Nuestra primera misión consiste en recomponernos, nos encontramos desmontados en un vertedero sin saber nada del mundo. Intuimos que no destaca por su amabilidad si ya nada más empezar tenemos que recoger nuestra cabeza y las piernas.
Esto nos sirve de tutorial, en estos 2 minutos de juego ya ha puesto sobre la mesa todas las posibilidades que nos da el juego para avanzar por sus niveles. Un sistema de combinación de objetos, variar el tamaño de nuestro robot (que se llama Josef, increíble nombre) y mover el cursor para andar e interactuar.
La segunda misión, esta vez mía, es destacar que artísticamente destaca por encima de cualquier otro aspecto. Las grandes ciudades mecanizadas lo humanamente posible nos dejan un paraje con tonos marrones y grises. Los ambientes donde nos encontramos de alguna manera no casan con la actitud de Josef, un mundo hostil con un robot que parece indefenso y, para qué engañarnos, adorable.
Escuchar a la banda de música en la plaza frente al bar debería ser obligatorio para toda persona que pase por allí. Ese momento que vives desahogado del resto de la opresión del viento chocando con los metales casi abandonados, las cañerías destrozadas o los gruñidos de otros robots necesitados. El mundo que te rodea brilla gracias a los robots que viven en ella y, sobre todo, gracias al protagonista. Porque aunque no hable, la inocencia que proyecta y el ingenio milimétrico que muestra a la hora de ayudar a sus amigos es la vida que una ciudad robotizada necesita.

El juego te presenta al origen de todos los males, Roberto y Paco (nombres inventados), unos abusones que se dedican a molestar en exceso y aterrorizar a la población. Se dedican a hacer bullying a todo aquel que se cruce en su camino. Roberto y Paco™, abusan hasta de la mente maestra de la ciudad, amigos del protagonista y también son protagonistas de todos sus traumas infantiles.
Funcionan todos los elementos como un engranaje (nunca mejor dicho). Sumado todo lo anterior, a la belleza y al diseño de los niveles es casi un juego brillante, pero tiene algunos problemas relacionados con la manera de plantear algunos puzles. Y vamos a estar más tiempo sacando los puzles que llegando al próximo rompecabezas.
Es un point and click clásico, que rápidamente te explica cómo funciona su mundo y enseguida aceptas su proposición. El problema llega cuando la solución de un puzle deja de ser un conjunto de acciones lógicas para convertirse en prueba y error con todos los elementos que tienes a mano. Simplemente porque la frustración de creer que estás resolviendo bien la situación y no funciona según una lógica externa te desgasta en un juego que no llega a las 3 horas de duración. Que no se me malinterprete, no ocurre más de dos veces, pero por ser la excepción necesitaba destacarlo.
Para resolver el problema entre jugador y jugabilidad tenemos dos herramientas para salir del paso en los atascos. Una bombilla que nos dice cuál es el objetivo de Josef o, la que me parece una mecánica brillante, un libro guía con la solución del conflicto paso a paso.

Puede parecer injusto tener a mano la solución de todo el juego siempre en la esquina superior derecha, pero tiene truco. No te regalan las respuestas, tienes que ganártelas dentro de un minijuego de scroll lateral en la que disparamos a arañas y cualquier contacto con una superficie nos fulmina. Implementando las guías dentro del propio juego evitamos atascarnos y lo introducimos dentro de la narrativa y el gameplay.
La narrativa se nos muestra a través de bocadillos animados que salen de la mente de Josef. Cuando hay un evento importante o hablan entre dos personajes salen estos bocadillos para guiarnos. Cuando nos quedamos inmóviles, saldrán a la luz recuerdos importantes de Josef y podremos quedarnos rememorando con él los eventos más importantes de su vida. De esta forma, orgánicamente dan profundidad al protagonista y nos será más fácil empatizar con lo que le ocurra.
Porque este juego habla de sentimientos. De que, aunque empecemos desmontados y a medias en un vertedero, podemos ayudar a los que más queremos en un mundo que no nos quiere de una sola pieza.






























































