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‘Terry’ Jiménez, una jugadora de baloncesto conquense que destacó desde niña

La protagonista de este reportaje es Teresa Jiménez, una mujer encantada por el ejercicio físico desde niña y que destacó en el mundo del baloncesto, aunque desde bien pequeña practicó otros deportes como balonmano o atletismo. «Disfrutaba del baloncesto en el patio del colegio en los recreos y a la salida de las clases al mediodía. Por las tardes me iba al Sargal a jugar a balonmano y por la noche iba a la Fuensanta a hacer atletismo. Mi chándal era mi uniforme oficial durante todos los días de la semana», nos apuntaba.

Contaba con una gran altura (1,84), lo que le hacía destacar entre las niñas de su edad mientras veía al equipo femenino de baloncesto entonces dirigido por Peter. Algo que hizo que poco a poco le fuera llamando el ‘gusanillo’ de ese deporte, al que dio el salto cuando tenía 13 años. «Un día en el Sargal, viendo un partido de balonmano, mi tío Luis nos enseñó a mi padre y a mí un anuncio que salía en la revista del Nuevo Basket, donde el equipo de baloncesto femenino Tintoreto (Madrid) buscaban chicas del año 74 con altura para un clinic que iban a hacer en Madrid. Mi tío echó la inscripción y fui seleccionada para ese clinic. Paralelamente a esto, mi padre se había enterado que la federación española, buscaba chicas altas por encima de 1,80 para lo que llamarían Operación Altura. En esta Operación Altura, comenzaron a hacerme pruebas deportivas, primero en Cuenca y después cada fin de semana durante un tiempo, mi padre tenía que trasladarme a Madrid para entrenar con el entrenador Manolo Coloma», así nos explicaba cómo fueron sus inicios y cómo empezó todo. Cabe destacar que el mencionado Manolo Coloma fue el seleccionador femenino de la España que ganó el primer Oro de un combinado nacional, en el recordado Europeo de Perugia 1993 en la que participaba la conquense Ana Belén Álvaro.

No sabía jugar cuando todo comenzó, pero la humildad, el trabajo y las ganas de superarse hicieron que el camino se fuera allanando cada día un poco más. «Yo no sabía jugar bien, pero me divertía practicando este deporte. Realmente no era consciente de que todo aquello tenía un objetivo, que poco a poco se iría cumpliendo. En el clinic de Tintoretto disfruté muchísimo con la presencia de jugadores y jugadoras importantes del momento como invitados a aquel clinic. Era un club grande. Tenían todas las categorías y había muchísimas chicas, su primer equipo estaba en división de Honor. Al poco llamaron a mis padres para decirles que querían que formase parte del club». Su primera experiencia había tenido éxito y podía formar parte de un equipo de baloncesto por primera vez.

 

Aunque no solo se llevó esa grata recompensa, ya que había una oferta mejor. La Federación Española de Baloncesto estaba formando a su equipo, 12 chicas de todas España, y hablaron con sus padres para ofrecerle una beca de tres años en el que llamarían Siglo XXI y donde Teresa jugaría de ala-pívot. «La oferta era la mejor, principalmente porque estaría viviendo con las chicas del que sería mi equipo y habían hecho mucho hincapié en el tema de los estudios. Nuestra casa sería la residencia Joaquín Blume en Barcelona. En una concentración que organizó la federación en verano en Pamplona, fue donde finalmente todo se decidió y donde mi vida comenzó a cambiar rumbo a una disciplina deportiva que yo siempre he calificado como los mejores años de mi vida», nos comentaba sonriente.

 

Se tenía que marchar de casa con solo 13 años rumbo a Barcelona, lo que hizo que fuera muy duro al tener que dejar todo atrás por el deporte. Era la edad en la que comenzaba el instituto y lo tendría que hacer en una ciudad diferente. «Nunca había estado fuera de casa sin mis padres y hermanos. Todos llorábamos cuando llegó el momento de la partida a Barcelona. Creo que el único que era feliz era mi hermano, porque según decía él podría ver jugar al FC Barcelona (risas)».

Pese a lo duro de cambiarse de ciudad y dejar todo atrás siendo una niña, la formación como deportista era excelente. «Teníamos un régimen deportivo muy estricto. Nos levantábamos a las 6.00 para hacer preparación física, y después marchábamos a clase hasta el mediodía que volvíamos a la Blume para continuar los entrenamientos hasta las 22.00, cenábamos y a estudiar, y así todos los días, excepto fines de semana que teníamos liga.nLa residencia Joaquín Blume tenía todo tipo de instalaciones, pista de atletismo, piscinas, pistas de baloncesto, gimnasio. Lo teníamos todo.», aseguraba con orgullo por lo vivido.

