Antonio Hernansanz nació hace 58 años en Cuenca, donde ha vivido prácticamente toda su vida y donde sigue en la actualidad, trabajando como autónomo, ya que tiene una agencia de seguros Reale.
En sus primeros años escolares estudió en el colegio que en sus tiempos había en el cuartel de la Guardia Civil. Allí cursó los dos años de Párvulos (lo que era entonces la actual Educación Infantil) y los tres primeros años de la EGB. Después pasó al colegio de Casablanca, desde 4º hasta la mitad de 7º de EGB, momento en el que se traslada al colegio de San Antonio y allí acaba EGB. Después pasó al instituto Fernando Zóbel donde cursó el BUP.
En sus tiempos escolares empieza la práctica deportiva, tomándosela más en serio a los 12 años (cuando era de la categoría infantil). Y fue entonces cuando empezó en el mundo del ciclismo. Su padre nació en Priego, con lo cual la bicicleta era algo que casi tenía predestinado pues la influencia de Luis Ocaña en aquella localidad, de la que también procedía, era muy grande.

Antonio recuerda que su padre siempre les decía que tenían que tener una ocupación aparte del colegio y le dio a elegir entre la música o el deporte, en concreto el ciclismo. Fue un día a clase de música y se dio cuenta de que no era lo suyo y que prefería montar en la bici, y así fue como empezó.
Sus primeras carreras fueron con su primer equipo, el Grupo Autoescuela Ciudad Encantada que por aquella época tenía equipo ciclista. Recuerda que su primera carrera fue en Tinajas, con motivo de las fiestas de ese pueblo. Pero apunta que no tenían entrenador, era su padre el que lo orientaba y más o menos le llevaba la preparación pues fue siempre un gran aficionado al ciclismo y también corrió en sus años jóvenes. Entonces le tocaba entrenar solo y para poder participar en carreras se enteraban de donde había competiciones y allí que iba. Pero siempre con su padre que lo acompañaba a las carreras que muchas veces tenían lugar en la comunidad de Madrid los fines de semana.
En esa primera etapa de infantil las carreras eran siempre en circuitos y entonces los entrenamientos eran para correr en circuito y por eso trabajaba mucho la velocidad. Además todos los participantes llevaban los mismos desarrollos y se pasaba un control con los jueces árbitros para inspeccionar las bicicletas de los ciclistas y asegurarse de que todos corrían en las mismas condiciones.
Ya en la categoría cadete se lo tomó más en serio, porque su sueño era llegar a profesional, pero seguía sin tener apenas compañeros en Cuenca, recuerda que había dos ciclistas más de su categoría pero no se implicaban tanto. En aquellos tiempos seguía dirigiéndolo su padre, asesorado por el padre de Juan Hortelano (que fue luego director técnico de ciclismo) al que le unía una amistad y que tenía una tienda de bicicletas en San Fernando de Henares, y muchas veces les ponía una guía de entrenamiento para las carreras y un poco le hacía un seguimiento.
En la categoría cadete ya los entrenamientos empezaron a ser en carretera. En pretemporada hacía mucho gimnasio y carrera a pie para coger fondo y luego ya poco a poco empezaba con la bicicleta, al principio un día sí y otro no, para pasar luego a entrenar a diario. Había dos días en semana más fuertes, en los que metía montaña para ir acostumbrándose pues empezaba a hacer carreras entre 50-60 kilómetros. Procuraba buscar circuitos variados, carreteras llanas con vientos importantes, pero la carretera por la que más kilómetros hizo fue la de Villalba de la Sierra, con sus distintas variantes, subir por la Ciudad Encantada y bajar por Valdecabras o al contrario. Entrenaba solo y todavía dirigido por su padre, con el asesoramiento del padre de Juan Hortelano. Ese circuito era duro y le permitía entrenar las temidas cuestas con las que luego se encontraría en las competiciones.
El paso a la categoría juvenil fue decisivo para Antonio pues lo conocían ya como ciclista y le ofrecieron firmar por un equipo de San Sebastián de los Reyes, donde ya tiene un equipo y un entrenador y es más serio todo. Este primer entrenador fue Ángel Buenache, que posteriormente llegaría a ser durante un tiempo el seleccionador nacional del equipo de pista. El equipo era el Unión Ciclista San Sebastián de los Reyes.
