Inicio Noticias Más Deporte Natalia Arias: “He estado toda la vida vinculada al CD Huécar”

Natalia Arias: “He estado toda la vida vinculada al CD Huécar”

De la elegancia más cuidada y técnica con la que competía y enseñaba gimnasia rítmica al intelecto que demuestra en cada una de sus investigaciones académicas vinculadas con el deporte. Natalia Arias ha sido una de las entrenadoras más prestigiosas del CD Huécar. La gimnasia rítmica es el rostro más reconocido de su trayectoria deportiva, que se compone de un sinfín de logros, experiencias, adversidades superadas y sacrificio, mucho sacrificio.

Antes de ponerse las puntas sobre el tapiz se calzó las zapatillas de ballet en el Club Serranía. “Era una niña muy inquieta y mis padres, que también estaban muy vinculados con el deporte, querían que canalizara mi energía a través de él”. Y lo hizo, vaya si lo hizo. Tras el ballet llegaron el patinaje y la gimnasia rítmica, primero como gimnasta y después como entrenadora.

Fue campeona regional tanto por conjuntos como de manera individual y también participó en competiciones nacionales. Se marchó de Cuenca para continuar sus estudios en Madrid, también vinculados con el deporte, pero esto no le impidió seguir compitiendo. Natalia creaba sus propias coreografías y las enviaba a su entrenadora, Esther Martínez para continuar mejorando día a día: “En aquella época no se podían hacer videollamadas, entonces yo le iba diciendo lo que tenía hecho y ella me corregía y me decía lo que me faltaba para completar”. Ese aprendizaje continuo es el que ha intentado transmitir siempre a sus alumnos.

Aunque reconoce que sus aparatos mimados fueron la pelota y las mazas, la pasión que Natalia sentía cada vez que pisaba el tapiz con una sonrisa abrumadora y paso firme trató de transmitirla en su faceta posterior como entrenadora. En la actualidad debido a la conciliación laboral y familiar, su vínculo con el CD Huécar es solo emocional. Atrás queda también su relación con el grupo de discapacidad intelectual del Huécar, conformado por once gimnastas, que han competido a nivel nacional y del que Natalia guarda un cariño especial.

No olvida los campeonatos que el club organizaba ni, sobre todo, sus logros al otro lado de la pista. Recuerda los éxitos alcanzados en los últimos años por gimnastas de la talla de Ismael Gómez, oro nacional con el aparato de pelota; o el seguimiento que la Real Federación Española de Gimnasia ha realizado a Ana Platas y Lucía Romero.

Intentó implantar en Cuenca otras disciplinas, como la gimnasia artística o la estética, obteniendo también la titulación de entrenadora en ambas. Pero la falta de medios le impidió crear algún grupo en la ciudad, estando así únicamente ligada a la rítmica.  Focalizando sus esfuerzos, ha conseguido conformar una cantera de gimnastas envidiable y reconocida a nivel regional, siendo el Huécar elegido durante tres años consecutivos como el mejor club de la provincia por la Federación castellanomanchega de Gimansia.

Pese al sacrificio inherente de la carrera de una gimnasta, Natalia sacaba tiempo para continuar practicando otros deportes. En el caso del yudo, en el que llegó a alcanzar el cinturón verde, su elasticidad le ayudaba a mejorar su técnica en el combate. Sin embargo, en otras disciplinas como el fútbol sala tenía que modificar notablemente su registro: “Al compaginar la gimnasia con el fútbol, era una risa, porque en un sitio me decían levanta la pierna y estira la punta y en el otro que no la levantara porque me pitaban juego peligroso y que no era necesaria tanta técnica”.

Natalia jugaba en el equipo de su colegio, la Fuente del oro, y participó en la primera Liga de Fútbol Sala Femenina de Cuenca, quedando finalmente en segundo puesto, por detrás de Villa Román. Con el Fuente del Oro disfrutó del deporte como hobby y en este equipo también practicó voleibol. Aunque durante su niñez, también conoció otros deportes individuales, como el tenis o la natación, siendo además socorrista a partir de los 16 años.

Con el paso del tiempo, los deportes más técnicos han ido cediendo en favor de los más aeróbicos: La maternidad la impulsó a practicar atletismo y en los últimos años también realiza carrera de montaña. Con la voz entrecortada, recuerda a su amigo Ismael Manzanares, fallecido el pasado año, que fue el encargado de introducir a Natalia en el club “Corre Ligero”, con el que ha competido en diversos Circuitos de Diputación.  Dignos herederos de las aptitudes físicas de su madre, sus hijos han elegido el atletismo para desarrollar sus destrezas deportivas y, por el momento, destacan en este deporte, habiendo conseguido subirse ya a varios podios.

La conquense disfruta de su ciudad practicando escalada, disciplina que también ha inculcado a sus hijos. Y es que Natalia aboga por proyectar las potencialidades deportivas de la provincia y lo hace no solo como deportista e investigadora, sino también desde el apartado de la gestión como vicepresidenta de la Asociación de Clubes Deportivos de Cuenca.

 

SU TRAYECTORIA ACADÉMICA, TAMBIÉN DEPORTIVA

Su profesor de Educación Física, Nacho Lillo, fue el encargado de adentrar a Natalia en el mundo de la carrera académica deportiva. Estudió Ciencias del Deporte en Madrid al mismo tiempo que se formó como monitora de aeróbic y Pilates. La vida le hizo un regalo que difícilmente podrá olvidar, pues pudo realizar sus prácticas en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid con la selección de Gimnasia Rítmica y Gimnasia Artística, consiguiendo la titulación de entrenadora de tercer nivel en ambas disciplinas. 2004 fue el año en el que el CAR se convirtió en su sede de trabajo, por lo que pudo disfrutar además del deporte de élite en un momento óptimo, pues ese verano se celebrarían los Juegos Olímpicos de Atenas.

 Tras acabar sus estudios de grado, regresó a Cuenca para continuar formándose en un programa de doctorado, en el que trabajó en el proyecto de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha “Muévete para mantenerte activo”, preparando ejercicios para la mejora del aparato cardiovascular para personas en centros de mayores. En 2009, consiguió una beca de investigación en el Centro de Estudios Sociosanitarios de la Universidad de Castilla la Mancha, donde realizó una investigación para prevenir la obesidad infantil. Tan solo dos años después, comenzaría a trabajar como profesora asociada en la Facultad de Educación. Desde entonces no ha parado de crecer, uniéndose a proyectos vinculados con el mundo del deporte y logrando infinitud de reconocimientos, como su entrada en el grupo de investigación “Enseñanza en el deporte y la actividad física”.

Sus vastos conocimiento deportivos y la excelencia de sus investigaciones la llevaron a auparse con el Premio Extraordinario de Doctorado en 2016 en la rama de Ciencias de la Salud. Continúa sumando medallas a su palmarés docente y este año ha sido la directora del comité organizador del I Congreso de Actividad Física Escolar en la Facultad de Educación de la ciudad.

Aquella niña que comenzó a practicar deporte para canalizar su nervio inquieto echa la vista atrás para poder ser consciente de todo lo logrado. Innumerables son  las vivencias deportivas que ha compartido, los podios a los que se ha subido, las competiciones que ha disputado e incluso los deportes a los que se ha dedicado. Todo ello guarda elementos en común: el carisma, el tesón y la pasión con la que se ha enfrentado a todos los retos deportivos que se ha planteado y que siempre ha culminado con éxito.

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