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Juan Luis Picazo, el gol estaba en casa

Juan Luis García

En el fútbol conquense siempre ha habido y habrá muchos jugadores que fueron promesas y que, por algún motivo, no llegaron más alto de lo que se esperaba. Una de ellas, en los años 90, fue Juan Luis García García, un delantero que siempre destacó como goleador en equipos de nuestra ciudad como el San José Obrero y el Conquense B.

Aunque es conquense de pura cepa, pues su familia es de Cuenca, Juan Luis nació en Alicante en 1974 porque su padre, en aquel tiempo, trabajaba allí en una entidad bancaria. Con dos años regresaron ya a la capital conquense, donde ha vivido desde entonces.

Sus años escolares transcurrieron en el colegio público Santa Ana, y sus inicios deportivos fueron en un equipo de fútbol sala, en la categoría alevín, concretamente en el Bar Ibérico, que jugaba en la liga provincial. Recuerda que también jugaban el Bar Muelas o la Peña Madridista, equipos potentes en aquellos años. A su memoria viene la estampa de ver el Polideportivo El Sargal completamente lleno. Había mucha rivalidad, pero era sana. Él tuvo la ilusión de poder jugar y compartir vestuario con grandes jugadores, como tuvo la suerte de hacer siempre en su vida deportiva. En el Bar Ibérico jugó sus dos años de alevín, pero después lo dejó. Ya se sabe que a ciertas edades también se buscan otras aficiones.

Su regreso al deporte fue ya en la etapa como cadete con el San José Obrero, donde estaba Santiago como entrenador. Para Juan Luis fue quien le devolvió la ilusión por volver a calzarse las botas. Además, ya no era en fútbol sala, sino en fútbol. Jugaban contra equipos de Cuenca capital, aunque luego se fueron incorporando a competición provincial.

Su siguiente paso fue a la Unión Balompédica Conquense, en la categoría juvenil y a nivel provincial. En aquel momento existía también el Conquense Ahumada, entrenado por Paco Perales, que era un escalón superior, y ahí Juan Luis también jugó algunos partidos. De aquellos tiempos recuerda que aprendía tanto jugando como viendo jugar a sus compañeros desde el banquillo.

Después de su etapa como juvenil, empezó a jugar en la liga local de adheridos. Esa liga servía para no dejar de jugar al fútbol, pues muchos juveniles o veteranos que no estaban en ningún equipo federado tenían así la posibilidad de seguir en activo. Fue en el equipo de Muebles Margo, de la mano de Pepe Ballesteros. En aquel equipo estaba la base del futuro San José Obrero del año 1995. Jugó tres temporadas en este club y lograron quedar muy bien en la clasificación, siempre entre los tres primeros. Aunque era una competición de aficionados, había mucho nivel porque jugaba gente con mucha clase, por ejemplo, exjugadores del Conquense como Servi, Auñón, Sánchez o Molina. Era una mezcla de juventud y veteranía en aquella competición, que enseñaba mucho y te curtía como jugador y como persona.

Los campos eran muy diferentes a los actuales de Cuenca, porque, aunque las instalaciones están en el mismo lugar, se jugaba en el campo de la Bene, pero entonces era de tierra y las caídas ahí no eran muy agradables. De hecho, de aquellos tiempos Juan Luis solo recuerda jugar en hierba cuando iban a Tarancón, al Estadio Municipal. Era complicado jugar en aquellos terrenos de Cuenca, en concreto en la Bene, el Obispo Laplana y en el antiguo campo anexo de La Fuensanta, que ya no existe, pues ahora tiene un campo de fútbol 7 de hierba artificial. Sí llegó a jugar en el entonces recién estrenado campo de hierba artificial también de Los Tiradores.

