La temporada en Segunda División se cierra este próximo fin de semana y lo hará cargada de emociones. Todavía hay una plaza de ascenso en juego, la promoción de ascenso no tiene definidos ni sus inquilinos ni cruces, como tampoco ocurre con el descenso. Los nervios estarán a flor de piel en muchos campos de esta categoría, aunque habrá un futbolista que ya lo verá desde la barrera después de anunciar su retirada. Mikel Rico, cosecha del 84, mediocentro natural de Basauri y con 21 años de carrera, decidió poner el punto final a su destacada trayectoria este último fin de semana ante uno de sus exequipos, la SD Huesca.
Emocionado, acordándose de todos sus clubes, compañeros, cuerpos técnicos, directivos, trabajadores de los clubes… Mikel Rico afloró todos sus sentimientos delante de los medios de comunicación en su rueda de prensa final en la que recordó su paso por el mundo del fútbol. Y, como es lógico, Cuenca es uno de los puntos más importantes de una extensa carrera que le ha llevado por toda España, por los mejores campos de la geografía nacional y donde ha cumplido todos sus sueños desde chico.
El Conquense, su lanzadera al fútbol profesional

Formado en la cantera del Danok Bat y posteriormente en el Baskonia Fútbol Eskola, cuando cerró su etapa juvenil dio un salto radical en su carrera futbolística con una clara intención: salir de su zona de confort para progresar como jugador. Y decidió recalar en Cuenca, en un filial del Conquense que acababa de subir a Tercera División y cuyo rendimiento con una plantilla muy joven dirigida por Arguisuelas era toda una incógnita.
El mediapunta llegó a la plantilla balompédica -como curiosidad, llegó con el pelo tintado de rubio y con un look muy alejado al característico que se le conoce hoy en día- y pronto se adaptó a la ciudad y al fútbol de la región, siendo un jugador clave en el buen hacer del filial balompédico. Destacaba por su despliegue físico, la velocidad en la conducción y un ritmo competitivo bestial, lo que le hizo ya debutar en el primer equipo del Conquense en Segunda B con solo 19 años. Jugó ocho encuentros en la recta final a las órdenes de Miguel Zurro, para la próxima temporada ya consolidarse en el primer equipo y ser un fijo en las alineaciones de ese equipo histórico del Conquense, aquel que se clasificó para la promoción de ascenso a Segunda División y en la que el Real Madrid Castilla impidió el ascenso en el Bernabéu con polémica, después de ganar 0-2 en La Fuensanta. En la vuelta, Alberto Alejandro adelantó a los balompédicos y en la segunda parte, al Conquense le anularon un gol anotado por Mikel Rico -a la postre, legal- que hubiera igualado la eliminatoria.
Descenso del Conquense y búsqueda de nuevas oportunidades

El futbolista de Basauri se mantuvo otro curso en el Conquense a pesar de contar con importantes ofertas de otros clubes, pero el desempeño del equipo de Cuenca fue mucho más irregular y terminó descendiendo de categoría, por lo que Mikel Rico hizo las maletas tras 87 partidos -79 en liga, 4 en Copa del Rey y 4 de promoción de ascenso a Segunda- y 13 goles como balompédico para recalar en el Poli Ejido en Segunda División. A pesar de su juventud e inexperiencia en esta división, tuvo un buen papel aunque no se mantuvo en la plantilla y afrontó la que fue su primera etapa en Huesca (06-07), logrando el primer ascenso del fútbol profesional para los oscenses. Ahí coincidió con otro ex del Conquense, el extremo Lalo, siendo ambos titulares indiscutibles, pero ni uno ni otro acabaron jugando en Segunda con el Huesca.
Se afianza en Segunda División

