El VivoCuenca sumó un empate tan espectacular como doloroso ante el Grupo López Bolaños en un partido desbordado de ritmo, errores, aciertos y emoción hasta el último suspiro. El 6-6 final, después de un intercambio de golpes constante y un desenlace absolutamente frenético, deja a los azulones en una situación muy delicada: a seis puntos de la salvación cuando apenas restan cuatro jornadas para el cierre del campeonato.
El conjunto conquense afrontaba una cita clave y pronto se vio obligado a remar contracorriente. El Grupo López Bolaños golpeó primero, con un tanto de Aparicio en el minuto cuatro que silenció momentáneamente El Sargal. El VivoCuenca tardó en asentarse, pero poco a poco encontró la manera de entrar en el partido y equilibró fuerzas en el minuto 12, cuando Álvaro Varas apareció en el segundo palo para firmar el 1-1.

Golpe inicial y respuesta azulona
Ese tanto espoleó a los de Manolo Moya, que encontraron su mejor versión durante varios minutos. Apenas un minuto después del empate, Valen aprovechó un robo para culminar la remontada con una definición certera y colocar el 2-1. El partido se había vuelto favorable para los locales, aunque su mejoría seguía conviviendo con una fragilidad preocupante atrás.
Así llegó el 2-2, obra de Álvaro Guerra, que encontró demasiadas facilidades para volver a nivelar el marcador. Lejos de derrumbarse, el VivoCuenca respondió con ambición. Presionó arriba, robó en campo contrario y encontró premio con el 3-2, firmado por Peñu en el minuto 16. Los locales mandaban, creían y hacían daño, y antes del descanso ampliaron la renta con una de las acciones más brillantes de la tarde: Cerzi culminó con calidad una jugada nacida en los pies de Valen para establecer el 4-2.
Del control local a la remontada visitante
Con dos goles de ventaja y sensaciones positivas, parecía que el VivoCuenca había encontrado el camino. Sin embargo, el paso por vestuarios cambió por completo el escenario. El equipo local perdió agresividad, reculó en exceso y permitió que el Bolaños creciera con el paso de los minutos. Carrillo recortó distancias en el 26′ con un disparo desde la frontal, y ese 4-3 alimentó definitivamente la fe de los visitantes.

Pese al golpe, los conquenses tuvieron opciones para frenar la reacción rival. Budia dispuso de una ocasión clara para recuperar el colchón de dos goles, pero no acertó en la definición. También Cerzi rozó el quinto tanto en el minuto 30, aunque el portero visitante respondió con una buena intervención. Lo que no encontró el VivoCuenca lo halló su rival, cada vez más cómodo sobre la pista.
En el minuto 33, Manu Hernández aprovechó una buena asistencia de tacón de Aparicio para poner el 4-4. El empate dejó tocados a los locales, que ya no lograban frenar el empuje manchego. Román culminó la remontada con el 4-5 en el 35′, y poco después el Bolaños estuvo incluso a punto de abrir una brecha definitiva con una doble acción al palo que hizo temer lo peor en la grada.
Delirio, polémica y jarro de agua fría
Con el partido escapándose, el VivoCuenca recurrió al portero-jugador tras un tiempo muerto y encontró una reacción inmediata. La circulación rápida del balón desarmó esta vez a la defensa visitante y Vicente Araque, tras pase de Peñu, estableció el 5-5 a placer. El encuentro entró entonces en una dimensión de locura absoluta, con los dos equipos atacando sin red y buscando una victoria que se había convertido en oro puro.
También el Grupo López Bolaños apostó por el juego de cinco en un cierre sin pausa ni respiro. Fue entonces cuando llegó la jugada más discutida del choque. Los visitantes reclamaron con insistencia un gol en una acción en la que entendieron que el balón había traspasado la línea, mientras los colegiados interpretaron que el remate se había estrellado en el palo. En medio de esa confusión, Mario sacó con rapidez y Valen aprovechó para marcar el 6-5, encendiendo El Sargal y desatando las protestas del cuadro visitante, castigadas además con varias cartulinas amarillas.

El VivoCuenca acariciaba un triunfo de enorme valor, pero volvió a pagar caro su falta de contundencia en el momento decisivo. En la última acción clave del encuentro, el balón terminó en Manuel Hernández, que armó un disparo con la izquierda, ajustado al palo, para establecer el definitivo 6-6. Un golpe durísimo para un equipo que tuvo la victoria en su mano y que terminó resignado a sumar un empate insuficiente.
Más allá del espectáculo y de los doce goles, el resultado deja una lectura amarga para los azulones. El VivoCuenca compitió, se rehízo varias veces y rozó tres puntos imprescindibles, pero volvió a evidenciar que cada error pesa demasiado en este tramo final. Y el tiempo, ahora sí, empieza a agotarse.


































