Y cuando el San José Obrero se refunda o vuelve a sus orígenes, porque había sido filial de la U.B. Conquense y haberse llamado San José Cuenca, Juan Luis ficha por el equipo de las Quinientas. Se hizo un bloque muy competitivo porque los jugadores ya se conocían de su etapa en adheridos y, además, se incorporaron otros buenos futbolistas. Jugaban en Segunda División Autonómica, con equipos ya muy hechos, con presupuestos altos como el Quintanar del Rey (recién ascendido a 2ª RFEF), El Herrumblar, Sisante (contra ellos jugaron el primer partido de liga y Juan Luis marcó el gol del empate final ya cuando el partido estaba finalizando).

Se siente muy orgulloso de esta etapa en el San José Obrero, pues era un equipo modesto, de barrio, una auténtica familia. Permaneció dos temporadas en el equipo del Obispo Laplana y tuvo como entrenadores a Pepe Ballesteros, a Pablo Paredes (auténtica leyenda del fútbol conquense) y Enrique.

Su siguiente equipo fue la Unión Balompédica Conquense B, entrenado entonces por Ramón Núñez, el mítico portero del Conquense, y por Chavo. Ambos confiaron en Juan Luis y ahí estuvo hasta que la mala suerte se cebó con él, pues tuvo una grave lesión: una rotura de menisco que le tuvo sin jugar más de un año.

Luego volvió al San José Obrero, en categoría regional, y ahí coincidió con grandes futbolistas de Cuenca como César Villalba, Pajarón, Herraiz, Palomo (que era el portero), Jota, Tabi, Poyatos (que luego sería entrenador del Conquense y del San José Obrero) o Míchel. Varios de estos jugadores llegaron a debutar con el primer equipo del Conquense, que entonces militaba en 2ª B, pero no llegaron a cuajar porque el entonces entrenador blanquinegro, López Sendino, no apostó demasiado por la cantera. Solo Vicente (un interior bastante rápido de Honrubia) y Jorge Campos (que después jugó en el Novelda, donde en Copa del Rey llegó a disputar un partido contra el FC Barcelona) se consolidaron en el primer equipo. Al final, por temas laborales, tuvo que dejarlo.

Al cabo de unos cuatro años, por aquello del gusanillo del fútbol, volvió a jugar en la liga de adheridos, en la Peña Valencianista, con Conti y Susi, un equipo joven pero ya curtido. Después, en el Bar Princesa, con un mítico del fútbol aficionado de Cuenca como es Capone, en un equipo aguerrido, ya más veterano. Jugando en esta última etapa, tiene la desgracia de tener un encontronazo en un partido jugado en el Obispo Laplana, al caer golpeándose con la barra de la valla que separa el campo del público, y se rompe tres vértebras. Reflexiona en voz alta diciendo que espera que lo que le pasó a él no le pase a ningún jugador más y piensa que deberían tomarse medidas para evitar ese peligro y no tener que lamentar ninguna desgracia más. Estuvo a treinta centímetros de quedarse en silla de ruedas, y aquel fue su final como futbolista. Porque, aunque intentó volver, ya la espalda no le dejaba jugar como debía. Intentó regresar después, pero vio que se resentía y tuvo que dejarlo definitivamente, tan solo alguna pachanga con los amigos, pero ya nada serio. Aquel desgraciado incidente le apartó definitivamente del deporte que tanto le había apasionado.

Aparte de haberle gustado jugar al fútbol, le motivaba mucho aquel ambiente que hacía que, más que un equipo, fueran una familia, y eso era lo más importante. No era solo jugar y ganar, sino conocer gente, vivir experiencias y hacer amistades. Y se alegra de haber podido compartir vestuario y partidos con jugadores de Cuenca muy buenos. Cuenca siempre ha tenido muy buenos futbolistas, reflexiona en voz alta, con los que ha tenido la suerte de jugar, pero que, por circunstancias de la vida, no llegaron a donde podían haber llegado, como Eduardo Morant, un grandísimo jugador, o Rafa Mariana, que se rompió desgraciadamente la rodilla y llegó a debutar con 16 años en Tercera División. Pero en el fútbol no siempre llegan arriba quienes parecían destinados a triunfar. Influyen otras circunstancias, como que las lesiones te respeten o que te den la oportunidad de demostrar tu valía.

