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Alberto Rubio, sin frenos ante la diabetes

Alberto Rubio en el Campeonato de España Carretera Máster celebrado en Alcalá Real en 2023

Pese a ser una condición crónica que puede dificultar la vida diaria, practicar deporte con diabetes es más que posible. Este trastorno de la glucosa en sangre guarda una estrecha relación con el ejercicio físico, tal y como lo confirman numerosos especialistas. Y es que, aunque a priori pueda parecer un impedimento, son muchos —más de los que parece— los deportistas que logran alcanzar un alto rendimiento mientras manejan la enfermedad. Uno de ellos es Alberto Rubio (1984, Alberca de Záncara), ciclista diagnosticado con diabetes tipo 1, quien lleva más de 20 años compitiendo al máximo nivel y destacando en pruebas por etapas de MTB a nivel nacional y, por ejemplo, en el Mundial de Contrarreloj en Aalborg (Dinamarca). Para él, esta enfermedad es “como un compañero de equipo del que debes estar pendiente, pero que no puede frenarte”, porque en su cabeza siempre resonó la frase: “nada me va a impedir conseguir mis objetivos”.

Una nueva realidad

Alberto recibió la noticia de que era diabético a los 18 años. En ese momento, estudiaba el grado de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CAFyD) en Valencia y jugaba como portero en su equipo de fútbol. Siempre había sido una persona deportista y de complexión fuerte, pero con el tiempo empezó a perder peso de manera casi inexplicable. Al principio, lo atribuyó al estrés de los estudios o a la práctica de ejercicio. En cambio, al ver que la situación se agravaba, acabó consultándolo con su médico.

Tras realizarle una prueba de azúcar y comprobar que su nivel de glucosa era demasiado alto, la doctora le comunicó tanto a él como a su madre el diagnóstico: era diabético “En el momento que me lo dijo, me hundí por completo. En aquella época no había redes ni tanta información, y no tenía referencias de lo que era realmente la enfermedad, por lo que me asusté”, explica Rubio. “Mi madre intentó ayudarme y buscó alguna asociación para ver si podía orientarme, ya que yo no paraba de llorar en casa. Además, los médicos eran bastante pesimistas y me decían que la vida que llevaba hasta ese momento ya no la podría seguir llevando. Pero realmente fue todo exagerado”.

«Alberto, tú no vas a vivir con diabetes. La diabetes va a vivir contigo».

No fue un proceso de asimilación sencillo. Esa “noticia traumática” hizo que no quisiera compartirla con su círculo de amigos cercanos hasta pasadas unas semanas, pero poco a poco “fui normalizándolo”. Fue entonces cuando, en una consulta con su primera endocrina, Gloria Cervelló, la especialista le dijo algo que quedó grabado en su memoria para siempre: “Alberto, tú no vas a vivir con diabetes. La diabetes va a vivir contigo”. Desde que recibió ese consejo, su perspectiva de la enfermedad cambió por completo, hasta tal punto que hoy en día es la frase que le repite a las personas que pasan por lo mismo.

“Al final, no se trata de cambiar tu vida por la diabetes, sino de adaptarla a tu ritmo. Tienes que conocer la enfermedad hasta que termines sabiendo más de cómo te afecta a ti que los propios médicos. Vives con ella, la experimentas cada día, y poco a poco aprendes a cómo gestionarla. Muchas veces la cosa está en anticiparte a cómo vas a encontrarte y en saber qué te beneficia”, explica el ciclista.

Además de afectar al rendimiento físico, ya que en caso de no llevar un buen control te puede provocar hipoglucemias (niveles bajos de glucosa) o hiperglucemias (niveles elevados de glucosa), esta condición también afecta en el estado anímico, llegando a generar cansancio o ansiedad. “Siempre utilizo el mismo símil: vivir con esta enfermedad es como llevar un globo en la mano. No es difícil de mantener, puedes caminar con él, pero tienes que estar pendiente”, afirma Alberto, a lo que añade. “Además, esta no sigue unas reglas fijas como las matemáticas. Si estás estresado o nervioso por la competición, el cortisol dispara el azúcar en sangre debido a la tensión. Aunque, con un buen seguimiento, puedes llevar tu vida normal”

Alberto Rubio con sus herramientas para controlar el nivel de la glucosa

La bici: su gran aliada

A partir de entonces, no se lo pensó más. Aunque ya había montado en bicicleta cuando era niño, retomó esta actividad de manera regular a los 21 años gracias a la influencia de su padre y su tío. Junto a varios amigos, fundaron la Peña Ciclista Contraviento como una forma de ocio. Sin embargo, con el paso del tiempo y tras competir con varios equipos como 3hcycles o BH Team, crearon el Contraviento Team, conjunto con el que Alberto compite, y donde también se encuentra su hermano. “Entendí que el deporte es el mejor amigo de la diabetes. Es el aliado que te permite regularte y llevar una vida sana”, expresa Rubio.

