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El histórico Ramón, todo un seguro en la portería de la Unión Balompédica Conquense

Ramón Nuñez Calero, conocido en el mundo del fútbol como Ramón, nació en Cuenca hace casi 69 años. Vivió en el barrio de la Guindalera hasta los cinco años, que es cuando su familia se cambia al barrio de las Quinientas. Fue allí donde empezó a ir a la escuela, aunque él recuerda que como le gustaba tanto el fútbol muchas veces “se hacía gorra” para irse a jugar. Recuerda que lo hacían en las eras del tío Cañamón, por encima del Camino Cañete y fue así como empezó su historia en el mundo del fútbol.

            Comenzó jugando de delantero, pero se rompió el pie en un partido y decidió que sería portero como su hermano Paco, que le precedió a él en ese puesto.

            Recuerda que con 17 años fichó por el equipo juvenil de Minglanilla porque en Cuenca no tenían equipo de esa categoría y tuvo que marcharse a jugar allí donde permaneció un año para fichar al año siguiente por el San José Obrero.

            En la temporada 1974/75 firma por la Unión Balompédica Conquense, el que sería el club de su vida y donde permanecería durante 17 temporadas (divididas en dos etapas), siendo el futbolista que más temporadas ha vestido la camiseta blanquinegra.

            En su primera temporada en el Conquense juega tan solo veinte minutos lo que provocó que le dijera a la directiva que si traían porteros de fuera no se quedaba en el equipo para no jugar. Entonces el club decide quedarse con Ramón y con Isidoro Auñón, otro portero también de Cuenca. Fueron los porteros del equipo durante unas cuantas temporadas, hasta que llegó también Javi Solera.

            Durante tantas temporadas Ramón recuerda muchos éxitos con el equipo, le dieron muchas alegrías a la ciudad de Cuenca. Destaca que tal vez el mayor triunfo fue ganar la Copa de la Liga de Tercera División en la temporada 1984/85, que era la tercera y última edición de ese torneo nacional en la categoría y que le dio la oportunidad de jugar al año siguiente la Copa de la Liga con los equipos de Primera División. Este es el único título a nivel nacional que tiene el Conquense, su mayor éxito histórico.

            Para ganar la Copa de la Liga tuvieron que eliminar en la 1ª ronda a la Gimnástica Segoviana, 3-0 en Cuenca y 0-0 en el partido de vuelta en Segovia. Ya en octavos de final, con el Fuensalida como rival, empataron a 2 en campo contrario y ganaron 8-1 en La Fuensanta. En cuartos de final se miden al Oberena. En Pamplona empatan a uno y en la vuelta se imponen los conquenses 5-0 y se plantan en la semifinal. Ahí juegan contra el S.D. Portmany, logrando ganar en la ida 2-0 en Cuenca y empatando a 2 en el partido de vuelta en San Antonio (Ibiza). Logra la Balompédica la clasificación para la final, todo un hito histórico en nuestro fútbol. Se encuentran con Las Palmas Atlético, el filial de la Unión Deportiva Las Palmas, que también había hecho una gran competición, ganando casi todos sus partidos con solvencia, de la mano de su entrenador, el internacional canario Paco Castellano. En Las Palmas se imponen los canarios por 2-0.

            El partido de vuelta fue histórico aquí, con un estadio de La Fuensanta lleno hasta el palo de la bandera y un público volcado con su equipo. Ese día se inauguraba la luz artificial en el campo. El partido empezó bien pues pronto se puso por delante el Conquense. Pero hasta cuatro minutos antes del final no igualó la eliminatoria. Se daba paso a una prórroga en la que todo estaba en juego. Se adelantó el conjunto de Las Palmas, marcando el empate Serna seis minutos después y ya casi terminando el partido le hicieron un penalti a Juan Bernal, que salió en la prórroga, que el mismo Serna se encargó de transformar, desatando la locura en La Fuensanta. La UB Conquense lograba así un título nacional.

            De ese partido recuerda Ramón que jugando la prórroga se escapó un jugador canario y le hizo una entrada fuera del área porque hubiera sido decisivo encajar un gol en esos momentos, y el árbitro del partido, Esquinas Torres, que entonces arbitraba en Tercera División, le sacó la tarjeta amarilla, “pudo haberme echado, era casi tarjeta roja”. Pero me dijo que me fuera a la portería y solo me amonestó.

            El premio de ganar la Copa de la Liga fue jugar en la temporada siguiente con los equipos de Primera División, en la que sería la última edición de esa competición, en la temporada 1985/86. Les tocó el Valencia como equipo rival y él pudo estar en la portería en esos dos históricos partidos para el club blanquinegro. En Cuenca empataron a dos y en Mestalla el Valencia impuso su lógica superioridad ganando 3-1. A ese equipo valencianista lo entrenaba Di Stefano y jugaban Bermell, Revert, Arias, Tendillo, Quique Flores o Roberto, entre otros.

