Si le preguntáramos a un corredor ya veterano cuál es el atleta español que primero le viene a la cabeza, el primero del que tiene recuerdos, seguramente nos dirá que es Mariano Haro, el primer referente en el atletismo para muchos españoles, la primera gran figura nacional que recordamos. Pues si hiciéramos lo mismo pera ya a nivel local, en Cuenca, lo más probable es que nos contestaran que Ángel Valero. Y es que Valero es una auténtica leyenda del atletismo conquense.

Con Valero puedes pasarte horas y horas hablando de atletismo, te podrá contar mil batallas suyas de su etapa como corredor, pero también te puede hablar del atletismo de su época, del actual, de cualquier tema relacionado con este deporte, es una verdadera enciclopedia.
Ángel se inició en el atletismo estando en Maestría, lo que era entonces Formación Profesional. Allí le daba Educación Física un profesor llamado Rafael que los sacaba a correr por el camino desde Maestría hacia el cerro, donde daban la vuelta; pero muchos se quedaban escondidos detrás del cerro para no tener que correr, entre ellos él. Pero un día hacía mucho frío y no le quedó más remedio que correr. Sorprendentemente a los que siempre ganaban les sacó mucha ventaja. Rafael le dijo que el domingo tenía que ir a los campeonatos provinciales de cross que entonces tenían su salida en La Fuensanta (en el campo de fútbol). Pero Valero era un gran aficionado al fútbol y no quería correr, lo que le gustaba era darle patadas al balón, con lo cual ese domingo no acudió a la competición. Entonces el profesor lo presionó un poco para que fuera al domingo siguiente al campeonato. Y allí se presentó a su primera carrera. Los ganadores eran normalmente Enrique Atienza y Luis Miguel Jiménez. Se tomó la prueba con mucha tranquilidad, saliendo en la cola, pero fue remontando posiciones y entró segundo, detrás de Atienza.

A partir de ahí el profesor le animó para que siguiera participando, porque así además puntuaba para el equipo del centro y entonces empezó a ganar las carreras provinciales.
Además en Maestría hacía otras pruebas como jabalina, siempre dirigidos por Rafael. Y llega su primer éxito, el clasificarse para los Campeonatos de España Escolares en Tarragona. El profesor le prometió regalarle sus zapatillas si corría allí y así lo hizo, pero no eran tampoco unas zapatillas específicas como las de ahora para correr. Aun así le hizo mucha ilusión aquello. Corrieron en la Universidad Laboral y quedó entre los diez primeros de la prueba.
Aunque corría, Valero seguía también jugando al fútbol, que le encantaba, pero a los 19 años ya tiene que dejarlo para decantarse definitivamente por el atletismo.
En Cuenca existía el Juventud OJE como club de atletismo y en él se enroló en sus primeros años. Aurelio era el presidente de la federación provincial de atletismo y fue el que le hizo la primera ficha federada.

Empieza a entrenar con Pepe Pontones y recuerda que participó en el Cross de la Juventud, donde compitió en la categoría juvenil. También fue el equipo del colegio de los Salesianos de Cuenca en la categoría infantil. En la categoría juvenil debido a la alta participación salían en dos series, con 500 participantes en cada una. Valero logra ser segundo de su serie, lo que hizo que el equipo de atletismo del Vallehermoso de Madrid quisiera ficharlo, pero él decidió quedarse en el equipo conquense. Recuerda que además de Pepe Pontones también estaban implicados en el equipo un teniente coronel apellidado Acebedo y Aurelio. Igualmente Enrique Buendía, porque pasó a ser presidente de la federación provincial. Pero Pepe Pontones fue para él una figura muy especial, más que un entrenador, casi un segundo padre.
El equipo del Juventud OJE participaba también en pruebas de pista y llevaba atletas en carreras y concursos, había mucha animación en este deporte e incluso participaron en todos los Juegos de la Mancha que se celebraron en aquella época, en Albacete, Ciudad Real, Cuenca y en pistas de ceniza siempre porque entonces no existían de material sintético.. También salían a competir a otras provincias, sobre todo Valencia y Madrid. Recuerda su primer 10.000 metros en pista en el estadio de Castalia (que era de ceniza), de Castellón de la Plana, con unas zapatillas normales. Esa carrera además la ganó, teniendo adversarios de mucho nivel.
Participaban en las carreras de los pueblos y en esas carreras siempre ganaba Valero. Con el dinero de los premios compraban material para todos los del equipo, como chubasqueros.
En el Campeonato de España de cross que disputó en Gijón los siete primeros se clasificaban para el Cross de las Naciones (lo que venía a ser entonces el Mundial de la especialidad) y Ángel logra clasificarse en noveno puesto. Lo llamaron para ir concentrado con la selección española por si había alguna baja en la selección. Pero no pudo acudir porque volvió resfriado de aquel campeonato.