Las primeras carreras y competiciones supusieron un desafío enorme, especialmente por la dificultad de controlar todos los aspectos relacionados con la enfermedad. Antes, cuando no existían sensores ni aplicaciones avanzadas como las actuales, era imposible conocer el nivel de azúcar en todo momento. “A veces, me pinchaba la insulina sin saber si la tendencia era alta o baja, así que alguna vez metí la pata”, admite. Incluso en plena carrera, la falta de dispositivos modernos lo obligaba a recurrir a algunas soluciones improvisadas. “Como no podía dejar de pedalear al ir en grupo, pedía ayuda a algún compañero para pincharme y medirme la glucosa”, relata con sinceridad.

Por suerte, con el paso del tiempo, los avances tecnológicos han permitido un control mucho más preciso y sencillo del nivel de la glucosa. Durante el verano pasado, su endocrina actual, Dulce María Calderón, le implantó una bomba de insulina, un dispositivo que suministra esta hormona de manera continua y precisa, imitando el funcionamiento natural del páncreas. “La gente piensa que tengo el bolsillo de Doraemon. Entre el móvil, el sensor, la bomba de insulina, los suplementos… tengo que llevar una ‘maleta de diabetes’, además de las que llevo cuando compito”, comenta Alberto con humor.

En el aspecto alimenticio, la diabetes influye en la recuperación y preparación como ciclista. Llevar un buen control de la dieta y entender cómo afecta al rendimiento se convierte en una de las claves esenciales para una buena gestión. “Por mucho que me apetezcan ciertas cosas antes o después de competir, debo saber qué me favorece y qué no. A diferencia de un ciclista sin diabetes, que puede tomarse un batido de proteínas al llegar de una carrera porque sabe que le ayuda, yo debo medir mi azúcar y ver lo que realmente necesito”, aclara con firmeza.

La superación como forma de vida

A pesar de que en la gran mayoría de ocasiones todo ha salido bien, no siempre ha sido un camino de rosas. Ya sea por exigirse demasiado o intentar superar ciertos límites, Alberto ha vivido episodios en los que la diabetes hizo que la competición fuera un desafío aún mayor. Pero él nunca se rindió.

En su primera participación en la Quebrantahuesos, una de las pruebas cicloturistas más exigentes de Europa que se celebra cada año en los Pirineos, entre España y Francia, la enfermedad y las malas condiciones climatológicas le hicieron pasar uno de sus peores momentos sobre la bicicleta. “Yo tenía 25 o 26 años, estaba en buena forma y para mí era un reto enorme terminar la prueba y hacerlo bien. En medio de la carrera empecé a encontrarme muy mal y perdí al grupo de amigos con el que había ido, así que decidí pararme a medirme el azúcar. Tenía 36 mg/dl, un nivel peligrosamente bajo. Pero con las ganas que tenía de superar el reto, decidí tomar dos geles energéticos y e intentar seguir”, revela el conquense.

La situación se complicó por la intensa lluvia y el frío, que, al detenerse durante este tiempo para recuperarse, lo llevaron a un estado extremo. “Empecé a entrar en hipotermia mientras esperaba a encontrarme mejor, por lo que opté por dirigirme al avituallamiento como mejor pude”, relata.

La siguiente imagen que recuerda es despertarse medio inconsciente en una ambulancia, al mismo tiempo que le colocaban una manta térmica para recuperar el calor corporal. Las bajas temperaturas habían hecho que su cuerpo consumiera mucho más azúcar de lo normal. Pero su determinación no se detuvo ahí.

