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Rubén Martínez, CEO de Rujamar: “El judo es el deporte estrella que deberían practicar todos los jóvenes”

Se define como un amante del deporte desde que comenzó a dar sus primeros pasos. Rubén Martínez ha sido galardonado recientemente por CECAM como presidente ejecutivo del Grupo Avícola Rujamar. Sin embargo, tras esa fachada empresarial, se esconde un deportista que en su día se formó para dedicarse a la actividad física: “Yo empecé Empresariales por mi padre, pero me di cuenta de que eso no iba conmigo”. Formó parte de la primera promoción de INEF de la Universidad de Castilla-La Mancha, en Toledo: “La carrera es el escenario perfecto para alguien que ame el deporte. Hay asignaturas muy bonitas, recuerdo, por ejemplo, biomecánica del movimiento”.

En este tiempo, se especializó en los deportes que mejor se le daban: fútbol, voleibol, natación y, sobre todo, judo, su pequeña gran debilidad. No empezó a practicar esta arte marcial hasta cumplir los 18 años y recuerda con emoción cómo consiguió el cinturón negro. Tampoco olvida la concentración que organizó Rujamar tras patrocinar al equipo nacional de judo. Tuvo el placer de grabar a fuego un recuerdo que no borrará jamás: “Simulé un combate en una exhibición con un subcampeón de Europa y una subcampeona del mundo. Fue una experiencia maravillosa”.

Y es que podría reiterar una y otra vez lo que para él significan estas cuatro letras: “El judo es el deporte estrella que deberían practicar todos los jóvenes”. Aunque no es la primera ni la única arte marcial que ha realizado: con 9 años se apuntó a Kung- Fu y llegó a envolver su kimono con el cinturón marrón.

Antes de todo ello, Rubén coqueteó con otros deportes. El primero fue el tenis, aunque pronto se dio cuenta de que su fuerza y su potencia se canalizaban mejor frente a la pared del frontón. Así ganó varios campeonatos porque asegura que no se le daba nada mal.

En San Lorenzo de la Parrilla, su pueblo natal, también jugaba al fútbol sala y al fútbol 11 y de su figura destacaría la versatilidad. Tan pronto lo veías abajo defendiendo como se encontraba arriba en zona de ataque: “Cuando la cosa se ponía negra era defensa y cuando había que meter goles me ponían de delantero. Era rápido y tiraba bien y además era difícil regatearme”. Aunque ahora, con resignación, reconoce que el rumbo que ha adquirido este deporte es más que deplorable: “No me gusta por la falta de deportividad y honor. Ojalá desde las escuelas se puede educar a los niños y a los padres a comportarse dentro y fuera del campo”.

La natación también fue uno de sus primeros frentes deportivos y este, en concreto, todavía no lo ha cerrado. “Siempre se me ha dado bien, es mi deporte favorito en cuanto a impacto y a mantener la forma física”.

Toda esta variada actividad deportiva se frenó en 2002, cuando tuvo que coger las riendas del negocio familiar. Hasta 2009 no pudo regresar al sendero del deporte: “Fue entonces cuando volví a nadar, correr, hacer MTB y jugar al fútbol”.  Siguió en el club de atletismo San Lorenzo de la Parrilla, pero, desde la humildad, no se considera un gran corredor:”Siempre se me ha dado mejor la rapidez que el fondo físico”.

Hasta 2012 estuvo practicando con asiduidad el esquí, pero tras partirse la rodilla tuvo que dejar también este deporte. Tampoco puede ya salir a correr por el impacto, pero ha sabido adaptar su rutina: “Por eso, actualmente hago MTB, natación y gimnasio”. Continúa en el Rujamar Bike Team, aunque emplea la bici eléctrica: “Esta gente es muy buena. Ahora hemos fichado a personas muy jóvenes y allá donde vamos damos nombre”.

 

DEPORTE Y PATROCINIO

Desde Rujamar apoya a varios clubs de diversas disciplinas de Cuenca. En nuestras cabezas resuenan nombres como el Rujamar Atletismo Cuenca, el Rujamar Bike Team o sus colaboraciones con equipos como el Conquense juvenil, en San José Obrero o el Rebi Cuenca. “Con esto no buscamos un retorno a la inversión, lo hacemos porque considero que a través del deporte se inculcan unos principios a los jóvenes que nos ayudan a ser mejores personas y adaptarnos a esta sociedad tan difícil que estamos viviendo”.

En concreto, a Rubén el deporte le ha enseñado a estructurar su vida alrededor de valores como “el sacrificio, el esfuerzo, la constancia, la perseverancia, el compañerismo y la unión”. Aunque el deporte que más destaca, de nuevo, es el judo. De este se queda con el ímpetu que te otorga levantarte justo después de caer, con la fortaleza de quien no se rinde jamás y con la satisfacción de aprender a llevar tu mente y tu cuerpo al límite.

 

 

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Laura Benedicto Melero