Todo esto hace que note un gran cambio, en juveniles los desarrollos eran ya libres, las carreras más largas, ya eran casi semiprofesionales y un gran escaparate de cara a pasar al mundo amateur que era la antesala de ser profesional. Y ese era el gran sueño y la gran ilusión de Antonio, el poder llegar a profesional algún día, como su admirado Luis Ocaña, sabiendo que tendría que dedicarse en cuerpo y alma al ciclismo porque si llegaba a ese nivel no podría compaginarlo con ninguna otra actividad. De hecho en juveniles cuando empezaba la temporada tenía que marcharse de casa un mes o mes y medio, preparándose, corriendo carreras de un día, vueltas y demás. De hecho en esa etapa juvenil deja los estudios prácticamente para dedicarse completamente al ciclismo, una vez finalizado el Bachillerato.
En el Unión Ciclista San Sebastián de los Reyes permanece tres años, los dos de juvenil y otro como amateur o aficionado de segunda, que se llamaba entonces, antes de marchar al servicio militar.
Se va como voluntario a la mili para poder venir a Cuenca, a la zona militar, después del campamento y así poder seguir vinculado al ciclismo y tener la posibilidad de seguir entrenando. Entonces siguió como amateur dos años más en el equipo de San Sebastián de los Reyes.
Y le llega la oferta de firmar por un equipo de Santander, el Café Oquendo Complejo Chiqui, que era el segundo equipo del Teka, el club profesional santanderino de ciclismo. Entonces se tiene que ir a Santander a vivir y allí estuvo una temporada. Esto le supuso un gran cambio en su vida. Pudo apreciar que el ciclismo se vivía de otra manera en el norte, especialmente en Cantabria y Euskadi donde este deporte es casi una religión y sobre todo en aquella época y allí estaba la flor y nata del ciclismo. Para él ir al norte entonces era como firmar por el Real Madrid o el Barcelona en fútbol. Notó mucho el cambio en los entrenamientos, mucho más exigentes y sobre todo es que allí era casi todo montaña y además es que estaban compitiendo todo el año prácticamente, entre vueltas y memoriales o carreras de un día.
Tras su experiencia santanderina que fue importante para él por el gran cambio que supuso, firma con el Codan de Arganda del Rey, cuyo director deportivo era Juan Hortelano, el hijo del que había sido su primer asesor en sus inicios y que fue profesional del ciclismo.
Ese año Antonio iba a disputar también la Vuelta a Cuenca, pero días antes entrenado sufrió un atropello que le provocó importantes lesiones y eso lo lastró y ya no pudo competir en la vuelta conquense como esperaba y al final se retiró. Recuerda que ganó un compañero de equipo suyo, un suizo del Codan. Tenía buenas opciones en aquella vuelta pero la mala suerte le impidió el poder disputarla en plenitud de facultades.
Para llegar hasta aquí recuerda que ganó carreras, no demasiadas, pero siempre estaba “en la pomada”. Rememora con ilusión varias carreras en Torrejón de Ardoz, en Boadilla del Monte, en la inauguración de pista del velódromo de Alcalá de Henaras (donde ganó la prueba reina de esa inauguración). Carreras que recuerda con nostalgia.
Al terminar esa temporada le ofrecen el pasar al equipo profesional de Puertas Mavisa pero prefiere enrolarse en el equipo Seur, en el equipo amateur, con la idea de dar posteriormente el salto al equipo profesional. En el Seur el director técnico es Maximino Pérez, el padre del empresario que gestiona la plaza de toros de Cuenca desde hace muchos años.
En este equipo las cosas no fueron como él pensaba. Estuvo solamente un año y además tuvo una lesión en una rodilla y eso le hizo valorar la situación y empezar a desengañarse por diversos motivos.
Desde su época de cadete tuvo un médico deportivo (de los pocos que había en aquella época) que la hacía un seguimiento y le llevaba un estudio muy específico, que incluía pruebas de esfuerzo y demás. Cuando firmó por el Seur era también el médico del equipo y cuando tuvo la lesión de la rodilla valoró si le convenía operarse. Pero lo que le hizo replantearse todo fue que el médico le dijo que tenía grandes cualidades para triunfar y llegar lejos en el ciclismo, pero que si quería ser realista tenía que empezar a tomar otras cosas, así claramente se lo expuso. También en aquella época se utilizaba lo de las transfusiones de sangre.
