El piloto conquense Adrián Peñarrubia volvió a competir en rally raid cinco años después y lo hizo en una de las citas más exigentes del calendario, la Baja TT Dehesa Extremadura, prueba puntuable para el Campeonato del Mundo de Bajas, el Campeonato de Europa de Bajas y el Campeonato de España de Rally Raid.
El deportista de Villalpardo, que en los últimos años ha centrado buena parte de su actividad competitiva en el enduro, afrontaba este regreso con la dificultad añadida de volver a leer un roadbook tras un largo periodo alejado de esta disciplina. Aun así, su actuación dejó sensaciones muy positivas y confirmó que su ritmo de carrera y su estado físico están a un nivel superior incluso al que él mismo esperaba.
La prueba constaba de una prólogo el viernes y dos especiales el sábado, SS1 por la mañana y SS2 por la tarde, con un total de 741 kilómetros acumulados sumando los tramos cronometrados y los enlaces entre especiales. El viernes, Peñarrubia disputó la prólogo con una Sherco 450 cedida por Ottomoción, una moto que no había podido probar antes y que le obligó a extremar la precaución al no conocer sus límites de frenada ni su comportamiento en el paso por curva.
Pese a ello, el conquense logró situarse en el puesto 25º de los 82 pilotos inscritos, posición desde la que tomó la salida en la jornada grande del sábado. La carrera arrancó muy temprano, con salida desde el parque cerrado a las 6:48 horas y un primer enlace de 44 kilómetros antes del inicio de la especial. Desde ese momento, el reto se convirtió en una auténtica prueba de resistencia física, técnica y mental. Peñarrubia tuvo que adaptarse de nuevo a la navegación después de cinco años sin leer un roadbook y, además, hacerlo con un sistema electrónico que nunca había utilizado. A esta dificultad se sumó el polvo en suspensión, la escasa visibilidad y la necesidad de adelantar a numerosos pilotos tras salir desde la 25ª posición.
A pesar de todos esos condicionantes, el piloto de Villalpardo llegó a rodar 6º de la general durante los primeros 225 kilómetros de especial, un registro de enorme valor teniendo en cuenta el nivel internacional de la prueba. Sin embargo, un error de navegación le hizo tomar un camino equivocado y retroceder varios kilómetros en el recorrido, perdiendo entre 10 y 15 minutos. Ese fallo le hizo caer hasta la 25ª posición, aunque consiguió recuperar terreno hasta terminar la especial en el 19º puesto.
La asistencia también fue una carrera dentro de la carrera. En apenas 30 minutos, el equipo tuvo que cambiar los rodamientos de la rueda trasera tras detectar holgura y reapretar todos los radios de la llanta bajo una temperatura de 43 grados en el parque de trabajo. Todo ello sin poder sustituir el neumático por la nueva normativa, al estar marcado para la competición.

SEGUNDA ESPECIAL
Tras reponer fuerzas con algo de arroz, cargar el Camelback con sales minerales para combatir la deshidratación y revisar la moto, Peñarrubia salió a afrontar la SS2. En esa segunda especial, ya más familiarizado con la navegación y con la moto, pudo aumentar el ritmo de carrera y volver a escalar posiciones.
La etapa, no obstante, volvió a presentar complicaciones. Durante unos 30 kilómetros, el conquense se vio condicionado por otro piloto que no cedió el paso pese a los avisos del sistema Stella. La nube de polvo hacía muy arriesgado acercarse demasiado y, cuando encontró la oportunidad de adelantar, perdió tracción en el tren delantero y sufrió una caída, arrastrando varios metros por el suelo.
Lejos de venirse abajo, Peñarrubia se levantó, volvió a alcanzar al mismo piloto en apenas tres kilómetros y, esta vez sí, pudo completar el adelantamiento. A partir de ahí recuperó ritmo y llegó a colocarse 13º de la general a mitad de etapa, antes de que la organización decidiera suspender la segunda mitad por el calor extremo, la baja visibilidad y la falta de horas diurnas para que todos los pilotos pudieran finalizar con seguridad.
El conquense llegó al parque cerrado alrededor de las 21:00 horas, después de acumular cerca de 14 horas de carrera en una jornada de máxima exigencia. Un regreso duro, pero también muy revelador para un piloto que volvió a medirse al rally raid en un escenario mundialista y que terminó con la sensación de haber abierto una nueva puerta competitiva.
Peñarrubia reconoció que regresa «muy satisfecho» por haber comprobado que, con algo más de entrenamiento específico en navegación, su ritmo de carrera y su físico pueden permitirle plantearse objetivos mucho más ambiciosos.


































































