Los tazos de Pokémon versión monasterio.
Los monjes copistas tenían que pasar el rato. Estos señores se dedicaban a copiar libros y libros a mano, tampoco había una tecnología que permitiera hacerlo de otra forma. Ya que nos ponemos con un trabajo tan titánico hay que dejar espacio para un poco de diversión que les alivie las infinitas páginas que les quedaban por copiar. Los márgenes son tierra de nadie. Efectivamente, dibujaban pequeñas escenas que les parecían divertidas, que realmente lo siguen siendo, y que Inkulinati ha sabido sacar provecho de esta práctica como el que más.

En base a esta premisa Inkulinati plantea un combate por turnos en el que tendremos un estratega y cinco “criaturas” diferentes para invocar y mover con sus respectivas habilidades. Todo para resucitar a nuestro maestro, asesinado sin querer por la muerte estando de fiesta loca. Para el ritual hay que derrotar a los maestros Inkulinati y así la muerte nos podrá conceder el deseo que queramos. En cada partida de este roguelite tendremos diferentes animales, aberraciones y otras que no sabría definir para invocar. Para machacar a tu rival en esta batalla tendrás que ver quién dibuja y destruye al monje copista rival antes. Hasta tus unidades son las que recogen la tinta chorreante del margen para generar más soldados. El propio monje cuenta con unas habilidades basadas en meter el dedazo para ganar ventaja. Literalmente. Desplazar con el dedo a un perro arquero hasta tirarlo del margen del libro no solo es una posibilidad, sino que es lo óptimo.
Fuera de los combates nos moveremos por un mapa que tiene varios caminos con diferentes eventos. Algunos nos darán oro, otros salud, otros vida máxima, más tinta o reputación (podremos elegir las mejores opciones de diálogo si tenemos suficiente reputación todo sea dicho).

Las criaturas son una mezcla de animales conocidos con profesiones y “creaturas” aberrantes nacidas de la mente de un psicópata. Los monjes copistas tenían sus conejos asesinos y simbología propia que podemos ver también en Inkulinati. Pero fuera de los típicos perros, zorros y conejos tenemos un burro bardo, un gato obispo o, entrando en lo inquietante, un detonacabezas, criatura con hacha o el inefable detonacocinas. Todos, al ser invocados aparecen con un nombre aleatorio bastante gracioso como “Richard”. No tiene pérdida (esto sí me hace empatizar con criatura con complejo de obispo y no lo del The Last of Us parte II).
Para dinamizar el gameplay y evitar la repetición los monjes se aburren de dibujar los mismos bichos. Comprensible, cuando ya has dibujado 10 veces el mismo caracol igual es hora de utilizar el resto (o no, el caracol es la mejor unidad indiscutiblemente). Esta genialidad que va en consonancia con la narrativa y ambientación te castiga de cara a las siguientes partidas haciendo que el caracol cueste más tinta. Es relativamente fácil tener diez criaturas y poderlas rotar para evitar calambres en la mano innecesarios, que ya bastante mal se pasa copiando manuscritos.
En los mapas se generan obstáculos y diferentes alturas del terreno para que cada batalla sea única. Ves un potaje de alubias a la lejanía, se te ocurre golpearlo y genera una explosión que te masacra medio ejército. El pan de cada día para un monje. Porque la posición de todos los elementos es algo a tener muy en cuenta, las unidades y el copista pueden empujar, llevando a la siguiente unidad al espacio libre más cercano, énfasis en libre, porque si no hay nada libre hasta el margen los tirarás y acabarás con su vida, incluso la del otro escriba. Lo que me he podido reír tras ir perdiendo una batalla de una manera excesivamente cantosa y ver que mi Perro lancero se acerca y en vez de golpear con su afilado palo, estira sus patitas y grácilmente desliza al pequeño copista verde Yoda hasta su final. Desternillante.

Inkulinati tiene un humor al que es muy fácil entrar, cuando todavía te estás acostumbrando a todo lo que ofrece el juego entras al trapo solo por los diálogos y los personajes. Hay opciones de diálogo que requieren 999 de reputación, cosa inhumana y que solo está ahí para que te rías con la frase. Activamente busca que entres por el combate y el humor te abrace lo suficiente para que te encariñes con Inkulinati. El trabajo de localización y traducción es excelente, ya sea en el humor o en los juegos de palabras, combina con el apartado visual de manera impecable.

Solo que al tener una estructura roguelite la segunda vuelta pierde todo el sentido en sus diálogos. Ya he escuchado este chiste y con cada partida no hace más que dejar claro que es solo un abrazo de bienvenida. Una vez ya le has dado varias vueltas ni los lees. La estructura del roguelite con la narrativa de Inkulinati hace aguas pero si avanzas un poco más que en la partida anterior esa pequeño descubrimiento no es tan interesante, no porque no guste, sino por lo que has tragado hasta llegar hasta ahí. Junto a la música que es muy acertada con un ambiente medieval, pero el repertorio es escaso y debido a la duración de los combates se puede hacer un poco pesada.
Al enfrentarse a los jefes de cada mapa, se va escribiendo en el fondo un libro, al margen de nuestra cruenta batalla contra Dante o quién sea. Porque lo realmente importante no es el vencedor o el perdedor, sino que se termine de copiar el libro. Cuando acabe el combate iremos a otro margen y nos volveremos a enfrentar contra otro maestro Inkulinati. Es un juego que sabe cómo ser atractivo, hacerte pasar un buen rato, disfrutar de lo que te ofrece. Lo recomiendo porque el combate es desternillante, los diálogos más si cabe, aunque a la segunda vuelta pierda brillo, la narrativa ya no te sorprende, pero el núcleo jugable ya tiene la fuerza de llevarte por sí solo. Pero por muy bueno que sea llega la hora de cerrar y cambiar de obra. Esto es un Game Preview, aún hay un pequeño margen de mejora.






























