El caso es que este médico le expuso a Antonio y a su padre que si quería llegar lejos y triunfar en el mundo del ciclismo había que apostar por “otras cosas”. Y desengañado por la alternativa que le ofrecían, al terminar esa temporada deja el ciclismo, con tan solo 24 años.
Todavía estuvo otro año intentando porque parece que le quedó el gusanillo del ciclismo pero al final descontento del todo dejó radicalmente el ciclismo. De hecho aunque alguna vez más ha montado en bicicleta, le quedaron pocas ganas y no ha sido de los que luego han vuelto a coger la bici. Fue un gran desengaño, aunque luego ha seguido el ciclismo como un buen aficionado.
Después para seguir vinculado al deporte por ejemplo ha llegado a salir a correr, a jugar al fútbol sala y hace unos doce años entró en contacto con el mundo del pádel y lleva enganchado a ese deporte desde entonces, no compitiendo pero sí jugando tres o cuatro veces en semana, siempre con su mismo compañero, Juan Carlos Palomo.
Dice que aunque se dedicó al ciclismo tenía cualidades para otros deportes, como el atletismo, pues siendo cadete corrió la carrera que fue antecedente de la Carrera del Pavo, la Carrera de Fin de Año de Cuenca y logró subir al podio, cuando en realidad solamente se puso en la línea de salida por ir con los amigos y tal, pero una vez que se vio en plena carrera y se notó bien apretó y al final llegó a meta en una gran posición de su categoría.
También recuerda que era bueno en velocidad y así se lo comentó su profesor de Educación Física de BUP, Luis Jiménez. Es decir que el atletismo también hubiera sido una buena opción para Antonio.
Echando la vista atrás dice que el ciclismo le ha enseñado a ser muy constante en todo, a saber sacrificarse y muchos valores, sobre todo a saber que si uno quiere algo a base de trabajo y constancia se puede conseguir.
Como ciclista piensa que su punto fuerte era la montaña, aunque reconoce que cuando uno está en forma escala, llanea, esprinta… nada se le resiste.
Como punto débil dice que la velocidad, los esprint en circuitos, y las bajadas, a las que tomó miedo porque con 16 años tuvo un atropello dentro del casco urbano de Cuenca, en el paseo de San Antonio, que le causó importantes lesiones (fue otro distinto al sufrido antes de la Vuelta a Cuenca). Dicho percance le dejó secuelas a la hora de bajar, de esprintar, cuando había mucho jaleo en el pelotón. Rememora que a él le enseñaron que en el ciclismo siempre había que ir entre los veinte primeros del pelotón porque, como se decía vulgarmente, los últimos se llevan los escupitajos y demás de los de la cabeza. Reconoce que siempre iba delante, pero en el momento de la bajada, cuando empezaban a chirriar los frenos de todos, sin querer se dejaba ir atrás. Con el tiempo lo pudo ir superando.
Su gran referente en el mundo del ciclismo fue, como no podía ser de otra forma, Luis Ocaña, su ídolo desde la niñez. También admiró mucho a Perico Delgado y a Marino Lejarreta, un corredor muy constante que sin ganar muchas carreras era un ciclista muy constante, en el que se ve un poco reflejado él y lo ha tenido como un referente. Siempre estaba entre los primeros y solía ir atrás en el pelotón. Recuerda que logró terminar muy bien las tres grandes vueltas en una misma temporada: Tour, Giro y Vuelta.
Del ciclismo actual piensa que ha perdido mucho su encanto, aquel romanticismo que rodeaba al mundo de la bicicleta. Lo bonito era intuir cuando había que saltar, ahora se ha desnaturalizado mucho y no tiene que ver con lo que había, ahora está todo muy estudiado y se ha perdido espontaneidad. Había que saber cuándo atacar, ahora con los pinganillos y los estudios que llevan es todo mucho más previsible.
Y esta es la historia de Antonio Hernansanz, un conquense que tuvo el sueño de llegar a ser profesional del ciclismo pero que se estrelló con la cruda realidad. Se queda con la duda de lo que pudo ser y no fue, pero satisfecho de su experiencia como ciclista que le ha servido mucho después en su vida personal y profesional.



































