Allí fue bautizada por su entrenadora, Antonia Gimeno, como Terry. Desde entonces toda la gente del deporte la llama así, gente con la que sigue manteniendo el contacto. «Siempre he dicho que Siglo XXI , aunque suponía un gran esfuerzo físico, me hizo crecer como persona, y me dio todo lo bueno que puede tener el deporte, pero sobretodo me hizo conocer gente extraordinaria del deporte, hoy por hoy gran parte mantenemos la amistad y seguimos viéndonos».

 

Las anécdotas las sigue teniendo presentes y las cuentas cargada de ilusión. «Recuerdo que un día tuve una conversación con un compañero que vivía allí también y era jugador de la categoría junior del Barcelona: Ángel Almeida. Le comenté la pasión de mi hermano pequeño Lidio por su club. Al día siguiente me regaló unas zapatillas Adidas nuevas, firmadas por un gran jugador de Baloncesto del Barcelona y un chándal, para que se lo regalase. Entonces mi hermano tenía 10 años, cuando tuve ocasión de dárselo no se lo podía creer. Mi hermano siempre estuvo muy orgulloso de que yo estuviese viviendo lo que estaba viviendo. El poco tiempo que me dejaban ir a casa por unas vacaciones una vez al año, él siempre me recibía con un cartel de ¡¡Bienvenida Teresa!! y junto con mi padre me ayudaba a seguir preparándome físicamente. Se ponía a mi lado a hacer la carrera y las abdominales».

Pero ‘Terry’ seguía creciendo deportivamente y eso no pasaba de manera desapercibida para nadie. Hubo una concentración para formar el equipo de la selección española juvenil y, aparte de las chicas que estaban allí, vinieron otras chicas de otros clubes. Tuvo la suerte de ser seleccionada. «No me lo podía creer, mis sueños y los de mi familia se estaban cumpliendo. El esfuerzo fue enorme. Mi rodilla empezaba a darme problemas, pero entrar en calor me hacía olvidarme de ella. Fue muy emocionante».

Eso le llevó a llevar el nombre de Cuenca y el apellido Jiménez por Europa, jugando el torneo 6 Naciones en Francia y más torneos por el continente.

Y a los tres años, de nuevo cambio de destino, al terminar la beca la fichó el equipo de División de Honor de la Coruña Autopistas Compañía de María, pasando después por el club Inelga de Villargarcía de Arousa y finalizó su trayectoria deportiva jugando en primera B en el Cluny de Santiago.

Durante sus años de deportista, sufrió cuatro operaciones de rodilla que le hicieron un poco más difícil las cosas, pero ninguna le hizo parar con lo que más me gustaba que era disfrutar del baloncesto, «siempre sin olvidarme que el deporte no me daría de comer en un futuro. Acabé mi carrera y comencé a trabajar y poco a poco las obligaciones laborales hicieron que tuviese que dejar de lado el baloncesto».

Actualmente le encanta ir a correr, le hace desconectar del día y le ayuda a mantener su forma física. Juega sus pachangas cuando el poco tiempo libre se lo permite, y disfruta de las amistades que le dio el deporte.

Aunque todo esto lo hace mostrándose orgullosa de la familia que tiene. «Estoy muy agradecida a mi familia por inculcarme siempre el deporte. A mis padres que eligieron lo mejor para mí y sufrieron también mucho de una forma muy directa, a mi tío Luis por ser parte de la historia en mis inicios y a mis hermanos Almudena y Lidio que siempre se han sentido orgullosos de tener una hermana que desde el silencio y la discreción, veían como poquito a poco conseguía sus objetivos. Hoy tengo 45 años y cada vez que miro atrás doy gracias por todo lo vivido. Ha sido todo un privilegio que poca gente puede tener y creo que supe aprovecharlo.Me siento muy identificada en mi hermano, por su forma de ser y ver el deporte, y por supuesto ahora la que se siente orgullosa soy yo de él», terminaba contándonos Teresa.

Una protagonista que lleva el deporte en la sangre, una conquense que con tan solo 13 años puso rumbo fuera de la ciudad para poder formarse a través del baloncesto y la que no olvida sus raíces, viniendo a Cuenca cada vez que puede. Sin duda es una de las mujeres que merecen el reconocimiento del mundo del deporte y que lleva los valores que éste necesita.

Teresa junto a su hermano Lidio Jiménez

Y aunque no lo hemos desgranado antes porque queríamos que la protagonista fuera ella, es hermana de Lidio Jiménez, entrenador del Liberbank Cuenca, lo que demuestra que la familia Jiménez Carrascosa siempre ha tenido en la sangre el ADN del balón, de la humildad y del trabajo.

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C.R. Massó