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Un rugbier conquense en el exilio: la proyección de Luis Blanquer

Luis Blanquer anota un ensayo. Foto cedida por el jugador.

Son numerosos los casos en multitud de disciplinas en las que deportistas conquenses cuando asoman a la mayoría de dad se ven obligados a bien dejar de lado su pasión por el deporte o continuar la misma lejos de la provincia. En una práctica como el rugby, que lucha a día de hoy por seguir creciendo en Cuenca, quizás este paso sea todo un «salto de fe», y si no, que se lo digan a Luis Blanquer.

Este joven conquense, campeón de España sub-18 con la Comunidad Valenciana, «emigró» al levante para seguir desarrollando su pasión pese a dar sus primeros pasos -y pases- con «la ovalada» con el Club Rugby A Palos: «Lo recuerdo como el sitio donde empecé a jugar, donde aprendí y para mi fue bastante duro tener que irme a Valencia y justo cuando estaba allí, comenzó el auge del equipo», declara.

Un «exilio» que no ha sido en vano. Desde las categorías inferiores, Blanquer fue creciendo como jugador en el Rugby Club Valencia, llegando a ser convocado por la selección regional valenciana y alzándose como campeón nacional, además de hacer un tercer puesto en el año posterior. Además, hay que añadir su participación en el equipo universitario de la Universidad de Valencia, con la que ha conseguido clasificarse para el campeonato de España.

Cerrada su etapa juvenil, este conquense de 20 años, 1,80 metros de altura y casi 100 kilos juega de talonador en el filial del histórico conjunto en 1ª Territorial Valenciana, aunque ya ha llegado a debutar con el primer equipo en División de Honor B, segunda categoría del rugby de nuestro país: «Fue en una eliminatoria ante el Rugby Sitges, en el primer partido no me dio tiempo a intervenir mucho en el juego, pero en el siguiente tuve oportunidad de lanzar una «touch» un y disfrutar más. La verdad es que se nota mucho el cambio de categoría, sobre todo en la velocidad del juego y el contacto físico, tener 18 años y jugar contra jugadores que llevan una década jugando a ese nivel y pesan mucho más que tú es todo un ejercicio de valentía».

JUGADOR AMATEUR, DEDICACIÓN DE ÉLITE

Pero detrás de esa proyección envidiable con el oval, el día a día de esta promesa conquense es comparable al esfuerzo de empujar en una melé. A su labor en el rugby se une su formación universitaria como fisioterapia y pequeños trabajos ‘extra’ para poder asumir el coste de vida lejos de casa: «Es un ejercicio de constancia, intento ir al gimnasio dos o tres veces en semana para seguir fortaleciéndome para el rugby, luego entreno unas tres veces en semana con el club en un entrenamiento conjunto de primer equipo y filial, donde también tenemos test físicos para evaluarnos y llevar un seguimiento de los jugadores; y fuera de esto estudio y trabajo algún fin de semana como camarero. Al final es poder organizarte para llevar todo para delante y disfrutar», admite Blanquer que también agradece contar con una ayuda de la comunidad como deportista de élite tras sus resultados en los pasados campeonatos nacionales con la selección FRCV. «Vivir exclusivamente del rugby es un privilegio que ojalá pueda alcanzar. En España, el rugby está en pleno auge, pero sigue sin ser suficiente al 100% en categorías como División de Honor B o las primeras categorías regionales donde hay pocos jugadores que cobren por ello».

UN FUTURO QUE ILUSIONA

A pesar del difícil panorama, Blanquer, al igual que muchos jóvenes jugadores, están a la espera de que ese auge nacional del deporte de la pelota oval siga consolidándose con iniciativas como la División de Honor sub-23: una competición de nivel nacional que favorezca una mejor adaptación de los jugadores que dan el salto juvenil a la categoría senior. Luis explica que su club está oteando la posibilidad de entrar a esta competición de reciente creación: «Estamos muy ilusionados porque prácticamente el equipo filial somos chicos de menos de 23 o 25 años, podríamos competir contra jugadores de similar edad, pues al final somos capaces de plantar cara a los equipos senior, pero hay se nota la diferencia en peso y en experiencia».

Habrá que esperar. Mientras tanto este conquense que ha podido disfrutar de la alegría de ensayar en una ocasión en la presente temporada, ya que como él reconoce «no es muy habitual ver ensayar a un talonador», sigue «empujando» con todas las fuerzas para hacerse hueco en el rugby, al tiempo que desea que en su Cuenca natal vuelva a despertar ese sentimiento que aplacó con dureza la llegada de la pandemia: «Tengo mucho contacto con Guille (antiguo capitán del A Palos y que ahora compite en el Rugby Albacete), porque me enseñó mucho en lo deportivo y en lo personal y también veo como las «jabatas» siguen compitiendo junto a otras chicas de Albacete. Esperamos que puedan recuperarse, sé que hacen muy buen trabajo a través de las escuelas y me alegraría mucho escuchar de nuevo el nombre de Cuenca en el panorama».

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