Años después se constituye en Cuenca un equipo de atletismo nuevo, el Alsimán, club con el que estuvo un par de años. Además en este equipo de atletismo conquense estuvieron también Fernando Cerrada (uno de los mejores fondistas españoles de la época) y Antonio Páez (un gran mediofondista). El fichaje de Cerrada fue debido a la gran amistad que le unía con Valero y con Juan Almazán. Alguna vez vinieron a entrenar a Cuenca y corrieron juntos varias pruebas. Pero duró poco este equipo, cuando faltó el dinero desapareció.
La federación provincial funcionaba pero se vio la necesidad de crear un club provincial. Se funda entonces el Club Atletismo Cuenca, cuyo primer presidente es Miguel Sáez Cifré. Valero ocupa el cargo de vicepresidente. Echa a andar así uno de los clubes más importantes de nuestra provincia.
Era ya entonces presidente de la federación provincial de atletismo Santiago Saiz que tuvo la idea, junto a los miembros del club, de crear la carrera de la Hoz del Huécar. La primera edición de la misma tuvo lugar el 8 de marzo de 1987. Tenían bastantes dificultades debido a la orografía de nuestra ciudad y además consideraban que media maratón iba a ser una distancia muy larga. Se llegó a plantear el llegar incluso a Palomera, pero era complicado porque había que prever la vuelta luego de los corredores. Gustó entonces el recorrido de la Hoz del Huécar por su belleza, es una carrera muy bonita y que tuvo muy buena aceptación entre los atletas participantes. En Cuenca era complicado el buscar un trazado llano para la carrera. Al final se decidieron por el recorrido que ha hecho famosa a esta carrera y que tiene ya una larga tradición.
El club empieza entonces a salir a competir en carreras de asfalto y gracias a eso un grupo importante de corredores conquenses da el salto a la maratón, a la mítica carrera de los 42,195 km.
A Valero lo que más le gustaba era el cross (que echando la vista atrás sigue siendo su especialidad preferida) aunque no le disgustaba tampoco la pista pero había pocas opciones para participar.

EL IDILIO DE VALERO CON LA MARATÓN
En el Pinar de Jábaga se juntaban muchos fines de semana para preparar las pruebas de larga distancia y de ahí se animó un grupo importante de atletas conquenses que en aquellos años lograron unas marcas interesantes en maratón, todos bajaban bien de las tres horas en la prueba reina del atletismo.
La maratón es una de las carreras en las que Valero ha destacado pero no pudo correr muchas debido a su eterno problema con los gemelos. Cuando llevaba ya bastantes kilómetros y sobre todo en asfalto le asaltaban unas molestias que le causaban mucho dolor y eso le impidió siempre rendir al nivel que hubiera podido de haber estado totalmente bien.
Su debut en maratón fue en Madrid. Se preparó para acompañar a otro conquense, Arturo Rodríguez Lázaro y ayudarle a conseguir una buena marca y aunque pensaba retirarse más o menos en la mitad del recorrido, se vio bien y decidió seguir pero en los últimos kilómetros se resintió porque no llevaba una preparación adecuada y a pesar de eso termina con una marca más que reseñable de 2:31´.
En Madrid corre otra vez la maratón para ayudar a otro corredor conquense, Paco Fernández Checa, a intentar conseguir marca personal. Le hizo de liebre para bajar de 2 horas 50 minutos aunque al final superaron por solo 10 segundos la marca prevista, pero fue una buena carrera.

