La UB Conquense ha certificado este domingo su clasificación para el ‘play-off’ de ascenso a Primera RFEF, culminando así una temporada que ya forma parte de las más memorables en la historia reciente del club. Un logro que, más allá de lo deportivo, adquiere una dimensión especial al recordar el delicado punto de partida hace apenas un año.
Al término de la pasada campaña, el conjunto blanquinegro logró salvar la categoría en Segunda RFEF, pero la continuidad del proyecto quedó seriamente comprometida. La salida masiva de jugadores, muchos de ellos alegando retrasos en los pagos, evidenció una crisis económica que hacía temer lo peor. De hecho, llegó a plantearse seriamente la posibilidad de no competir en Segunda RFEF y dar un paso atrás hacia Tercera RFEF, un escenario que habría supuesto un duro golpe en el 80 aniversario del club.
Sin embargo, el rumbo cambió de manera radical con la llegada desde Madrid de Íñigo Asensio y Luis Alonso. Ambos impulsaron un ambicioso proyecto deportivo y social que devolvió la estabilidad y, sobre todo, la ilusión a la afición conquense.
Asensio, con una marcada visión empresarial, ha apostado por modernizar el club en todos los niveles, desde la mejora de las infraestructuras —con la mirada puesta en transformar Estadio La Fuensanta en un recinto más moderno— hasta el fortalecimiento del tejido social que rodea a la entidad. Su discurso, respaldado por hechos, ha sido clave para reconstruir la confianza.
Por su parte, Alonso, con un perfil más discreto pero igualmente determinante, ha aportado experiencia y contactos de alto nivel en el mundo del fútbol. Su influencia ha acercado al club a figuras destacadas como el artista Blessd o el exfutbolista Antonio Valencia, además de poder tener contactos con equipos como la Juventus para cesiones como las de Crapisto.
En lo deportivo, el camino tampoco ha sido sencillo. La dirección tomó decisiones de peso desde el inicio, como el relevo en el banquillo en la segunda jornada, con el regreso de Rober Gutiérrez, y una profunda reestructuración de la plantilla durante el mercado invernal. Movimientos que terminaron por consolidar un equipo competitivo y ambicioso.
El resultado es un Conquense que no solo ha alcanzado el primer objetivo —asegurar su presencia en el ‘play-off’—, sino que lo ha hecho devolviendo la esperanza a una afición que hace un año miraba el futuro con incertidumbre.
A partir de ahora, el ascenso sería la guinda a una temporada ya histórica. Porque si algo ha demostrado la Balompédica es que, en el fútbol, los contextos pueden cambiar en cuestión de meses. Y que, a veces, los proyectos que nacen en la adversidad son los que terminan marcando época.


































































