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Juanma Villagarcía, pasado blanquinegro y madridista en el fútbol de alto nivel

Escalar peldaños en la vida de Juanma Villagarcía supone hacerlo con el deporte como hilo conductor. Ha construido sus valores, su tiempo libre, su trabajo e incluso a su familia con la actividad física como base. Muchos lo conocerán por vestirse de blanquinegro en los años más brillantes del Conquense, pero su trayectoria deportiva aglutina mucho más, incluido un paréntesis como canterano del Real Madrid. 

Aunque sus orígenes se encuentran ligados a Cuenca, cuando comenzó a jugar a fútbol sala en el equipo Camino Cañete como defensa. Se proclamaron campeones provinciales, pero con 12 años dejó la pista y se cambió a las botas de tacos. Pudo compaginar ambas disciplinas y en las escuelas municipales llegó a jugar de lateral derecho bajo los mandos de Joaquín Caparrós.

Ya sobre el césped, militó en las filas de las categorías inferiores del San José Cuenca como cadete y del Conquense, ya como juvenil. De blanquinegro vivió una de sus experiencias deportivas más fructíferas en categoría juvenil: con solo 15 años ya formaba parte de la plantilla que competía en categoría Nacional y allí estuvo hasta cumplir la mayoría de edad. Coincidió con míticos del fútbol conquense como Futre, Cristian o Sergio Blanco. Fue en su último año como juvenil cuando llegaron más alegrías: Se marchó a estudiar a Madrid y allí entrenaba con el primer equipo del Conquense, que entonces se acomodaba en 2.ª B. 

Tan solo tenía 18 años cuando el joven central debutó en la temporada 1998/99 con Jaime López Sendino en el banquillo y contra el Zamora en un partido en el que ambos se jugaban media vida: “Estábamos al borde del descenso y recuerdo que ganamos 1-0. Salí de titular”. Se alinearon los astros porque los defensas titulares se lesionaron y su papel en los entrenamientos crecía cada vez más: “Se notaba que ya no había tanta diferencia entre ellos y yo. Esa coincidencia hizo que me dijeran a mí en el último entrenamiento que iba a jugar de titular”. Lo define como un partido épico, sufrido ganado por la mínima y reñido ante más de 2000 espectadores zamoranos que también necesitaban los puntos para la salvación.  

Tal fue su desparpajo en aquella temporada que recibió la llamada del Real Madrid para entrenar en su equipo juvenil. Reconoce que no esperaba que el club blanco se interesara por él: “Fue una sorpresa y una anécdota bonita. Aunque ya sabía que debutar tan joven en 2.ª B llamaba la atención”. Allí coincidió con jugadores como Valdo, Luis García, Borja, Raúl Bravo (que llegó a la Selección Española) o el que fuera portero del primer equipo años después, Diego López.

 A la temporada siguiente, lo cedieron a uno de sus equipos filiales de entonces, el Santa Ana, que entonces competía en Tercera División. Su paso por la casa blanca duró poco, pero guarda un grato recuerdo de este contacto con el deporte de élite: “Había mucha competencia y cada entrenamiento era como un partido.En aquella época estuve con Ganzo, que acababa de debutar con el Real Madrid en Copa de Europa y había mucha expectación por ver a los juveniles”. Una experiencia que rozaba lo profesional, pues el club les otorgaba la ropa de entrenamiento: “No tenías ni que lavarla y además había hasta gente en la puerta de la ciudad deportiva, cada vez que ibas a entrenar era una aventura”. 

