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Fede Pizarro, en pie pese al dolor: el capitán del REBI Cuenca forzó con un esguince para tumbar a Puente Genil

Fede Pizarro/ Foto de Mario Gómez

El argentino arrastraba un esguince de tobillo tras un mal gesto en un entrenamiento, pero decidió no bajarse de una “final” por la permanencia. En El Sargal, su ejemplo contagió: el REBI Cuenca sacó un triunfo de oro (29-27) ante un rival directo y el capitán firmó cuatro tantos y acciones decisivas.

Cuenca vivió el pasado viernes una de esas noches que se explican tanto por el marcador como por lo que no se ve. Federico “Fede” Pizarro, capitán del REBI Balonmano Cuenca, afrontó el choque ante el Ángel Ximénez Puente Genil con un esguince en el tobillo —una lesión sufrida días antes en un entrenamiento tras pisar mal— y aun así decidió apretar los dientes para ayudar a los suyos en un duelo señalado en rojo en el calendario.

No era un partido cualquiera. El Sargal acogía un enfrentamiento directo en la zona baja, con dos puntos que valían media vida. Y el REBI respondió: victoria por 29-27, además con el premio añadido del golaveraje particular, un detalle que puede pesar cuando la clasificación aprieta.

El tobillo de Fede Pizarro tras el partido

Un tobillo “maltrecho” y el ejemplo del capitán

Desde el club ya se apuntó al estado físico del lateral derecho como símbolo del compromiso del equipo: Pizarro jugó con el tobillo izquierdo tocado, asumiendo galones en los momentos de máxima tensión.

Y lo hizo apareciendo donde más duele: en ataque. El argentino hizo cinco goles en una noche de esfuerzo y oficio, en la que cada posesión se jugó como si fuera la última.

Victoria vital y aire para el REBI

El encuentro se movió en márgenes mínimos, con igualdad al descanso y un tramo final de nervios, contactos y detalles. En ese escenario, la presencia de Pizarro —limitado por las molestias, pero firme en la toma de decisiones— sirvió de referencia para un REBI que supo sufrir y cerrar el partido cuando Puente Genil apretaba.

El resultado deja una lectura clara en clave conquense: dos puntos capitales para seguir peleando la permanencia y una inyección de confianza liderada por quien mejor representa la idea de equipo.

Porque hay noches que no se ganan solo con sistemas. Se ganan con tobillos vendados, con gesto torcido de dolor… y con un capitán que, aun tocado, se negó a perderse la batalla.

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C.R. Massó