Y es que, para Juan Luis, tal vez en Cuenca no se da la oportunidad que se merecen los jugadores locales. Recuerda que un año, Javi Charfolé (un delantero muy rápido y muy valiente), Rubén Guillén (muy buen futbolista) y él mismo hicieron la pretemporada con el Conquense cuando el equipo estaba en 2ª B y lo entrenaba López Sendino. No llegaron a debutar en el primer equipo de la Balompédica y, para él, fue frustrante no tener esa oportunidad, pues era un sueño que siempre había tenido, ya que su padre, conocido en el mundo futbolístico como Picazo, sí llegó a vestir la camiseta blanquinegra. Hubiera sido para Juan Luis la rúbrica a su carrera como futbolista, pero esa oportunidad se le negó y tal vez sea el sueño que no pudo cumplir. Pero era la decisión del entrenador y entiende que buscaría lo mejor para el equipo, aunque la frustración y la ilusión de poder jugar en su tierra, con su gente, haber tenido la oportunidad e intentar poder aprovecharla, pero al menos tenerla, a mucha gente no se le dio. Se apostó mucho más por gente de fuera que por gente de Cuenca. De aquellos tres jugadores que hicieron la pretemporada, ninguno se quedó en la primera plantilla.

De su época de jugador tiene grandes recuerdos y destaca especialmente la temporada 1995/96 con el San José Obrero, en la que logró marcar 30 goles, consiguiendo hacer cinco goles en dos partidos: uno en el campo del Obispo Laplana contra el Benitense (de Casas de Benítez) en un partido en el que ganaron 7-1, y el otro también en casa ante Casas de Fernando Alonso, en un choque que terminó 11-0 a favor de los del Obrero. Marcó en casi todos los partidos que jugó. Pero ni esa cantidad de goles fue suficiente para tener una oportunidad en el primer equipo de Cuenca. Recuerdos que revive Juan Luis con nostalgia, porque fue una etapa muy bonita de su vida. Él era delantero, pero reconoce que en un equipo todos son importantes. Él metía los goles porque todos suman y ayudan; él solo no hubiera podido, un equipo es un bloque desde el portero hasta el último delantero, pero también el cuadro técnico, incluso el utillero. Aquel era un equipo de barrio, muy querido, que animaba mucho siempre, se sentían muy queridos por la afición. No recuerda si llegó a quedar Pichichi de la categoría aquel año; si no lo fue, seguro que con sus 30 goles estuvo cerca. Pero es que también jugaban en aquellos años equipos como Quintanar del Rey o El Herrumblar, que acabó ganando aquella liga y tenía un gran delantero que también marcaba muchos goles: Evaristo, un veterano que era un tanque, se movía muy bien y jugaba muy bien de espaldas. Y de Tarazona de la Mancha había también algún buen goleador.

Le hubiera gustado coincidir con Caparrós como entrenador, pues piensa que es un míster que le da oportunidades a la plantilla, cosa que echa de menos en entrenadores que tuvo en su momento en Cuenca. Curiosamente, sí llegó a jugar contra su hijo Darío, del que dice que fue un buen jugador.

Del fútbol actual, ve que ahora se juega el balón desde la misma área propia; antes se jugaba más al patadón, la defensa no se complicaba tanto. Era un fútbol de mucha fuerza, de menos calidad. Hoy en día se asumen más riesgos y hay que tener un físico impresionante para ir a la salida del balón. Ve que todo va cambiando. Se alegra de que haya jóvenes conquenses triunfando fuera como Pontones o Agustín Moreno, a los que se les ha dado una oportunidad. Aunque reconoce que él ve muy difícil ser un buen entrenador, es algo muy complicado en el fútbol, la verdad.