            También recuerda Ramón otros grandes éxitos como los ascensos de categoría o los partidos de la Copa del Rey que jugó con el equipo.

            Tuvo un paréntesis en la temporada 1987/88 en la que se va a la A.D. Campillo, de Campillo de Altobuey, pues viene a ficharlo Joaquín Caparrós, que había sido compañero suyo en la Balompédica y decide llevárselo al Campillo. Ramón ficha por el club campillano y está allí dos temporadas, regresando luego de nuevo al Conquense.

            A lo largo de tantas temporadas recuerda a muchos compañeros suyos en el equipo como Abarca, Álvarez, Segovia, Molina, Daniel Gil, Carlos, Rafa, Sepúlveda, Servi, Arguisuelas, Caparrós, Tato Abadía, Villanueva, Hortelano, Marcelino, Félix, Capón… muchos compañeros en el vestuario.

            Eso sí, la mejor defensa que asegura haber tenido en esas diecisiete temporadas en el equipo es la formada por Andrés Álvarez y Pablo Paredes en los laterales y Félix y Núñez como centrales. Con esa defensa el equipo encajó muy pocos goles, siendo el menos goleado de su liga y además marcando muchos goles también porque según recuerda estaba Emilio Gil, un gran goleador.

            En la portería compartió puesto con Isidoro Auñón, Javi Solera, Alpuente, Olivo, Mantecón, Mena y Romero. Como presidentes del club recuerda a Federico Saiz, el primero que tuvo, luego Antonio Hernaiz, José López, Balbino Noeda, Juan Ramírez y Ángel Pérez.

            De entrenadores que tuvo en el Conquense recuerda a Herminio Mielgo en su primera temporada, en la que jugó apenas veinte minutos. En la temporada siguiente vino Pintos, que fue sustituido por Ángel Domingo. El siguiente fue Ángel Rodríguez Torres. Más tarde Jaime López Sendino y Enrique Montes. Después Ángel Jaraiz y volvió Sendino posteriormente y después Perales. En la A.D. Campillo tuvo a Caparrós y a Rafa Langreo.

            En aquella época los entrenamientos eran muy diferentes, no había entrenador de porteros, ni preparador físico al principio, aunque luego sí que tuvieron. Recuerda al hermano de Jaraiz y también a Luis Jiménez. Tampoco se preparaba la táctica como ahora. Los campos eran de tierra, embarrados, en bastantes malas condiciones, incluso en alguna ocasión tuvieron que salir corriendo porque el ambiente era muy tenso y podía peligrar la integridad física de ellos. En este caso recuerda por ejemplo un partido en Pinto en el que nada más pitar el árbitro corrieron hacia los vestuarios para ponerse a salvo pues la afición contraria estaba muy nerviosa. La cosa por lo visto ya venía del partido de la primera vuelta jugado en Cuenca, que fue muy duro y los estaban esperando.

            Echando la vista atrás Ramón comenta que el fútbol de ahora es muy diferente al de su época, ahora están mucho mejor preparados, tienen mejores entrenadores, la táctica se prepara mucho más, la preparación física es más específica, hay masajistas, fisios, médicos; antes era más físico, era ir a por ellos, cuatro jugadas ensayadas y poco más. La alimentación también era muy distinta, entonces se comía de todo, sin pensar si era una alimentación favorable para estar en forma, ahora se cuidan mucho más todos los detalles.

            El portero que más le gustaba a Ramón era Iríbar, el Chopo, el guardameta del Athlétic de Bilbao. También se acuerda de Arconada, Buyo, Miguel Ángel, pero sin duda Iríbar fue al que más admiró. A Miguel Ángel lo llegó a conocer personalmente, se lo presentó Amieiro, portero del Aranjuez que llegó a ser preparador de porteros del Real Madrid.

            Como portero se define diciendo que era muy valiente, no se arrugaba ante nada y su principal cualidad eran los penaltis. Recuerda que en una temporada llegó a parar ocho penaltis. A Agüillas, jugador mítico del Aranjuez, le paró dos penaltis, uno en Cuenca y otro en Aranjuez, en la misma temporada. Las salidas también se le daban bien, aunque dice que si un portero de ocho veces falla una ya lo señalan. Ya está aquí la “ramonada” dice que comentaban cuando fallaba en la salida. Pero es que él salía a todas, si no sales y te rematan es gol, reflexiona el cancerbero balompédico. En el uno contra uno también era muy bueno, tenía habilidad para ir dándole su sitio al delantero y al final lo atajaba. Su punto débil era por abajo. Me costaba doblar los riñones, recuerda Ramón.

            También se acuerda del tiempo en que La Fuensanta estuvo en obras para ponerle césped y tuvieron que jugar en el campo del Obispo Laplana. Ahí recibieron a un filial del Real Madrid en el que jugaba Butragueño, por ejemplo. Y llegó a pisar los estadios Vicente Calderón y Santiago Bernabéu en alguna ocasión para jugar contra los filiales de Atleti y Madrid.