La primera maratón que prepara en serio es Valencia, en 1992. Entonces, recuerda Ángel, el recorrido era más duro que ahora porque bajaba por los túneles de la carretera y esos badenes eran desfavorables; además por el puerto hacía mucho viento. Iba muy cómodo pero cuando quedaban pocos kilómetros le empezaron los problemas con los gemelos y eso le hizo tener que aflojar. Casi toda la carrera ha ido con Arturo Rodríguez pero al final se descuelga un poco. Arturo entra en meta en un tiempo de 2:24´08´´ en décima posición y Valero detrás de él, en undécimo puesto con 2:24´41´´. Esas dos marcas siguen siendo las dos mejores del ranking provincial de maratón 31 años después, lo que da idea del gran mérito de aquella carrera.
Al año siguiente acude al Campeonato de España absoluto individual y por equipos en Valencia, con el Club Atletismo Bikila que lo había fichado junto con Arturo. Consigue también una excelente marca, parando el crono en un tiempo de 2:25´13´´. Gracias a la aportación de los dos corredores conquenses el Club Bikila se alza con el subcampeonato de España por equipos.
Recuerda que tuvieron que pasar el control antidóping. Allí estaban todos los que habían quedado en primer lugar y aunque ni él ni Arturo tuvieron problemas en pasarlo se acuerda de que a algunos les costaba mucho orinar. Se acuerda de todo el protocolo del control: recogida de la orina en una probeta, sellado y lacrado de la misma y firma del acta del control y también les daban una hoja por si daban positivo pedir el contraanálisis. El premio en metálico por quedar en los primeros puestos no lo recibió hasta un mes después, cuando las pruebas de la analítica fueron correctas y no había problemas de dopaje.

En su única participación en la maratón de Sevilla en 1995 tuvo que retirarse. También en aquella ocasión corrió con Arturo que logró finalizar en 2:28´. Empezaron muy fuerte la carrera los dos y llegaron a estar entre los cinco primeros bastantes kilómetros pero acabaron pagando el esfuerzo.
Recuerda con amargura una edición de la maratón de Valencia en la que la carrera era compensada. Esta modalidad, que duró dos años, consistía en que los corredores salían por grupos de edad, siendo los primeros los más veteranos. Esa ventaja hizo que Valero a falta de menos de seis kilómetros para la meta se viera en los primeros puestos. Pero debido a su eterno problema en los gemelos tuvo que retirarse. Le vienen a la memoria los gritos de ánimo del público diciéndole que iba muy bien y quedaba poco, pero le resultó imposible terminar aquella carrera.
Ángel comenta que está seguro de que de no haber tenido sus problemas con los gemelos hubiera podido bajar de 2:20´ en maratón, porque rodaba muy cómodo durante muchos kilómetros a un ritmo de 3´20´´ por kilómetro. Pero las molestias que siempre le provocaba el correr largas distancias y en asfalto le supusieron el no poder mejorar su marca personal. La preparación tan exigente de la maratón le ocasionaba muchos problemas físicos y por eso decidió dejar ya la prueba reina del fondo.

