El tenista conquense Mario Viana prosigue su andadura deportiva en Estados Unidos, después de lograr con gran esfuerzo una beca en la Universidad de Virginia, donde continuará su formación académica y deportiva durante este curso 25/26.
Un logro que llega gracias a sus excelentes resultados académicos y a la gestión de su agencia Global College, que le permitió captar la atención de varias universidades norteamericanas. Finalmente, la insistencia del entrenador del UVA Wise Men’s Tennis fue clave para que Viana se decantara por este destino, donde, además de seguir entrenándose como deportista de alto nivel, estudiará Matemáticas.
Al margen de su labor académica está su faceta deportiva. Y se puede decir que ha caído en pie en territorio americano, porque el joven tenista conquense ha debutado con victorias en sus encuentros del pasado fin de semana -tanto en individual como en dobles-. Un logro que cobra mayor envergadura si tenemos en cuenta que es todo un debutante en un entramado deportivo universitario con tanto arraigo como el americano.
Es tal su buen hacer que Mario Viana podría ser nominado como mejor jugador del mes en la conferencia Atlántica Sur.

Los inicios y la importancia de los suyos
Desde niño, Mario ya apuntaba maneras. Su andadura en el mundo del tenis comenzó cuando apenas tenía tres años, junto a su padre y su hermano. Por aquel entonces, el pequeño de los Viana era “muy despierto y espabilado”, como recuerda su padre, Raúl —reconocido maratoniano—, quien se encargaba de lanzarles cestos de pelotas de tenis para que fueran soltándose con la raqueta.
Su hermano, tres años mayor y también llamado Raúl, ha tenido un gran peso en su carrera deportiva. Desde pequeños han compartido innumerables peloteos y, ahora que ejerce como monitor de tenis, aprovecha para ayudar a su hermano menor siempre que puede. “Cuando éramos pequeños nos picábamos mucho jugando a los puntos. Ahora, cuando viene a verme, aprovecha para corregirme en algunos aspectos que necesito, pero siempre hemos tenido muy buena relación”, confiesa Viana.
A partir de ahí, su pasión por el tenis no hizo más que crecer y, visto su nivel de implicación, la familia decidió apuntarlo al Club de Tenis de Alcázar de San Juan, a 55 kilómetros de su pueblo natal. Allí estuvo dos años y posteriormente pasó otros tres en el club de Villacañas (Toledo), también a una distancia similar. Este esfuerzo lo realizaba cuatro días por semana, lo que le obligaba a compaginar como podía los entrenamientos con los estudios. “Él estudiaba cuando regresábamos en el coche o por la noche, y siempre ha sacado muy buenas notas”, relata su padre, orgulloso.
Los buenos resultados en competiciones locales y provinciales y sus ganas de progresar le llevaron a tomar una decisión que cambió su vida: mudarse a Madrid. “En Villamayor de Santiago solo hay educación hasta la ESO y, en bachillerato, la gran mayoría de alumnos se van a Horcajo de Santiago. Pero él no quería ir”, explica Raúl. “Entonces hablé con la Federación de Tenis de Madrid. En ese momento ya tenía un buen ránking y le hicieron una prueba de admisión, que aprobó”.
Le fue tan bien que se coló en el top 5 del ránking de Madrid de jugadores nacidos en 2007. Todo esto no habría sido posible sin el apoyo de su madrina, Ana, pieza clave en su desarrollo personal y deportivo, que confirma lo importante que siempre han sido los suyos en su trayectoria.
































































