Todo camino tiene su inicio y su final, pero es en el trayecto donde vivimos las mejores anécdotas. Así recuerda Sergio de Dios su intensa carrera como jugador de fútbol. Sus comienzos no distan mucho de los de cualquier niño conquense que se apunta a las escuelas municipales para pasarlo bien. Sergio comenzó con 9 años y lo hizo con el mítico Arguisuelas como entrenador.
Pero pronto empezaría a destacar y prueba de ello es que con 12 años acudió por primera vez a la selección de Castilla-La Mancha. Lo hizo junto a su compañero Futre y allí los dos coincidieron con el albaceteño y ya ensalzado Andrés Iniesta, poco antes de fichar por el Barça: “Estábamos entrenando cuando todavía La Bene era un campo de tierra y nos llamó el entrenador para decirnos que nos teníamos que ir convocados primero para que después nos seleccionaran. Yo estaba loco de contento, pero con los pies en el suelo”.

Aunque le hizo ilusión representar a su región, la llamada más impactante de su carrera deportiva llegó un par de años después, cuando el teléfono sonó para recibir la oferta del Atlético de Madrid. Tenía 14 años y se encontraba jugando el campeonato de selecciones provinciales con Cuenca. Allí, un señor que resultó ser el responsable de las categorías inferiores se acercó a su padre y le dijo que llegaban para preguntar por Sergio: “Es como si supieran mucho de mí. Llamaron otra vez por la noche y me dijeron que si me podía incorporar ya porque les interesaba mucho. A mí me temblaban hasta las piernas porque todo fue muy rápido”.
El lateral e interior derecho lo recuerda como la mejor época de su vida: “Me encantaba jugar al fútbol y lo hice en un sitio en el que querría estar cualquier niño que se quiera dedicar a ello”. No había puesto todavía los dos pies en Madrid cuando ya disputó el campeonato de España de la Nike Cup. “Lo ganamos, fue un torneo espectacular en el que también estaba Pep Guardiola ya que su hermano pertenecía a la organización de este evento futbolero”.

Continuaron la gesta en el campeonato de Europa en Bolonia y también se colgaron el oro, clasificando al del mundo en Barcelona, aunque ya cayeron eliminados: “Se jugó allí porque era el centenario del Barça y la experiencia de jugar un campeonato del mundo ya fue algo increíble. Lo ganó el Barcelona con un gol de Iniesta”. Compartió entonces torneo con su antiguo compañero de la selección: “Se alegró mucho de verme en el Atleti, yo ya sabía que él estaba en el Barça porque lo vi en un torneo por la tele”.
Celebró los buenos resultados con su equipo, en el que también se encontraba Fernando Torres. Desde el principio, vio que aquel delantero tenía ese don que solo atesoran aquellos tocados por la varita: “Me preguntaban en Cuenca por el nivel y tampoco veía tanta diferencia. Pero siempre decía que había un chico rubio y alto que no dejaba que saliera el balón, llegaba a todos”. Tampoco se olvida de otros nombres conocidos en el fútbol profesional, como Raúl Cámara. Más que en el plano futbolístico, notaba cambios en cuanto a la actitud: “En Madrid cada uno iba más a su aire y ya había distinciones con el tema de marcas y patrocinios. Aquí en Cuenca te diviertes cien por cien y allí ya empieza a haber más cosas además del fútbol”.

Tras su periplo por la casa rojiblanca volvió a Cuenca con 16 años y cambió las rayas rojas por las negras, vistiendo la camiseta del Conquense juvenil. Formó parte de esa estirpe de jugadores que consiguió ascender a División de Honor: “Coincidimos aquí con un equipazo. Era lo más parecido a un grupo de amigos que todo lo hacía juntos, nos salió bien y conseguimos el objetivo. Para mí es la mejor categoría en la que he jugado sin duda y fue una temporada muy bonita”. Antes de ascender, vivió cada jornada como una final: “Acababa un partido y yo ya estaba pensando en el siguiente. Llegaba a la selección de Castilla-La Mancha y preguntaba a los compañeros que cómo iban sus equipos”.
Lo consiguieron, disfrutaron, pero solo les duró un año la alegría: “El bloque fuerte del equipo pasó a 2ª B y eso se notó”. Dejó el fútbol base, pero continuó jugando en el Conquense B y tampoco se olvida de sus compañeros: “Nombro a jugadores del Atlético y también me gustaría hablar de gente de aquí como Alberto Val, Javi Soria, Juan Diego, Javi Gómez o Futre”. Junto a ellos pudo disfrutar de otro ascenso y subir al filial a Tercera división: “Lo conseguimos con Pedro Boni y ahora te ve por ahí y te dice: “Ay, mis chicos”. Son cosas que se quedan para siempre”.
También se visitó de rojo en el San José Obrero, pero por poco tiempo. Su vida cambió tras presentarse y aprobar las oposiciones de la Guardia Civil. No quería colgar las botas y su voz se entrecorta cuando recuerda lo duro que fue tomar la decisión: “Veía que tenía que elegir y no podía dejar escapar la vida que tengo hoy, porque la otra vida tenía mucha más incertidumbre. Pero me costó, porque lo que más me gusta en esta vida es jugar al fútbol”. Aunque la disciplina que había adquirido en el deporte rey le sirvió para superar las pruebas físicas de la Benemérita sin siquiera preparación extra. De hecho, para matar el gusanillo de manera definitiva, se apuntó al equipo de fútbol sala de esta fuerza de seguridad.

Tuvo que dejar el fútbol, pero su trabajo le ha permitido descubrir otras disciplinas como el CrossFit o el atletismo, pues reconoce que lo que le apasiona verdaderamente es entrenar: “Es mi descanso de la cabeza y el cuerpo. No me canso, me viene bien. De hecho, la mejor herencia que he cogido del fútbol es entrenar”. Tanto es así que practica CrossFit a diario desde hace diez años e incluso compite con cierta frecuencia. Con entrenamientos dinámicos, considera que son sin duda las sesiones más completas a nivel físico que ha realizado nunca e incluso ha encontrado allí el compañerismo que tanto añora del fútbol: “La gente te ayuda, si tardo menos espero al siguiente, siempre vas por parejas….El CrossFit lo necesito para respirar”.
Participa en las carreras populares que se organizan en la provincia de Cuenca. Desde hace un par de años es habitual verle correr y compaginar la fuerza del CrossFit con la resistencia de la carrera, sobre todo en la modalidad de Trail: “Cuando lo descubres no quieres hacer otra cosa porque el entorno de Cuenca es idílico, somos ricos, no sabemos ni lo que tenemos”. Aunque la hazaña de la que se siente más orgulloso es la Farinato Race, una carrera de obstáculos de 22 kilómetros.

Retos mayúsculos que Sergio ha superado con esfuerzo, pero sin ser consciente de la dificultad. Quizás sea porque el deporte siempre ha formado parte de su vida y necesitará siempre que se encuentre presente en cada una de sus etapas, las que ya ha pasado, las que ahora experimenta y, seguro, en todas las que estén por llegar.


































