Todo muy diferente a los tiempos actuales. Los entrenamientos sí eran duros y fuertes. Por ejemplo, Montes los llevaba a la Cueva del Fraile a subir cuestas por allí y a Jaime López Sendino le gustaba llevarlos a Jábaga y trabajar por allí también las cuestas. La preparación no era muy específica: correr, echar unas pachangas y poco más. Pero no tenían ni masajista, ni médico. Antonio Belmonte era el que se encargaba un poco de hacer como masajista.

            Como mejor delantero rival al que se ha enfrentado recuerda al chileno Alvarado, que jugaba en el Parla. También se acuerda de Becerra, del Guadalajara, muy alto y fuerte, que entraba a todas. Sin ser delantero también recuerda haberse enfrentado a Quique Sánchez Flores, muy bueno.

            Un momento que le causa especial tristeza fue el fallecimiento de Alfredo Hortelano, que con tan solo 27 años y siendo compañero suyo en el equipo, falleció en 1984. Eran más que compañeros de equipo, eran amigos y vecinos de las Quinientas. Fue muy triste, recuerda Ramón, además su hija tenía menos de un mes cuando él falleció. Para el equipo fue también un golpe muy duro.

            Sus temporadas en la Unión Balompédica Conquense fueron de la temporada 1974/75 a la temporada 1986/87. Luego jugó dos temporadas en la A.D. Campillo y volvió al Conquense en la temporada 1989/90 hasta su retirada en la temporada 1992/93. No recuerda el número de partidos como balompédico, porque fueron muchísimos.

            Curiosamente al final de la temporada 1991/92 el club le hizo un partido homenaje, que se jugó entre el Conquense y el Campillo, los dos equipos de su vida. Esto fue porque en principio Ramón iba a retirarse del fútbol, pero finalmente el club siguió contando con él una temporada más.

            Ramón tenía que compatibilizar su vida laboral con el fútbol. Trabajó en la construcción, fue encofrador y cuando salía de trabajar iba por las tardes a entrenar, lo cual era muy duro, dado el tipo de trabajo que tuvo. De las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde en la obra. Ya llevaba la preparación física cuando iba a entrenar, apunta Ramón. Cuando fue ya más veterano los entrenadores, sabedores del trabajo que tenía, lo libraban en los entrenamientos de algunos ejercicios, le suavizaban algo la preparación.

            Debido a esto un año fue profesional, se dedicó exclusivamente a jugar, pero fue muy duro el hacer compatible su trabajo con el fútbol. Tal es así que no pudo sacarse el carnet de entrenador, que le hubiera gustado mucho, pero no podía sacar horas para asistir a las clases. Lo dejó y ya no pudo dedicarse a entrenar, aunque sí lo hizo un tiempo, pero entrenaba figurando como delegado del equipo, el Conquense Promesas, porque no tenía el título necesario para figurar como entrenador.

            Una de las innumerables anécdotas que recuerda Ramón le ocurrió en Ciudad Real, en un partido Manchego-Conquense. Resulta que en el vestuario algunos jugadores habían comentado antes del partido que si había penalti no lo iban a lanzar porque el portero rival los conocía muy bien. Parecía que ninguno se atrevería y él comentó: no os preocupéis, si hay penalti lo tiro yo. Pues, cosas de la vida, se produjo un penalti a favor del Conquense y Ramón tuvo que cumplir lo dicho, lanzó el penalti y ganaron 0-1. El periódico de Cuenca de entonces, El Día de Cuenca, tituló su crónica: ¡Ramón, qué grande eres! Sin duda nunca se le olvidará esto.

            En la temporada 1975/76 Ramón mantuvo imbatida la portería conquense durante 893 minutos en nueve partidos consecutivos. Esa marca fue récord del equipo hasta la temporada 2012/13 en la que Manolo Delgado logró mantenerse sin recibir un gol durante 1.010 minutos, 10 partidos. Pero la marca de Ramón sigue siendo hasta ahora la segunda mejor de la historia del club.

            En la actualidad está jubilado y va mucho al pueblo de su mujer, Caracenilla, donde compraron una casa. Allí pasan algunas temporadas y fines de semana. Le gusta la caza y así aprovecha para practicar su afición. Tiene tres hijos, dos chicos y una chica. Sus dos hijos intentaron seguir sus pasos, Ramón e Iván, pero el pequeño, Iván tuvo que dejar el fútbol por problemas de salud. Jugaba al fútbol sala de portero y llegó a estar convocado con la selección de Cuenca. El mayor también llegó a jugar de portero un tiempo.

            Ramón es ya abuelo pues tiene un nieto y una nieta por parte de su hija.

            Ahora va poco a La Fuensanta, alguna vez acude al estadio a ver a su equipo, la Balompédica, pero pocas, es que estoy en el pueblo mucho tiempo, comenta. Eso sí, mantiene relación con jugadores que fueron compañeros suyos. Como es costumbre ahora, tienen grupos de whatsapp.

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