Mikel Rico regresó al Polideportivo Ejido y ya fue un puntal para los andaluces, que se clasificaron a la fase de ascenso pero fueron eliminados por la Ponferradina. Tal fue su desempeño que convenció al Huesca para volver, ya en Segunda División, donde estuvo el curso 09-10 en el que se salvaron sin mayores problemas y Mikel Rico ya era un fijo en las alineaciones (41 partidos a sus espaldas, 40 como titular, y cinco goles). Fue uno de los destacados de la categoría y su nombre empezó a sonar para reforzar a equipos con mayores ínfulas en la división, lo que acabó con su fichaje en un Granada que aspiraba a subir a Primera División en la 10-11 (curso que todavía lo empezó con el Huesca, jugando el primer partido de liga).
En el Granada no defraudó y pronto se convirtió en uno de los líderes del equipo para conseguir el ansiado objetivo -en la promoción de ascenso, tras eliminar en un agónico partido final al Elche-. Tal era su estatus en el equipo que no notó el paso a Primera División y el Granada quiso contar con él, convirtiéndose en un activo fundamental para sellar la permanencia en la 11-12 y 12-13.
Cumple el sueño de su vida
Era un fijo en el Granada, pero su buen hacer en la élite del fútbol llamaba las puertas a otros equipos, pero ninguno tuvo opciones reales de ficharlo cuando tuvo la oportunidad de jugar en el club de sus sueños: el Athletic Club de Bilbao.

Rico nunca escondió su deseo de jugar con el equipo de su tierra y siempre ansió con vestir la rojiblanca, lo que pudo cumplir en la 13-14. El traspaso costó 2,5 millones de euros y acabó con meses de especulaciones en las que se hablaba de su llegada. Convenció a Ernesto Valverde y fue titular (incluso marcó cinco goles) en un equipo que se clasificó para la Champions League.
Al año siguiente el Athletic Club fue séptimo en liga, Mikel Rico disfrutó de la máxima competición continental y rozó su primer título, al ser finalista de la Copa del Rey pero el Barcelona de Guardiola y Messi les ganó en la final. Fue la antesala de su único entorchado como profesional, ya que en la 15-16 se adjudicó la Supercopa de España. Por cierto, en esta etapa recibió muchos reconocimientos, uno de ellos en Minglanilla por parte de la Peña del Athletic Club de Bilbao asentada en esta localidad conquense.
Con el club de su tierra estuvo seis años, aunque su protagonismo fue bajando y acabó marchándose tras más de 175 encuentros como rojiblanco.
Regreso a Huesca

Tras agotar su etapa como bilbaíno, Mikel Rico bajó una categoría para jugar en uno de los clubes más importantes de su carrera: la SD Huesca. El conjunto oscense había descendido a Segunda y su objetivo era regresar a la élite, motivo por el que el fichaje de Rico era tan importante. Contar con un jugador que aglutina sacrificio, experiencia y calidad era un salto cualitativo en el nivel de su plantilla y el futbolista, que siempre ha sumado en todos los equipos en los que ha militado, asumió su rol de líder.
Jugó todos los partidos de liga, anotó siete goles y fue pieza clave para que la SD Huesca ganará el título de Segunda División en la 19-20. Al año siguiente volvió a jugar para los oscenses en Primera, pero no pudieron retener la categoría, y todavía se mantuvo otro año más sin conseguir el retorno a Primera. Ya con 37 años, su aportación al equipo había disminuido y no renovó contrato, por lo que se marchó al Cartagena, también en Segunda, para continuar su carrera futbolística.
Último tren: Cartagena

Ahí se ha mantenido los que, a la postre, han sido sus dos últimos años como futbolista. En su estreno con los cartageneros tuvo un rol importante en el equipo y consiguieron mantener sin dificultades la categoría, pero en esta 23/24 el conjunto arrancó muy flojo, con un Mikel Rico que apenas disfrutó de minutos. Hubo cambio de entrenador, el jugador de Basauri participó más desde el banquillo y el equipo fue hacia arriba hasta el punto de salvarse holgadamente.
Ahora, con más de 700 partidos en su carrera profesional -entre ellos, 232 en Primera División y 31 en competiciones europeas-, cuelga las botas. Zorionak, Mikel Rico. Gracias por tu fútbol.

































































