Cuando se habla sobre pensar fuera de la caja u out of the box se hace referencia a una forma de pensar distinta a lo que estamos acostumbrados, a una forma más creativa, a ver las cosas desde otro ángulo, otra perspectiva. No es una expresión que se utilice demasiado en el día a día, pero sí que llevamos a cabo lo que propone esta curiosa metáfora mucho más a menudo de lo que parece. Cada vez que cambiamos nuestra forma de observar lo que nos rodea para superar una situación que a simple vista parecía insuperable, estamos pensando fuera de la caja. Ya sea para afrontar el más complicado de los desafíos o el acertijo más chorra de internet, a veces es necesario cambiar nuestra percepción de las cosas. Después de todo, esta forma de reflexionar surge de la necesidad de ver más allá de lo evidente para contemplar respuestas que no podrían verse de otro modo.
Y si os hablo de pensar distinto y de darle un giro de tuerca a lo obvio es porque esta es la premisa de la que parte Superliminal. Desarrollado por el estudio Pillow Castle, Superliminal se presenta como un videojuego de puzles en primera persona donde “la percepción es la realidad”. Y realmente poco más puedo decir. Porque Superliminal es uno de esos juegos con los que es mejor encontrarte de frente sabiendo lo mínimo o casi nada. Sé que es realmente difícil hablar sobre un juego de puzles sin comentar nada acerca de los propios puzles o a través de que mecánicas se resuelven, pero lo haré lo mejor que pueda.
Partamos de elementos conocidos para que podáis haceros una idea de que esperar: Superliminal recuerda en parte a obras como Portal o The Stanley Parable. Es una comparación que se viene fácilmente a la cabeza solo con fijarnos en su genial uso de los espacios cerrados, pero también encontramos similitudes en su estructura y hasta en su narrativa. De forma parecida a como ocurría en dichos títulos, un personaje fuera de cámara comentará nuestras acciones a medida que vayamos avanzando a través de las distintas secciones o fases.

Será uno de estos personajes, el Dr. Glenn Pierce, el que nos introducirá lo que será el argumento del juego. Con la promesa de una mejora en la calidad de sueño, nuestro avatar ingresará en la clínica del Dr. Pierce para someterse a una terapia de sueño “segura y efectiva”. Es por esto que Superliminal juega con lo onírico y con romper las normas por las que se rige el mundo real. Como ya adelantaba al principio del análisis, en Superliminal hay que pensar de una manera distinta a la convencional.
Dentro del mundo que nos plantea este título, se nos enseñará poco a poco sus reglas en forma de mecánicas. Mecánicas que deberemos de comprender para poder utilizarlas a nuestro favor antes de pasar a las siguientes. Conforme progresemos se irán incorporando cada vez más ideas y conceptos que se superpondrán y nos incitarán a cambiar constantemente nuestra manera de razonar para resolver los puzles que se proponen. Y cuando creas que entiendes perfectamente las normas de este nuevo mundo, Superliminal cogerá sus propias reglas y las moldeará, las retorcerá y te retará a desenmarañar un embrollo de conceptos y situaciones que, al menos a simple vista, parecerán imposibles de entender.
Se trata de una obra sorprendentemente creativa y llena de sorpresas. Es impredecible hasta el punto de que no sabrás qué esperar tras cada prueba superada. Porque si antes decía que Superliminal jugaba con las leyes de su mundo, también hay que destacar una palpable intención de jugar con las expectativas del jugador. En más de un momento te preguntarás hacia dónde va todo o siquiera que está pasando realmente. Como ejemplo de esto mismo me viene a la cabeza un tramo concreto que por motivos obvios no voy a destripar, pero sí confesaré que me hizo dudar incluso del tono del propio juego.

No exagero cuando digo que Superliminal puede llegar a marear al jugador cuando se le coloca ante el cúmulo de improbabilidades e imposibles a los que se debe hacer frente para completarlo. Y puede que haya quién se estrese con sus puzles, pero si hay algo que esta obra intenta enseñar, es que no debemos agobiarnos si no encontramos la solución a la primera, porque puede que la encontremos si cambiamos el ángulo desde el que la buscamos.
Y es que Superliminal nos sugiere que a veces los problemas no son tan grandes como parecen en un primer momento, y que, de la misma forma, hasta el detalle más pequeño puede ayudarnos a seguir adelante. Que, aunque en ocasiones tengamos un mundo de sombras delante, solo será un indicador de que detrás de nosotros hay un sol brillando. Que hasta el muro más firme no es tan rígido como parece y que, pese a que se nos acumulen los obstáculos hasta formar una montaña, podemos subir por esa montaña y coronar su cima.
En resumidas cuentas, Superliminal es un juego de puzles excepcional y único que todo aficionado, ya no al género, sino a los videojuegos, debería experimentar. Me hubiera gustado hablar de un modo más detallado de todo lo que propone Superliminal, pero no me perdonaría chafarle la experiencia al que quiera adentrarse en este extraordinario título. Y es perfectamente normal que penséis que este no es el análisis que esperabais. Puede que creáis que este texto no ofrece respuestas a las principales preguntas porque ni siquiera hablo de los puzles o las mecánicas. Pero también puede ser que algunas de esas respuestas estén ahí, solo que no podáis verlas aún. Puede que estén fuera de la caja.





























































