Llega a la cita con sus mejores galas: el polo de Eldeporteconquense que le acompaña en cada jornada de trabajo. Se acicala el pelo, se recoloca las gafas y entrelaza los dedos con nerviosismo, como cualquier niño que vive una experiencia nueva por primera vez. Sus gestos le delatan y sus nervios afloran cuando con humildad cuenta que ama el deporte, aunque nunca lo haya practicado de manera federada. Hablamos con Juan Alberto Lillo, fotógrafo y comercial de este medio de comunicación.
Madrileño de nacimiento, no se puede decir que sea conquense de adopción, pues sus padres descienden de La Parrilla y Los Hinojosos y se enorgullece de la tierra que lo ha visto crecer con la cámara en la mano y la gorra de “Lillo” recorriendo todos los campos y pabellones de la ciudad. Aunque fue en la capital donde practicó deporte por primera vez.
Cuando tenía once años, comenzó a jugar al baloncesto, al fútbol sala y a fútbol 7 los fines de semana en el colegio Calasancio, cerca de su barrio en Madrid. Allí coincidió con un tal Emilio Butragueño que luego resultó ser el líder de la “Quinta del Buitre”, alabada por madridistas y temida por rivales: “Hacíamos pachangas y estábamos allí todos juntos, pero no llegamos a entablar amistad”. Se acuerda de que por aquella época ya destacaba y lo corroboró cuando hizo con «el Buitre» las pruebas del Real Madrid . Ya en esa primera toma de contacto con el club blanco lo bordó: “Los ojeadores te van mirando y él iba sobrado. Se salió porque era muy bueno. En la prueba no tuvo ningún problema. Yo justo me hice daño en la rodilla y ya no pude volver más”.
Con el paso de los años y ya afincado en Cuenca ha jugado al fútbol sala siempre rodeado de amigos. Primero lo hizo con el “Frijicha Stihl” y después con el “Cachitos”. Con ellos llegó a ganar un campeonato de la liga local de Cuenca y alcanzó en diferentes temporadas la fase final. También ha cogido la raqueta y ha jugado al tenis en el club del Pinar de Jábaga, pero reconoce que no es lo suyo: “Venía a pasar el verano a Cuenca a la finca de mis padres y en el club hacía mis pinitos. Nada serio, solo para pasar el rato”. Le gusta desconectar a través del deporte con la bicicleta. Hacía rutas de unos 30 kilómetros por la zona de Villanueva de la Jara.

Con 32 años tuvo que abandonar la práctica deportiva por una hernia discal que trata de combatir con paseos ligeros sobre la cinta del gimnasio. Eso sí, le sigue apasionando encender el televisor y disfrutar de una maratón de eventos deportivos: “Veo baloncesto, balonmano, tenis… Y por supuesto soy muy del Real Madrid, aunque también sigo al Barça, pero solo para ver si pierden”.
ENAMORADO DE LA FOTOGRAFÍA, TAMBIÉN DEPORTIVA
Tras acabar su etapa como comercial en Telefónica, pudo dedicarse a aquello que siempre había mirado de reojo con pasión: la fotografía. Buscaba empleo de lo suyo y consiguió convertir su hobby en trabajo en Eldeporteconquense. Coincidió en Telefónica con el que fue gerente del ahora Rebi Cuenca, Javier Palacios, quien le dijo si quería sustituir al fotógrafo que entonces tenía el equipo. Desde aquel momento comenzó a inmortalizar el siempre vibrante Sargal, jugadores de renombre y jugadas de ensueño que han colocado al Rebi Cuenca en la cumbre del balonmano nacional. Allí siempre estaba Lillo y en una de tantas jornadas habló con Carlos Ruiz Massó, director de comunicación del equipo y uno de los fundadores de este medio de comunicación, y sus fotografías empezaron a publicarse en portada. Ha acompañado al club en sus grandes récords: clasificaciones históricas en Europa, la final de Copa del Rey contra el Barça o su reciente e inédita participación en la Copa ASOBAL.
Ha retratado al club de balonmano y ha conocido a multitud de jugadores internacionales. Recuerda una anécdota con el Barça: “Le dije a uno de ellos que dejara pasar a los nuestros cuando fuera por su banda y me contestó bastante gracioso. Nos echamos unas risas. Suelen ser bastante cercanos”.

Este bagaje le ha permitido vincular deporte e imagen con la Asociación de Fotógrafos de Cuenca (AFOCU). Lleva ligado a esta iniciativa desde su creación en 2015: “En Cuenca hay mucho arte y mucha gente a la que le gusta la fotografía”. Como miembro de la directiva, ha puesto en marcha varias exposiciones de fotografía deportiva junto a otros profesionales del objetivo de Cuenca. Una de ellas se hizo en comunión con la Asociación de Clubes Deportivos de Cuenca a través de su presidente, Rafa Reyes, con el objetivo de reunir las obras de los fotógrafos habituales en los eventos deportivos conquenses.
Cada fin de semana su gorra le delata. Desde la grada, le llaman: “¡Lillo, foto aquí!”. Y Lillo se gira, enfoca, dispara y sigue entreteniéndose con su cámara como un niño con juguete nuevo.



































































