¡Basta ya!
Lo podría poner en mayúsculas, en más ocasiones o con improperios, pero el mensaje seguiría siendo el mismo. Ya vale de soportar violencia semana tras semana en el mundo del deporte y, en particular, en los campos de fútbol. La pasada agresión de un futbolista del Ciudad Encantada al colegiado -que acabó con el trencilla en el hospital- en un encuentro ante el Motilla es inadmisible, más si tenemos en cuenta que hablamos de edades juveniles. Repito, un juvenil agredió de manera cobarde, injustificable y reiterada a un árbitro en un partido donde iban ganando 5-1. Se mire como se mire es tremendo.
El Ciudad Encantada ha actuado rápido y ha echado de inmediato al jugador. Desde luego, el daño ya está hecho, pero al menos la reacción ha sido rápida, porque energúmenos así no tienen cabida ni en el fútbol ni en la sociedad. Porque esta es la lacra que asolan estos tiempos: la violencia, sea física o verbal.
Quien suscribe estas palabras ha sido jugador, segundo entrenador y, actualmente, periodista. Son muchos los campos de fútbol los que he visitado, los partidos que he cubierto y los incidentes que he visto. Sigo pensando el porqué hay semejante impunidad en los encuentros de fútbol -en otros deportes es sustancialmente más pequeño el porcentaje de insultos en sus gradas- para atreverse desde las gradas a insultar a jugadores rivales -a veces, incluso propios-, a colegiados, a mentar a madres… A veces, los niveles de testosterona suben en exceso y de insultos se pasan a agresiones…
Algunos creerán que eso es un espectáculo, que eso viene con la entrada. Pero si voy al Auditorio de Cuenca no veo a personas que insulten, menosprecien o incluso agredan a los artistas si no les gusta el acto. Tampoco veo esas circunstancias en, por poner un ejemplo, Estival Cuenca. Ni siquiera en eventos del Festival de Otoño, por mencionar solo algunas actividades llevadas a cabo en Cuenca. ¿Por qué sí en los campos de fútbol?
Hace relativamente poco, el derbi conquense entre Quintanar del Rey y Conquense -partido de ida, no confundir con el disputado este mismo domingo- tuvo un episodio lamentable que acabó copando contenido a nivel nacional. Entonces escribía lo siguiente:
«¿Se imaginan ir por la calle y que alguien de repente empiece a insultarle, a tratar de menoscabar su honor, a difamar sobre usted? Es probable que ese episodio acabara en denuncia. Y todavía más probable que la denuncia recogiera que esa persona que vertiera dichos insultos estuviera cometiendo un delito de injurias -según recoge el artículo 208 del Código Penal, comete delito de injurias quien mediante acciones o expresiones lesiona la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación-.
Un delito que, en caso de considerarse probado y acabar en sentencia, hablamos de una de pena de multa de 3 a 7 meses -de 6 a 14 meses si los hechos se cometen con publicidad, es decir, reproducidos en medios de comunicación, redes sociales, foros, etcétera-. Poca broma. ¿Qué diferencia hay de proferir insultos en un campo de fútbol? Se lo digo, la impunidad de quien los lanza desde las gradas. Pero esa impunidad se debe cortar de raíz.»
Pues retomo aquella conversación, esta vez para hablar de lo que supone una agresión física con intención de concienciar un poco y, quizá, el siguiente desalmado se lo piense. Porque si vas por la calle y alguien, de repente y sin motivo aparente, te suelta dos puñetazos, tres patadas y te deja inconsciente, constituye un delito de lesiones, con penas que pueden variar dependiendo de las consecuencias. Por ejemplo, en caso de que tan solo requiera una primera asistencia facultativa, este delito supone una pena de multa de uno a tres meses, pero ojo, que dependiendo de si el colegiado necesita algún tipo de tratamiento (prescripción de medicamentos para varios días, uso de una férula, intervención quirúrgica, puntos de sutura…) este delito se convierte en un delito leve de lesiones y el código penal recoge, en su artículo 147.2 CP, una pena prevista de prisión de tres meses a tres años o multa de seis a doce meses.
El deporte en general y el fútbol en particular es precioso. Lo que lo vuelve feo es todo lo demás. Hagamos todos lo posible por sacar esos aspectos extradeportivos de los campos, señalemos a los culpables y les hagamos sentir que la violencia es reprobable en un campo de fútbol, en la calle y en la sociedad. Por una sociedad mejor, la violencia debe erradicarse en todas sus formas.

































