De sus tiempos como jugador, nota que la preparación física era muy importante y ahora entiende que los futbolistas tienen muy poco tiempo de entrenar debido a la fuerte carga de partidos que soportan, tanto en su club como en la selección. Cree que no se vela demasiado por la salud de los futbolistas, aunque la ciencia ha avanzado y también hay técnicas para recuperar antes de las lesiones. Pero también hay que tener en cuenta que en una temporada juegan 80 partidos, y eso es demasiado exigente para sacar lo mejor de cada jugador. Habría que cuidar más al futbolista.

No se dedicó nunca a ningún otro deporte que no fuera el fútbol, aunque de joven practicó algo de baloncesto o tenis, pero siempre a nivel de diversión.

En sus recuerdos siempre está la gente con la que compartió vestuario, y que para él fueron personas importantes en su vida. Recuerda especialmente a un compañero que tuvo un accidente de tráfico que le truncó su carrera como jugador, pues quedó en silla de ruedas, David Culebras, al que rememora con mucho cariño. Era un gran deportista, muy disciplinado, pero sobre todo buena persona. Hubiera podido llegar muy alto.

Su última reflexión es que en Cuenca jugó con muy buenos jugadores que no tenían nada que envidiar a los de Madrid, pero no se apostó por ellos. Para él, por desgracia, el fútbol tiene ahora mucho de negocio y los canteranos no siempre disponen de las oportunidades que se merecen. Hay que tener suerte y que te respeten las lesiones, pero si no tienes oportunidades nunca vas a poder demostrar tu valía. Luego también la suerte influye, por supuesto, pero está claro que si no juegas, no puedes llegar arriba. Tiene la sensación de que en Cuenca ha habido muy buenos futbolistas que se han desaprovechado.

Recuerda también con cariño los veranos en los que jugaba en el torneo de fútbol 7 que organiza el Ayuntamiento de Cuenca, el torneo de ferias de San Julián, con el equipo La Abuela Fuma, compuesto por amigos y que simplemente se apuntaban para divertirse y pasar un buen rato. Jugaba con su amigo David, con el que mantiene una amistad de toda la vida, pues fueron al colegio juntos desde Párvulos, y con otros compañeros. Para ellos, ganar un partido era ya todo un triunfo, pues había equipos muy fuertes, en los que estaban jugadores de los equipos federados de Cuenca, como Juan Bernal, contra el que llegaron a enfrentarse en un partido. Anécdotas muy bonitas que se recuerdan con el paso del tiempo.

Por eso, Juan Luis recomienda a los jóvenes que practiquen deporte, porque así tendrán más salud y además estarán en un buen ambiente y podrán sociabilizar. Eso sí, reconoce que no le gusta el carácter de algunos padres en los partidos, y eso se tendría que corregir, porque no se puede dar ese ejemplo a niños que están empezando. Hay que erradicar cualquier tipo de violencia de los campos de juego. Lo que hay que hacer es formar a los jóvenes en la deportividad, en el esfuerzo y en hacerse como personas. Y el deporte es algo muy positivo en la vida, como lo fue el fútbol para él, y se queda con los buenos momentos que compartió con gente como Molina, Sánchez, Pepe Ballesteros, David Culebras, César Villalba, Poyatos, Míchel, Enrique, Pablo, Edu Morant, Pajarón, Chus, Rafa Mariana, Jorge Campos y tantos y tantos compañeros y entrenadores que le ayudaron a disfrutar del fútbol y de la vida misma. Le gustaría recordar a todos los compañeros, pero la lista es muy grande, y sí quiere rendir un homenaje a ellos.

Se debería apostar más por el fútbol conquense, se cuide más a estas generaciones y disfruten jugando al fútbol, formando una buena familia por el bien del fútbol conquense. También espera que el San José Obrero esté pronto dándonos alegrías en categorías más altas, pues es lo que se merece, al igual que el Conquense. Desearía que se cuente más con la cantera; el fútbol es amistad, compromiso y debería haber igualdad de oportunidades para todos. Y le desea toda la suerte del mundo a los que vengan, es la reflexión que hace para terminar.

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Manuel Ruiz-Gómez