Del 2000 al 2003, volvió a jugar con el primer equipo del Conquense en 2.ª B y también con el filial en su aclamado ascenso a 3.ª División. Pero una operación de menisco y otra en el pubis le hicieron pensar en una retirada inminente. Un año más tarde, colgó las botas con solo 23 años: “Jugábamos la final del Torneo San Julián y todavía no había decidido nada porque estaba saliendo de la lesión. Pero tuve un choque con un delantero y me rompí la nariz, lo que para mí fue como una señal”. Con su carrera de magisterio recién acabada, una oposición que le aseguraba su futuro y la frustración que le generaba no encontrar su mejor versión después de tantas lesiones prefirií dejar de jugar a hacerlo limitado: “Me costó tomar la decisión y fue duro”. Se ha vuelto a poner las botas de manera esporádica y en grandes citas, como el partido de veteranos que enfrentó al Conquense y al Real Madrid en La Fuensanta y que dejó ver rostros conocidos como Francisco Pavón o Rubén de la Red.

Dejó el fútbol, pero no el deporte. Coqueteó con las artes marciales y practicó taekwondo kickboxingdurante un año y medio en el gimnasio Victoria con su maestro Miguel Ángel. Fue entonces cuando descubrió la escalada y se aferró a una disciplina que el propio Juanma considera más que un deporte, una forma de vida: “Me ha permitido viajar por España y Europa con amigos que me han ayudado a ir subiendo niveles de dificultad. Es el deporte para todos los que nos gusta competir con uno mismo y descubrir sitios que de otra manera no lo harías me ha llenado mucho”. Disfruta de Cuenca, sus parajes idóneos para la escalada y también sus competiciones locales, llegando a obtener medalla en los torneos del rocódromo de Chillarón y en el espacio Pachamama. 

Y a los 35 años, cuando ya creía que el deporte no le daría más sorpresas, la carrera de montaña llamó a su puerta. Solo había participado con anterioridad en la carrera del Pavo, quedándose entre los veinte primeros en varias ocasiones. Entonces, empujado por otros compañeros corredores, se dio cuenta de que cualidades físicas no le faltaban y empezó a competir con el grupo Corre Trail y el Correligero.  Ganó la Dragon Trail en la Sierra de Madrid en 2018 y quedó en tercera posición en la carrera de montaña de Huélamo. También participa en el circuito de carreras de Diputación: “Me suelo quedar entre los quince primeros de mi categoría, ahí la gente va muy a tope”. 

A sus 41 años sumó una nueva etapa dentro de su trayectoria deportiva, esta vez como entrenador. Coordina al equipo de fútbol sala de Villalba de la Sierra, municipio en el que trabaja como jefe de estudios del colegio: “De mi etapa salí un poco decepcionado tras tener las lesiones y ver que había jugado con cierto nivel, me costaba un poco volver. Pero los chicos en Villalba tienen afición, me lo propusieron y lo retomé. Ahora estoy muy contento de haberme reencontrado con el fútbol otra vez”.  Ha formado un conjunto mixto, con jugadores y jugadoras desde los siete hasta los catorce años y lo ha hecho de forma altruista.  Aunque espera poder competir el próximo año, no considera imprescindibles los resultados: “Prima el compañerismo, ayudar y, sobre todo, llevarnos bien. Mi idea es que disfruten porque al final el fútbol tiene fecha de caducidad y es muy complicado ganarte la vida con él”. Hace especial hincapié en el papel de sus jugadoras: “Quiero que se respeten y que todos entiendan que el fútbol es un deporte de todos y al fútbol femenino, que además está en auge, hay que apoyarlo a tope”.

De manera esporádica también hizo CrossFit, muestra de que disfruta de la actividad física sin la necesidad de competir. Junto a su mujer, Natalia Arias, intenta inculcar a sus hijos el amor que ambos tienen por el deporte: “Llevo 23 años con Natalia y nos conocimos en TeleCuenca porque nos hacían una entrevista, a mí por el debut y a ella por la gimnasia rítmica. El deporte y la educación son la piedra angular de nuestra familia”. Y es que Juanma siempre ha creído en el deporte y sus valores, esos que a día de hoy enseña a sus hijos, sus alumnos y, ahora también a su primer equipo de fútbol sala.

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Laura Benedicto Melero