GRANDES RESULTADOS EN CAMPO A TRAVÉS
También seguía corriendo su especialidad preferida, el cross, compitiendo en muchas ocasiones en la comunidad de Madrid donde siempre era segundo (cree recordar que solamente ganó una vez).
Uno de sus últimos cross fue en Torrejón de Ardoz, valedero para la Copa de Madrid, como un circuito provincial que tenían. Allí se juntaron muchos de los mejores fondistas de entonces, incluso algunos de nivel internacional. A falta de dos vueltas iban cinco corredores en grupo, entre ellos Valero que al final queda segundo, porque al sprint fue superado por José Luis Barrios que fue el ganador. Pero logró ganar en aquella prueba a atletas de mucho prestigio como Eleuterio Antón o Jesús de Grado.
El cross fue lo que más le gustó a Valero siempre y además sufría menos en ese terreno, más blando que el asfalto. Disfruté mucho del cross, recuerda con nostalgia.
OTRAS CARRERAS
En media maratón Valero no consiguió grandes marcas, no fue una prueba que preparara específicamente, siempre estuvo en torno a 1:10´ aunque sí consiguió alguna vez terminar en 1:07´. De todas formas tampoco corrió en circuitos favorables para conseguir buena marca.
Y otra carrera en la que participó poco fue en la Hoz del Huécar ya que muchas veces le tocó estar como organizador con el club. Solamente pudo correrla en tres ocasiones. Eso sí, en la segunda edición quedó segundo con una marca de algo más de 48 minutos. El ganador fue Jesús Reina, un gran corredor de Valencia.
En el Campeonato de España de veteranos que se celebró en Huesca participó en los 10.000 metros, ya con 41 años y quedó en segunda posición en una carrera en la que se voló ya que pararon el crono en 32 minutos, una marca de gran nivel para esta categoría.
LA CARRERA DEL PAVO
También en la carrera más popular y participativa de nuestra ciudad, la Carrera del Pavo nuestra San Silvestre conquense, Ángel Valero ha tenido muy destacadas participaciones.
La primera edición, en el año 1980 y con su primera denominación de Carrera Fin de Año, no pudo correrla debido a que jugando la final del torneo de Navidad de fútbol sala se rompió la muñeca y le tuvieron que escayolar, el día antes de la carrera. Se impuso en aquella edición Dionisio Visier. Sin embargo recuerda que a los quince días fue al cross del Caño en Tarancón y lo ganó, estando todavía con la escayola puesta. Luego enlazó en esta prueba otros tres triunfos más, siendo ganador cuatro años consecutivos.

En las dos siguientes ediciones de la Carrera Fin de Año se desquita y consigue ganar. Y también vence en las dos primeras ediciones ya con el nombre de Carrera del Pavo, en los años 1983 y 1984. Logra así imponerse en cuatro ediciones consecutivas en la carrera de la Nochevieja conquense, algo que solamente ha conseguido igualar el corredor olímpico de Tarancón, Juan Carlos de la Ossa.
Después en las siguientes ediciones Valero repite triunfos en su categoría, la de veteranos ya y consigue quedar también entre los primeros puestos de la clasificación general.
Para Ángel Valero el atletismo ha sido una filosofía de vida, ha sido una referencia para él. Le tocó vivir esa época del atletismo que se recuerda ahora con nostalgia, en la que correr tenía su toque de romanticismo. No tenían los materiales que existen ahora, ni zapatillas voladoras o de suela de carbono, ni tejidos ligeros y transpirables, ni geles para aguantar mejor el esfuerzo, ni bebidas isotónicas, relojes con GPS… Tampoco había fisioterapeutas como ahora a los que acudir para ayudar al cuerpo a recuperarse antes y prevenir lesiones.

Sí recuerda el tener que entrenar en el duro invierno de Cuenca al salir de trabajar, con mucho frío y ya de noche. Las largas tiradas en el Pinar de Jábaga, los problemas con los gemelos (su eterno problema), los viajes sin comodidades para poder competir, la falta de pistas de atletismo donde tener la posibilidad de hacer carreras y mejorar marcas, de hecho durante muchos años Cuenca fue la única provincia de España sin pista de atletismo de tartán, hasta que por fin se hizo la pista del Luis Ocaña… Queda ya tan lejano aquello para las nuevas generaciones.
Forjó una gran amistad con Arturo Rodríguez porque prepararon muchas carreras juntos (varias maratones entre ellas). Fueron muchas horas de entrenamientos, de tiradas largas, rodajes a ritmo, series. El compañerismo estuvo siempre por encima de todo.
Y lo que Valero tiene claro es que mereció la pena todo aquel esfuerzo. Le compensó lo que el atletismo le dio, por encima de los sinsabores que también le hizo pasar.





























































