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Análisis de Pupperazzi – Sí, puedes acariciar a los perritos

Puede que hayáis entrado a este análisis porque os gustan los perros, porque os interesa la fotografía o simplemente porque os ha hecho gracia que el juego se llame “Pupperazzi”. Sea cual sea el motivo por el que hayáis pinchado en este análisis, seguid leyendo, esto probablemente os interese.

Pupperazzi, además de destacar a simple vista por su adorable aspecto low poly, llama la atención por su propuesta. Se trata de un juego en primera persona centrado en la fotografía cuyo principal atractivo reside en que deberemos hacer fotos de perros de todo tipo de razas en diferentes localizaciones llenas de estos peludos amiguitos como una ciudad, un paseo marítimo o una cueva. La mecánica del juego es tan simple como leer los distintos encargos de fotografías que nos solicitarán distintos personajes tan variopintos como máquinas expendedoras u otros perritos y entregar las imágenes que cumplan con los requisitos de cada encargo. Con cada encargo cumplido, obtendremos huesos dorados (la moneda del juego) e iremos ganando seguidores en una suerte de red social perruna llamada dognet, lo que nos irá desbloqueando nuevos filtros y lentes para nuestra cámara en la tienda.

En esta carrera como fotógrafo de perretes, tendremos que interactuar con ellos jugando con juguetes, acariciándolos o poniéndoles ropa para cumplir con las demandas que nos van llegando. Además, deberemos hacer uso de los distintos tipos de lentes y filtros, así como buscar al cachorrito y lugar indicado para conseguir la foto perfecta para nuestros clientes. La mayoría de solicitudes nos pedirán que plasmemos a estos adorables y esponjosos animales mientras hacen todo tipo de cucadas como atrapar palos, echar una siesta en la playa o conduciendo una moto por la ciudad (sí, aquí los perros conducen, pero ellos insisten en que es muy seguro).

No existe una elaborada justificación para esto a nivel argumental, pero ni falta que le hace. Simplemente somos una cámara con piernas y brazos (literalmente) a la que le llegan pedidos de fotografías por correo de una Roomba, una máquina arcade o un perro bombero entre otros. Podría haberse buscado una trama algo más compleja como excusa para hacer fotografías durante el par de horas que dura el juego, pero no engañamos a nadie, hemos venido a ver a los cachorritos, que para eso son las estrellas de este juego.

En el juego tendremos libertad total para explorar a nuestro antojo los distintos escenarios, que, si bien no son enormes, son lo suficientemente grandes para que merezca la pena explorarlos y descubrir que se cuece en cada rincón. También contaremos con máquinas expendedoras donde podremos comprar nuevas lentes y filtros o simplemente sacar objetos y juguetes para jugar con los perritos. Aunque las peticiones nos obligarán a indagar en nuevas formas de interactuar con el escenario y los animales, el propio juego incita a que lo tomemos con calma y simplemente exploremos y nos divirtamos por nuestra cuenta, ya sea sobando a todos los perros que queramos para ver sus reacciones, relacionándonos con ellos a través de los distintos objetos o haciendo fotografías a nuestro gusto para guardarlas en nuestro ordenador y compartirlas con nuestros amigos.

Y es que, a pesar de que su premisa principal es convertirnos en fotógrafos al servicio de otros personajes, esto apenas es una excusa para presentarnos un patio de recreo en el que pasar un buen rato con nuestros colegas cuadrúpedos. Es realmente difícil empezar a jugar Pupperazzi sin que te saque una sonrisa tonta al rascar la cabecita de los perros por primera vez. Absolutamente todo en este juego está diseñado para que te relajes y lo pases bien sin complicaciones, y es por eso que todo es sencillo y agradable. Por ejemplo, cumplir con los recados que nos encomiendan es extremadamente simple, basta con enviar una imagen que cumpla mínimamente con los requisitos y esta se dará por buena para que podamos seguir avanzando con las demás peticiones. Esto, sumado a que todas las ubicaciones y demás elementos se desbloquean a los pocos minutos de empezar, reafirma la intención del juego de agobiarte lo menos posible y hacer que te sientas libre de corretear por el escenario y distraerte con los perros si es lo que te apetece, pero siempre exento de la necesidad de cumplir algún objetivo realmente obligatorio.

Desde el primer momento “Pupperazzi” ofrece un pequeño lugar en el que vaciar nuestra mente y dedicarnos a eliminar el estrés acumulado durante el día sacando fotos de perritos y jugando con ellos. Es obvio que no estamos ante un blockbuster ni una apuesta rompedora, pero ante tantas superproducciones que prometen centenares de horas de acción desmedida y desafíos solo para los más habilidosos, sienta bien descubrir obras más pequeñitas cuya única pretensión es que te relajes durante un puñado de horas en un entorno alegre y amable.

 

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Erik León / Botón Z