Entre la inconsciencia del momento y las ganas de superarse, decidió seguir adelante. “Desde la ambulancia llamé a mi padre para contarle lo ocurrido, ya que él se había desplazado con nosotros. Cuando vino a recogerme, le pedí que me diera ropa seca porque yo quería acabar la carrera, fuese como fuese. Quería demostrarme que la diabetes no iba a ser la que me frenara, y lo conseguí. Crucé la línea de meta y luego llamé a mi mujer, Vanesa, mientras lloraba como una magdalena. Había roto una barrera brutal. Lo había conseguido”, recuerda emocionado.

Alberto junto a su padre su tío y su hermano

Los logros y la importancia de los suyos

Por suerte, y gracias al buen control de su diabetes, Rubio también ha disfrutado de numerosas y valiosas experiencias. Dos de las más destacadas fueron durante la temporada pasada en el Mundial de Contrarreloj de Aalborg (Dinamarca) y la Wineland en Valencia, y lo mejor de todo es que las vivió “con gente importante para mí”.

En la primera, Alberto logró terminar como el mejor español de su categoría (Máster 40) y en la 17ª posición del mundo, en una competición de gran prestigio en la que participaron ciclistas de renombre que han competido al más alto nivel. “Fue una experiencia increíble. A pesar de que tuve que asumir la mayoría de los gastos, ya que no recibí apoyo económico por parte de la Federación Española, algo que sí ocurría con otros competidores de otros países, lo disfruté muchísimo”, comenta Alberto. “Cuando conseguí clasificarme para este campeonato en Coímbra (Portugal), quedando en segundo lugar, mi mujer y yo decidimos irnos todos juntos a Aalborg, para aprovechar y hacer turismo, ya que a ella le encanta. Planifiqué todo y nos fuimos ‘de excursión’ con mis padres. Por suerte, todo salió bien y el resultado fue incluso mejor de lo esperado, por lo que estoy muy orgulloso”.

La segunda gran experiencia de la temporada fue en la Wineland, una prueba de Montain Bike donde compitió junto a su amigo y compañero Nacho Caniego. Ambos participaron en la modalidad por parejas -algo que Alberto ya había hecho junto a su hermano anteriormente-, y lo que inicialmente iba a ser una forma de “extender un poco más la temporada”, terminó con un gran segundo puesto. “Nacho y yo somos muy amigos. De hecho, mi mujer siempre bromea diciendo: ‘Ya te vas con la amante’”, revela entre risas Alberto. “La prueba no empezó mal, pero entre los calambres y que nos perdimos en el recorrido, acabamos el primer día de competición en la cuarta posición. En el último decidimos ir a por todas y conseguimos remontar hasta acabar segundos. Terminamos muy contentos, cerrando la temporada con un buen sabor de boca”.

Alberto y Nacho Caniego cruzando la línea de meta en la carrera Colina Triste

“Con diabetes también se puede”

Hoy en día, Alberto solo mira hacia adelante, con la misma ambición y determinación de siempre. Además de seguir practicando ciclismo de forma regular, es profesor de educación secundaria y también imparte clases en grados medio y superior relacionados con el entrenamiento físico. A ello se suma su trabajo como preparador físico y técnico de varios ciclistas, incluido Nacho Caniego y varias personas con diabetes a las que asesora, por lo que, como él mismo dice, “mi día a día gira en torno a la bicicleta”. Una pasión que sigue viva y que le ha permitido lograr “cosas que nunca imaginé”, ya que para él “todo fue una sucesión de momentos”.

En cuanto a la competición, Alberto admite que con el tiempo irá reduciendo su participación. “Seleccionaré las competiciones en las que quiero participar. Ahora, por ejemplo, me adentraré más en la modalidad del Gravel, ya que eso también me permite asesorar a los ciclistas que quieran iniciarse en ella en el futuro. Además, quiero participar en el Campeonato de España de Ciclismo en Carretera Contrarreloj, pero poco a poco”. Y es que, al mismo tiempo, tiene claro que también desea disfrutar de la vida, de sus amigos, su familia y sus dos hijas, que “son realmente el motor de mi vida”.

Para seguir alcanzando todas esas metas, continuará pedaleando junto a la diabetes, una condición que no le impide llevar una vida normal gracias al buen control que lleva. Por eso, si tuviera que dar un consejo a aquellos que se sienten tentados a rendirse a la hora de practicar deporte o cumplir sus objetivos, es “que no se rindan, que luchen y consigan lo que se propongan, y que no dejen que esta enfermedad les frene”, porque, pese a todo, “con diabetes, también se puede”.

Alberto junto a su familia el motor de su vida

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Quico Álvarez