pipi, al que muchos equipos rivales han pretendido, tuvimos bajas importantes». Este hecho obligó al técnico a buscar nuevos jugadores, «en un lugar donde el fútbol sala está poco arraigado, la mayoría de jugadores venía del fútbol once».

Este contexto obligó también a apostar por el talento de ligas locales o categorías inferiores, además de que varios jugadores no pudieron entrar en la rutina del equipo por motivos laborales hasta la cuarta o quinta jornada. «Todo esto nos llevó a tener muchas dudas, a lo que se sumó que este año nos hemos encontrado equipos con proyectos muy potentes que buscaban el ascenso a Tercera como Santa Cruz o Daimiel, y de los que estamos a años luz», al menos, fuera de la pista.
Hortelano explica que el formato de la Preferente, con dos grupos y dos fases, hace que la expresión «cada partido es una final» se lleve a su máxima expresión. «No puedes tomarte un respiro, empezamos con dos derrotas en nuestros dos primeros partidos en casa, donde nuestro público es nuestro mayor valor, aun así recondujimos la situación, a pesar incluso de sufrir dos lesiones de larga duración que dejaron al vestuario tocado».
El equipo rozó la clasificación a la fase de ascenso, algo que dejó «una espinita» en el vestuario, «porque el equipo, con el paso de las jornadas, iba a más». Prueba de ello es que los conquenses fueron el único equipo que consiguió doblegar a Daimiel, que completó el resto de sus partidos con victorias.
Alberto no oculta que el tener que volver a luchar por la permanencia después de haberse quedado a las puertas de entrar a esa fase de ascenso podía suponer un golpe para los suyos. «Empiezas de cero, con las mismas opciones, a eso se añade que varios equipos de la región están en descenso en 2ª B, lo que provocaría más descensos por arrastre, por lo que hablé con los chicos y nos pusimos el reto de ser primeros o segundos, los únicos puestos que aseguraban la permanencia».
Desde entonces, el técnico señala que esa rabia se transformó en un rendimiento espectacular. «Tuvieron una reacción increíble, siendo una familia dentro y fuera del vestuario», impulsados por una afición que abarrotaba el Municipal de Casas de Benítez con cada partido como local, y que también acompañó al equipo a partidos clave en Toledo o Ciudad Real, tumbando a equipos con mayores capacidades y completando la permanencia como campeón de grupo, algo que el propio Hortelano señala que tiene «un mérito tremendo».
Con el cierre de otra campaña, Alberto admite que se «están dando pasos hacia delante, consolidando un equipo y una filosofía que apuesta por jugadores locales, con un pueblo volcado y una directiva que trabaja incansablemente para que esto siga funcionando y se vaya haciendo hueco, poco a poco, en La Manchuela».
Ahora es tiempo para reposar y descansar hasta que, con el ocaso del verano, vuelvan a llegar los vientos de pretemporada. «Estoy seguro de que iremos a más», advierte Alberto, a conciencia de que el simple hecho de que en esta población siga viviendo el deporte de la manera que lo hace ya es todo un hito.



































































