Este pasado sábado fallecía uno de los mejores deportistas españoles, ya que moría a los 83 años Manolo Santana, quien se lo ha llevado la enfermedad de Parkinson.
Queremos rescatar como homenaje, este artículo que escribimos hace más de uno año donde explicábamos sus orígenes.
El periódico deportivo Marca publicaba en su página web, a principios de noviembre de 2019, los orígenes de Manolo Santana en el tenis, los cuales aparecen en un pueblo conquense deshabitado llamado El Cañizar, donde la familia tenía una finca y en la que Santana comenzó a dar sus primeros golpeos de raqueta. «Era un poblado industrial, que acogía a los trabajadores de una factoría de procesado de resinas propiedad de la familia», menciona el periódico.

Hasta allí acudía la familia cada verano, construyendo una pista de tenis junto a la fábrica, donde se entrenaba en sus ratos libres de estudio, ya que, por aquel entonces, estaba sacándose el Bachillerato.
Santana, hay que recordar que fue una de las figuras deportivas más destacadas de España en la década de los 60, quizás el mejor del panorama español en este deporte junto a Rafa Nadal, ganador de cuatro torneos del Grand Slam y el primer español en ganar en Wimblendon, se retiró en 1980, aunque, entonces, recordaría que nacido en Madrid en plena Guerra Civil (1938), sus comienzos fueron en un pueblo de Cuenca, cuya pista se sigue manteniendo.
Pincha aquí para leer el artículo de Marca.
El Cañizar
La antigua resinera de El Cañizar dinamizó la zona, debido a que los edificios allí presentes eran propios de la industrias, como garajes y cuadras, almacenes, la propia planta de tratamiento de la resina y algunas viviendas. No obstante, el pueblo fue creado por la mencionada resinera y constó de dos barrios separados por apenas 600 metros.
El Cañizar pertenecía a la familia Romero-Girón, aunque a mediados del siglo XX fue adquirido por La Unión Resinera Española, una importante empresa que contaba con más de veinte fábricas repartidas por todo el territorio nacional. En total, había una veintena de casas en la zona de El Cañizar, en la que también se hacían labores de ganadería y agricultura. Su cercanía con el río Cabriel también permitía la pesca.
El declive de la resina en los años 60 afectó sobremanera a la localidad, aunque se mantuvo con vida hasta los 90, eso sí, de forma testimonial debido a que solo quedaba un matrimonio que se encargaba de cuidar la finca.






































































