La Balona Conquense cerró el telón. No competirá más en lo que queda de liga (todavía con casi toda la segunda vuelta por jugarse en Primera Autonómica) ni saldrá la próxima campaña. Una desaparición para un club joven, de apenas cinco años y medio de vida, que ha aprovechado el tiempo para vivir muchas situaciones. Dos ascensos, otro descenso, la creación de un bloque de jugadores, el nacimiento de una afición, una última oportunidad para despedirse del fútbol de otra manera a ciertos jugadores más veteranos… Se podría hacer un repaso largo y extendido pero todo lleva al mismo punto: la situación en la que se creó el club era una y la actual es distinta.
El conjunto bianconero surgió en un momento de vacío en el fútbol conquense. Allá por 2018, el Conquense jugaría en Segunda B y el San José Obrero lo hacía en Preferente. No había más clubes en la capital y las generaciones que salían de juvenil tenían muy difícil recalar en algún equipo, salvo que buscaran un éxodo (lo cual no resulta fácil tampoco). La Balona Conquense vino a completar ese hueco que, un lustro después, no es tal, puesto que con el Conquense en Tercera, el San José Obrero en Preferente y el Conquense B en Primera Autonómica, la mayoría de futbolistas que salen de la etapa juvenil encuentran acomodo.
Aun así, el propósito del equipo era claro: ayudar a que los jóvenes se desarrollen en el fútbol. Y lo vivido en los dos últimos años en el seno del equipo ha sido distinto, con los veteranos tirando de un carro en el que no terminaban de subirse algunos futbolistas para los que supuestamente iba dirigido este club. Esto se traduce en que raro era el entrenamiento con más de diez futbolistas -con todo lo que ello conlleva de desgaste mental y a la hora de competir- y que en este último curso se ha visto recrudecido con la dificultad incluso para formar una convocatoria.
«El club ya tuvo dudas de seguir o no esta campaña», señalaba el ideólogo de la Balona Conquense, Fabián Gómez, a este medio. Y puede que por eso, por saber que el club había derivado en un rumbo que no es el que quería, tuviera asumido este triste final. «El único responsable soy yo, hay que asumirlo», cargaba Fabián sobre sus espaldas la decisión de retirar el equipo, argumentando que «la situación era insostenible». Y es que para él, más allá de marchar colistas en la competición, lo peor no era perder si no cómo se perdía. «Veía un sufrir generalizado, que la gente lo pasaba mal, así que no veía necesidad ninguna de seguir», relataba. Por motivos personales, Fabián Gómez ha ido rebajando su involucración en el club y eso cree que ha pasado factura. «No he podido estar tanto y ese ha sido el fallo», repetía el presidente de la Balona Conquense.
La decisión de retirar el equipo no la toma en caliente y sí la venía meditando desde tiempo atrás, si bien a la plantilla se le comunicó este pasado lunes. Lejos de problemas económicos -Fabián arguye que el club está al corriente de pagos con todos-, sí que barajó las posibles sanciones que podían caer y cómo quedaría el tema de las ayudas institucionales, lo cual asegura que estaría todo subsanado.
Puede que ahora resulte raro valorar la trayectoria de un club desaparecido, pero en su haber quedarán muchos recuerdos. Esas segundas oportunidades a futbolistas ya retirados y que han podido despedirse en el campo con otras sensaciones, esos ascensos sustentados por la fuerza de un bloque, esa afición que crecía partido tras partido y año tras año… «Estoy orgulloso de todos los que nos han ayudado», finalizaba Fabián Gómez, con un poso de nostalgia al recordar la ayuda desinteresada que ha recibido de los suyos.


































































